La industria tecnológica se enfrenta a su particular «momento tabacalera». En un juicio sin precedentes en Los Ángeles, Mark Lanier, abogado de la acusación, ha denunciado que gigantes como Meta y YouTube no solo crearon plataformas de entretenimiento, sino auténticas «máquinas de adicción» diseñadas deliberadamente para enganchar el cerebro de los niños. El caso de «Kaley G.M.», una joven que sufrió graves problemas psicológicos tras años de uso intensivo, es la punta de lanza de miles de demandas que esperan turno para sentar en el banquillo a los dueños de los algoritmos.
El ABC de la adicción infantil en Silicon Valley
Durante los argumentos de apertura, la acusación utilizó bloques de construcción infantiles para ilustrar un concepto demoledor: «A de Adicción, B de Cerebros (Brains) y C de Niños». Lanier sostiene que el diseño de las plataformas buscaba el enganche mediante técnicas de ingeniería psicológica que los menores no pueden combatir. Correos internos de Mark Zuckerberg, mostrados ante el jurado, revelan una obsesión por aumentar el tiempo de permanencia en un 12%, priorizando los objetivos de negocio sobre el bienestar de los usuarios más vulnerables.
La tesis del demandante apunta a que YouTube y Meta conocían los peligros y, lejos de mitigarlos, perfeccionaron sus herramientas para maximizar beneficios. Resulta revelador que el uso de algoritmos de scroll infinito sea señalado como una trampa diseñada para anular la voluntad de los jóvenes. Según la acusación, estas empresas buscaron convertirse en una «niñera digital» para padres ocupados, ocultando que el precio a pagar era la salud mental de una generación entera que ahora lucha contra la ansiedad y la depresión.
La defensa de Meta: el drama familiar como escudo
La estrategia de Meta para defenderse de estas graves acusaciones ha sido tan directa como controvertida. Su abogado, Paul Schmidt, ha desviado el foco de Instagram hacia la vida privada de Kaley, argumentando que sus problemas derivan de un entorno hostil marcado por el abuso verbal y el descuido parental. Para la defensa, no es la red social la que genera el trauma, sino una historia clínica que se remonta a cuando la demandante tenía apenas tres años.
Esta línea de defensa busca convencer al jurado de que las redes sociales son solo un espejo de problemas preexistentes. Schmidt presentó citas duras sobre la convivencia de la joven, intentando demostrar que el factor sustancial del daño psicológico reside en el hogar y no en las notificaciones del móvil. Es una batalla narrativa donde se decide si la tecnología es la causa del incendio o simplemente el combustible que ayuda a propagar un fuego que ya estaba encendido en la vida de los adolescentes.
La rebelión de los fiscales y las medidas extremas
Mientras el juicio en Los Ángeles sigue su curso, la presión política ha alcanzado un punto de ebullición con la intervención de 29 fiscales generales de Estados Unidos. Estos representantes públicos exigen que un juez federal obligue a Meta a eliminar todas las cuentas de menores de 13 años y a borrar los datos recopilados ilícitamente. La petición no se queda ahí; también solicitan la desactivación total de funciones como la reproducción automática y los filtros de belleza que distorsionan la percepción personal.
Esta coalición de fiscales considera que las recientes actualizaciones de «cuentas para adolescentes» de Instagram son meros parches de relaciones públicas. La realidad es que el control de tiempo de uso nocturno es una de las demandas más repetidas, buscando prohibir el acceso a las redes durante las horas de sueño y el horario escolar. Si el tribunal accede a estas peticiones, estaríamos ante la mayor reestructuración forzosa de una empresa tecnológica en la historia moderna por motivos de salud pública.
El desfile de los «padres de la criatura» ante el juez
Las próximas semanas prometen ser un terremoto informativo con el testimonio esperado de los máximos responsables del sector. Veremos a Mark Zuckerberg, Adam Mosseri (Instagram) y Neal Mohan (YouTube) declarar bajo juramento sobre las decisiones éticas tras sus algoritmos y la veracidad de los informes internos sobre adicción. Además, el testimonio de antiguos empleados reconvertidos en informantes («whistleblowers») podría aportar las pruebas definitivas sobre lo que realmente se discutía en las salas de juntas.
El impacto de este juicio va mucho más allá de una posible indemnización millonaria. Se trata de establecer un estándar legal sobre la responsabilidad de las plataformas respecto al contenido y su diseño. Aunque las empresas se escudan en que no son responsables de lo que publican terceros, la acusación matiza que sí son responsables de cómo han diseñado la máquina que distribuye ese contenido. Es un matiz jurídico fino que podría abrir la puerta a una avalancha de reclamaciones por parte de distritos escolares y familias de todo el mundo.
Un futuro incierto para el scroll infinito y los filtros
El desenlace de este caso marcará el futuro de las redes sociales tal y como las conocemos en 2026. Si el jurado falla a favor de la joven demandante, es muy probable que las funciones adictivas desaparezcan por ley para proteger a los menores de edad. Ya no bastará con avisos de «descanso»; las plataformas tendrían que ser rediseñadas desde cero para eliminar los mecanismos de recompensa dopaminérgica que mantienen a los usuarios pegados a la pantalla durante horas.
El juicio de Los Ángeles es solo el primer asalto de una serie de procesos judiciales que se sucederán a lo largo del año. Lo que está en juego es la soberanía sobre la atención de nuestros hijos y la capacidad de los Estados para limitar el poder de las corporaciones más ricas de la historia. El mundo observa con atención, consciente de que la sentencia que dicte la jueza Carolyn B. Kuhl definirá si el modelo de negocio basado en la adicción tiene cabida en una sociedad que empieza a despertar de su letargo digital.








