viernes, 13 febrero 2026

Florentino Pérez intenta aliviar sus penas merengues con el tirón bursátil de ACS

Este lunes, mientras el madridismo sigue atrapado en una temporada irregular, tensa y llena de dudas, el Florentino Pérez recibía una noticia muy distinta desde el parqué. Las acciones de ACS superaron por primera vez los 100 euros por título, marcando un máximo histórico y consolidando una tendencia alcista que se arrastra desde hace más de un año.

El polémico presidente del Real Madrid posee el 14,5% de la compañía. Con la capitalización situada en 27.193 millones de euros, su paquete accionarial roza los 4.000 millones. No es un dato menor. En un momento de desgaste institucional y deportivo, el músculo financiero del presidente se fortalece y su posición empresarial sale reforzada en plena tormenta blanca.

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El mercado lleva meses empujando al alza el valor de ACS, especialmente por su exposición al negocio de infraestructuras en Estados Unidos, donde la construcción y gestión de centros de datos se ha convertido en un motor clave. La compañía ha sabido posicionarse en un sector en expansión vinculado a la digitalización y a la demanda creciente de capacidad tecnológica.

Los inversores han premiado esa presencia estratégica en un mercado estable y con perspectivas de crecimiento sostenido. El próximo 25 de febrero, previsiblemente, ACS presentará sus resultados de 2025 (la hora de la conferencia aún está pendiente de confirmación). Algunos analistas estiman que el beneficio neto podría situarse en una horquilla de entre 820 y 855 millones de euros.

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Florentino Pérez. Foto: EP.

De confirmarse esas cifras, la barrera de los 100 euros por acción no sería un pico aislado, sino la consecuencia lógica de una evolución financiera consistente. En términos estrictamente empresariales, el momento es sólido. ACS cotiza fuerte, el mercado respalda su estrategia internacional y el patrimonio de Florentino Pérez crece en paralelo. En el ámbito corporativo, los números acompañan y la percepción es de estabilidad y control.

IRREGULARIDAD FUTBOLERA CON ARBELOA AL FRENTE

El problema para el presidente no está en la Castellana financiera, sino en la deportiva. El Real Madrid atraviesa una temporada marcada por la irregularidad, la falta de identidad en el juego y una planificación que genera debate constante. No hay una crisis puntual que lo explique todo, sino una acumulación de señales que apuntan a un proyecto sin una línea clara.

El equipo no termina de encontrar un modelo reconocible y esa montaña rusa ha erosionado la confianza y ha alimentado el debate interno. Más allá de los resultados concretos, lo que inquieta es la ausencia de una estructura sólida sobre la que construir. Hay dependencia de individualidades, desequilibrios en determinadas posiciones y decisiones que parecen responder más a urgencias que a un plan definido.

La plantilla combina talento con carencias evidentes que no siempre han sido corregidas a tiempo. A ese contexto deportivo se suma un escenario institucional complejo. La Superliga, proyecto estratégico impulsado personalmente por Florentino Pérez, continúa sin traducirse en una competición operativa. La batalla legal sigue abierta y el desgaste mediático es constante. El debate europeo no ha desaparecido, pero tampoco ha cristalizado en una alternativa real que despeje la incertidumbre.

El nuevo Bernabéu, presentado como la gran palanca de ingresos del club para las próximas décadas, también atraviesa ajustes. Las expectativas en torno a conciertos, eventos y explotación comercial han chocado con limitaciones prácticas y controversias vecinales. El estadio representa una transformación estructural, pero su rendimiento económico efectivo aún está bajo observación.

En paralelo, la sensación creciente es que el club ha entrado en una fase donde la narrativa pesa tanto como la planificación. La comunicación institucional insiste en la idea de proyecto firme y controlado, pero sobre el césped la imagen es más difusa.


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