martes, 10 febrero 2026

Lady Pipa, el declive de la firma que vistió a la reina Letizia y la princesa Leonor

La compañía saltó a la fama, tras conseguir vestir a doña Letizia.
El crecimiento se ha ralentizado en los últimos años.
El aumento de los costes ha ido ahogando a la compañía.

Un vestido con estampado rosa de lo más primaveral. Doña Letizia captó rápidamente la atención de todos los asistentes a la entrega de los Premios Cervantes. El modelo elegido era el vestido Antonia, de la firma textil Lady Pipa, fundada por Sara González Pipaón. Una marca de ropa de invitadas que también ha vestido a la princesa Leonor y a la flor y nata del universo influencer, como Lucía Pombo, María García de Jaime, Marta Lozano o Natalia Coll. Sin embargo, pese a ese importante escaparate mediático, el tirón de Lady Pipa se ha ido apagando en los últimos años, hasta el punto de amenazar la propia viabilidad de la compañía.

La primera vez que doña Letizia vistió Lady Pipa, en la primavera de 2023, la firma ya estaba considerada una de las marcas emergentes de moda más relevantes de España. Los orígenes de la compañía se remontan a 2014, cuando González Pipaón creó la sociedad Lady Pipa SL. Con el paso del tiempo, la firma fue mejorando notablemente su facturación hasta que la pandemia alteró por completo su trayectoria: pasó de unas ventas de 230.000 euros en 2020 a superar los 8,6 millones de euros en las últimas cuentas depositadas en el registro mercantil.

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Lady Pipa: los efectos del lento crecimiento

No obstante, ese crecimiento aparentemente explosivo tiene un matiz clave. La mayor parte del aumento se concentra en 2021, cuando Lady Pipa pasa de esos 230.000 euros a más de 7,2 millones de euros de facturación. Una explosión impulsada por factores decisivos en aquel momento, como el auge del comercio online, la progresiva vuelta a la normalidad tras la pandemia y, especialmente, el regreso de los eventos sociales, un elemento esencial para una marca especializada en ropa de invitadas.

El problema llega después. Más allá de ese pico puntual, el crecimiento de Lady Pipa ha sido relativamente discreto: en torno a un 10% anual en los ejercicios posteriores. Un incremento razonable para empresas consolidadas, pero modesto para una startup que, en teoría, aún se encuentra en plena fase de expansión. Más aún si se tiene en cuenta el fuerte impulso publicitario recibido gracias a la reina Letizia, que volvió a situar a la marca bajo los focos tanto en 2023 como en 2024.

Ese crecimiento limitado genera, además, un problema adicional: no logra compensar el fuerte incremento de los costes, lo que termina lastrando las cifras operativas. De ahí la importancia de mantener ritmos elevados de ventas en las startups. En el caso de Lady Pipa, la expansión de los últimos años —que ha llevado a multiplicar por casi siete su inmovilizado— se ha traducido en un aumento del 160% en los gastos de personal, un 24% en aprovisionamientos y un 106% en otros gastos de explotación.

Como consecuencia directa, los resultados operativos se han desplomado, llegando a poner a la empresa contra las cuerdas en determinados momentos. El resultado de explotación ha caído alrededor de un 55% desde que en 2022 superara los dos millones de euros. El descenso es similar en el beneficio neto, que ha pasado a situarse por debajo del millón de euros tras haberlo superado ampliamente en 2022 y 2023.

Lady Pipa busca un nuevo resurgir

Ese aumento de costes responde, en buena medida, a un movimiento clave: el salto del online al offline. Tras los buenos resultados de 2022, Lady Pipa abrió en 2023 su primera tienda física en pleno centro de Madrid, en el número 10 de la calle Almirante. Un local de 110 metros cuadrados, cuidadosamente diseñado, con un interiorismo inspirado en el Design District de Miami. Sin embargo, con el paso del tiempo, la firma no ha vuelto a abrir nuevos espacios propios y ha optado por limitar su presencia física a córners en algunos El Corte Inglés de ciudades como Madrid, Valencia o Zaragoza.

Esta prudencia en el número de aperturas es otra señal de las dificultades de Lady Pipa para mantener un crecimiento sostenido. A ello se suma la evolución del stock: entre 2023 y 2024, el valor de las prendas acumuladas en almacén casi se duplicó, reflejando una menor rotación del producto.

Todos estos factores explican el último gran movimiento estratégico: la entrada del grupo Goros en el capital de la compañía. En concreto, hace un par de veranos se creó la sociedad Goros Lady Pipa, en la que se inyectaron seis millones de euros, repartidos en un 65% para el grupo y un 35% para González Pipaón. El paso más reciente ha sido el lanzamiento de un plan de crecimiento que, apoyándose en el respaldo financiero y el reconocimiento de marca, aspira a alcanzar una facturación de 30 millones de euros en 2030.

Un objetivo ambicioso que no parece sencillo. Al fin y al cabo, como ya ha demostrado la trayectoria reciente de Lady Pipa, el éxito mediático y la visibilidad pública no siempre se traducen en rentabilidad sostenida, algo que sí han conseguido otras firmas emergentes del sector de la moda.


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