martes, 10 febrero 2026

Jon Hernández (43), divulgador de inteligencia artificial: “Hoy puedes aumentar tu productividad un 20 o 30% solo aprendiendo a usar IA”

La inteligencia artificial se consolida como motor del cambio laboral. Para Jon Hernández, adoptarla es clave para ser competitivo: aumenta productividad, redefine empleos y exige adaptación urgente ante una transformación tecnológica tan profunda como inevitable.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en un factor decisivo del mercado laboral y empresarial. Herramientas que hace apenas dos años parecían experimentales hoy están transformando procesos, profesiones y modelos de negocio completos. Para Jon Hernández, divulgador especializado, ignorar esta revolución ya no es una opción razonable.

Según su visión, la inteligencia artificial no solo está cambiando la forma de trabajar, sino también la manera de entender la productividad, la creatividad y el propio futuro profesional. “No es una moda pasajera. Es un punto de inflexión comparable a Internet o a la electricidad”, advierte .

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Inteligencia artificial: La productividad como puerta de entrada

Inteligencia artificial: La productividad como puerta de entrada
Fuente: agencias

Jon Hernández insiste en que el gran error de la mayoría de las personas es ver la inteligencia artificial como algo complejo, lejano o exclusivo de informáticos. Para él, ocurre exactamente lo contrario: es una tecnología sencilla de usar y con beneficios inmediatos.

“A día de hoy cualquiera puede aumentar su productividad un 20 o 30% solo aprendiendo a utilizar herramientas de IA”, explica. No habla de grandes sistemas empresariales, sino de aplicaciones accesibles que permiten resumir documentos, redactar correos, organizar reuniones o generar presentaciones en minutos.

Sin embargo, los datos muestran una realidad desigual. Mientras en Estados Unidos una de cada dos personas ya utiliza inteligencia artificial en su trabajo diario, en España solo el 11% de las empresas declara haberla integrado. “Estamos muy atrás —advierte— y lo peor es que tenemos exactamente las mismas herramientas disponibles. Si no se usan, es por falta de atención o por resistencia al cambio”.

Para Hernández, la clave está en entender que la inteligencia artificial no viene a reemplazar al trabajador, sino a potenciarlo. Cita una frase ya popular en el sector: “La IA no te va a quitar el empleo; te lo va a quitar alguien que sepa usar IA”.

Desde su experiencia empresarial, asegura que esa lógica ya se está imponiendo en los procesos de selección. “Si tengo dos currículums similares y uno domina IA y el otro no, elegiré al primero. Como mínimo será un 20% más productivo. Es una decisión puramente racional”.

Riesgos reales y miedos mal enfocados

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El discurso de Jon Hernández combina entusiasmo y preocupación. Reconoce abiertamente que la inteligencia artificial plantea dilemas serios: deepfakes cada vez más realistas, clonación de voces, manipulación de información o el uso malintencionado del conocimiento.

Relata ejemplos inquietantes que han circulado en el ámbito tecnológico, como sistemas capaces de analizar correos electrónicos y extraer información sensible sin haber sido entrenados específicamente para ello. “Son habilidades emergentes. La inteligencia artificial a veces hace cosas para las que nadie la programó. No es conciencia, pero sí comportamientos inesperados”, explica.

Aun así, considera que el mayor riesgo inmediato no es tecnológico sino laboral. Menciona el caso de Amazon, que despidió a miles de empleados tras automatizar procesos con IA, y alerta sobre informes internos que proyectan reducciones mucho más profundas en los próximos años.

“Lo grave no son los 14.000 despidos de hoy, sino los cientos de miles que pueden venir mañana. Y frente a eso solo hay una defensa posible: adaptarse”, afirma. Su mensaje es claro: la transición será dura, pero ignorarla es aún peor. En su opinión, la historia ya ha mostrado procesos similares con la imprenta o la revolución industrial. La diferencia es que ahora la velocidad del cambio es exponencial.

También rechaza el fatalismo. Cree que la IA traerá avances científicos y médicos sin precedentes. Recuerda proyectos como AlphaFold de Google, capaz de predecir el plegamiento de proteínas en horas, algo que antes requería años de trabajo humano. “En los próximos diez años veremos más cambios en ciencia que en los últimos cien”, cita, recordando palabras del premio Nobel Geoffrey Hinton.

Para el divulgador, el verdadero salto no está en pedirle a la IA que “haga cosas”, sino en aprender a trabajar con ella como un colaborador constante. Pone ejemplos cotidianos: crear aplicaciones sin saber programar, generar resúmenes automáticos de reuniones, organizar menús o incluso desarrollar herramientas internas para una empresa en cuestión de minutos. “El paradigma ha cambiado: ya no usamos ordenadores, nos relacionamos con ellos”.

Ese cambio cultural es, a su juicio, la gran barrera. “Mucha gente prueba ChatGPT una vez, obtiene un mal resultado y decide que no sirve. Pero la IA no es para delegar tareas mágicamente, sino para amplificar lo que ya sabes hacer”, finaliza.


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