Andalucía vive uno de sus momentos más amargos en la historia reciente de sus infraestructuras. Lo que comenzó como un fatídico accidente ferroviario el pasado 18 de enero en las inmediaciones de Adamuz (Córdoba), ha derivado tres semanas después en una crisis económica sistémica que amenaza con desestabilizar el motor principal de la región: el turismo. Los hoteleros andaluces, liderados por la Federación Andaluza de Hoteles y Alojamientos Turísticos (FAHAT), han lanzado una advertencia desesperada: la suspensión prolongada del servicio de Alta Velocidad (AVE) está provocando una sangría de cancelaciones que podría suponer la pérdida de uno de cada tres euros previstos para este trimestre.
El corredor ferroviario andaluz, la joya de la corona que durante más de tres décadas ha conectado el centro peninsular con Sevilla, Málaga y Córdoba en tiempos récord, se encuentra hoy en un estado de parálisis técnica. Las consecuencias de este «aislamiento» forzoso ya no son meras molestias logísticas para los viajeros; son un golpe directo a la línea de flotación de la economía regional.
El efecto dominó: De las vías a las recepciones de los hoteles
La incertidumbre es el peor enemigo del turismo. Los empresarios del sector advierten que la falta de un horizonte claro para el restablecimiento total del servicio ha generado un clima de desconfianza que se traduce en datos alarmantes. Según las últimas estimaciones, las ventas hoteleras podrían desplomarse un 30% si la situación no se revierte de forma inmediata.
No es solo que la gente no pueda venir hoy; es que nadie está reservando para mañana», aseguran fuentes del sector. El mercado nacional, que depende estrechamente de la conectividad del AVE para escapadas de fin de semana y turismo cultural en ciudades como Córdoba y Sevilla, ha sido el primero en retraerse. La opción de transbordos interminables, el uso de autobuses lanzadera o trayectos por carretera que duplican o triplican el tiempo de viaje original han dejado de ser alternativas viables para el viajero habitual.
El sector MICE: La gran víctima del corte ferroviario
Si hay un segmento que está sufriendo con especial virulencia este «apagón» ferroviario, es el turismo de negocios y congresos, conocido técnicamente como sector MICE. Andalucía, y en particular ciudades como Málaga y Sevilla, se han consolidado en los últimos años como destinos líderes para la celebración de ferias internacionales y convenciones corporativas.
La imposibilidad de garantizar el transporte rápido y eficiente de cientos de congresistas ha llevado a la cancelación masiva de eventos previstos para febrero y marzo. «Las empresas no se la juegan; si no hay seguridad en el transporte, el evento se traslada a Madrid, Barcelona o Lisboa», lamentan los empresarios. El daño no es solo inmediato (la habitación de hotel no vendida o el menú de catering cancelado), sino a largo plazo, ya que el daño reputacional como destino fiable y bien conectado es difícil de cuantificar pero evidente.
Un pulso político por la infraestructura
La crisis también ha saltado a la arena política. La consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España, ha sido una de las voces más críticas, señalando el «grave perjuicio» que la gestión de esta crisis está suponiendo para la comunidad autónoma. Desde el Gobierno andaluz se exige al Ministerio de Transportes no solo una celeridad extrema en las obras de reparación de la vía en Adamuz, sino una comunicación mucho más transparente y eficaz.
El sector hotelero denuncia que la información llega con cuentagotas, lo que impide a los gestores de los alojamientos ofrecer soluciones o alternativas reales a sus clientes. «Estamos operando a ciegas», denuncian desde las patronales provinciales, quienes ven cómo la competencia de otros destinos crece mientras ellos siguen esperando una fecha oficial para el regreso del primer tren a la estación de Santa Justa o María Zambrano.
¿Hacia una primavera en blanco?
El temor real de los hoteleros es que esta parálisis se extienda hasta las puertas de la primavera. Con la Semana Santa y las fiestas primaverales en el horizonte, el sector necesita que el sistema ferroviario funcione al 100% para absorber la demanda masiva que caracteriza esas fechas. Si para entonces el servicio no se ha normalizado, Andalucía podría enfrentarse a un agujero económico histórico en su año turístico.
La industria hotelera no pide subvenciones, pide conectividad. El AVE ha sido durante 34 años el cordón umbilical que ha alimentado el éxito del modelo turístico andaluz. Sin él, las capitales del sur vuelven a una época de distancias geográficas que el siglo XXI y la economía global ya no están dispuestos a perdonar.








