Lydia Lozano llevaba semanas escuchando comentarios sobre su supuesto origen acomodado, y finalmente decidió romper el silencio. La colaboradora televisiva ha dejado claro que su camino hasta la televisión estuvo marcado por el esfuerzo. Su juventud transcurrió entre turnos de trabajo y clases universitarias.
Esta semana, durante una entrevista para la revista Pronto publicada en febrero de 2026, la periodista madrileña recuperó episodios de su pasado que muchos desconocían. Lydia Lozano trabajó en una empresa de mensajería durante seis meses y como dependienta en grandes almacenes mientras cursaba Periodismo, dos experiencias que le permitieron costearse caprichos sin depender de sus padres en la década de los ochenta.
De la facultad al reparto de paquetes
Su primera frase no dejó lugar a dudas: «Soy de origen humilde, me molesta que me consideren una pija». Según explicó, una pija no trabaja como lo hizo ella cuando era joven, compaginando estudios y empleos que nada tenían que ver con el glamour televisivo. Su primer empleo fue en una empresa de mensajería donde pasó seis meses llevando paquetes por Madrid.
La experiencia como mensajera le dio libertad financiera. Con el dinero ganado pudo hacer un viaje sin recurrir a sus padres, algo que recuerda con especial orgullo. «Gané lo suficiente para hacer un viaje y no tener que pedirle dinero a mis padres», explicó. Entre sus anécdotas destaca que visitaba frecuentemente la casa de Jesús Hermida, el mítico presentador, porque le enviaban muchas corbatas como obsequios.
Por qué muchos desconocían su pasado laboral
Hasta ahora, pocos conocían estos detalles de su biografía previa a la fama. Durante años, la imagen pública de la colaboradora se construyó exclusivamente en torno a su trabajo en programas como Sálvame o De Viernes, donde su personalidad arrolladora eclipsó su currículum previo. Ahora, con estas declaraciones, busca poner las cosas en su sitio.
La realidad de su juventud incluye:
- Seis meses como mensajera repartiendo documentos y paquetes por toda la capital durante 1981-1982
- Unas Navidades como dependienta en El Corte Inglés para comprarse una moto y desplazarse a la facultad
- Compaginar ambos empleos con la carrera de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid
- Conseguir independencia económica sin necesidad de pedir dinero familiar para gastos personales
Estas experiencias forjaron su carácter y le enseñaron a tratar con todo tipo de personas, habilidades que después aplicaría en su carrera mediática. La periodista recuerda esos años como «una etapa muy divertida» que conserva con cariño, a pesar del esfuerzo físico que suponía trabajar y estudiar simultáneamente.
El impacto de los comentarios sobre su origen
Las críticas sobre su supuesto origen privilegiado golpearon a Lydia más de lo que muchos imaginan. Según confesó, le molesta profundamente que la encasillen como «pija» cuando su realidad fue completamente opuesta. La imagen televisiva, construida durante más de 25 años en pantalla, generó una percepción distorsionada sobre su procedencia social.
El problema se agravó cuando algunos rostros del mundo del corazón comenzaron a cuestionar abiertamente su trayectoria. Frente a esas voces, decidió recuperar públicamente su pasado laboral más humilde. «Me acuerdo de que iba mucho a casa de Jesús Hermida», explicó, demostrando que conoció a figuras importantes del periodismo español desde el otro lado del mostrador, entregando paquetes, no como colega de profesión.
Además, conserva contacto con antiguos compañeros de aquella época. Cada vez que visita grandes almacenes se encuentra con personas que trabajaron a su lado y la recuerdan con mucho cariño. Esos encuentros fortuitos le confirman que su memoria no exagera: realmente trabajó duro antes de alcanzar la notoriedad televisiva.
Qué revela esto sobre la meritocracia en televisión
Más allá de la anécdota personal, el caso de Lydia Lozano pone sobre la mesa una cuestión estructural: la percepción del público sobre el origen de los rostros televisivos. En 2026, con el auge de las redes sociales y la cultura de la cancelación, la narrativa del esfuerzo se ha convertido en un activo profesional tan importante como el propio talento frente a las cámaras.
Su trayectoria desde mensajera hasta rostro consolidado de Mediaset durante décadas demuestra que el mérito personal existe, aunque a menudo quede eclipsado por la imagen pública. Esto explica por qué ahora, a sus 65 años, siente la necesidad de reivindicar aquel pasado que forjó su carácter.
El mecanismo detrás es revelador: cuando alguien alcanza notoriedad mediática, su pasado tiende a reescribirse inconscientemente en el imaginario colectivo. Si una persona aparece en televisión durante 25 años, el público asume que siempre disfrutó de esa posición privilegiada. La realidad, como demuestra este caso, suele ser mucho más compleja y meritoria de lo que parece en pantalla.
Qué cambia ahora en su imagen pública
Los próximos meses determinarán si estas declaraciones modifican la percepción sobre Lydia Lozano. Su regreso a Telecinco tras dos años apartada de la cadena coincide con esta reivindicación de sus orígenes humildes, una jugada estratégica que podría reconectar con audiencias que valoran las historias de superación personal.
Mientras tanto, continúa compaginando su trabajo en De Viernes con apariciones en Ni que fuéramos Shhh, demostrando que su energía laboral no ha disminuido cinco décadas después de aquellos turnos como mensajera. La diferencia es que ahora, cuando alguien cuestione su origen, tiene argumentos sólidos para responder. El trabajo físico de su juventud forma parte indisociable de su identidad profesional, tanto como sus lágrimas televisivas o su baile chuminero.
Preguntas clave para entenderlo todo
P: ¿Cuánto tiempo trabajó Lydia Lozano como mensajera?
R: Seis meses durante su etapa universitaria en los años ochenta.
P: ¿Por qué necesitaba trabajar mientras estudiaba?
R: Para costearse caprichos como una moto y viajes sin pedir dinero a sus padres.
P: ¿Dónde trabajó como dependienta?
R: En grandes almacenes de El Corte Inglés durante unas Navidades.
P: ¿Conserva contacto con antiguos compañeros de aquella época?
R: Sí, se encuentra con ellos cuando visita grandes almacenes y la recuerdan con cariño.










