Vender una empresa, devolver con éxito el dinero a los inversores y seguir liderando nuevos proyectos suele presentarse como el final de un camino. Para Santiago Navarro-Rubio, sin embargo, ese momento no fue una meta cumplida, sino el inicio de otra etapa. El emprendedor español, fundador de Namencis Education, habla de la libertad financiera desde una perspectiva distinta: como un proceso personal y profesional, más que como una simple cifra en la cuenta bancaria.
Navarro-Rubio ha logrado lo que muchos persiguen durante años: crear valor, atraer inversión y alcanzar un nivel de estabilidad que le permite elegir sus próximos pasos. Pero su discurso se aleja de la euforia habitual. Para él, la verdadera libertad financiera no se mide solo en millones, sino en la tranquilidad de haber cumplido con su palabra y en la posibilidad de seguir construyendo.
La libertad financiera como responsabilidad

Cuando le preguntan qué sintió al vender su empresa y alcanzar esa ansiada libertad financiera, su respuesta sorprende por su sencillez. “Para mí no ha acabado nada, no ha hecho más que empezar”, explica. Lejos de verse como alguien que ya llegó a la cima, se define como un emprendedor que acaba de comenzar a subir una nueva montaña.
Su historia empresarial comenzó muy temprano. Con poco más de veinte años levantó un fondo de inversión y asumió un compromiso enorme con quienes confiaron en él. Aquella operación terminó convirtiéndose en una de las más exitosas del sector en Europa, con un retorno cercano a siete veces lo invertido y una rentabilidad del 44%. Un logro que muchos asociarían automáticamente con la libertad financiera.
Sin embargo, Navarro-Rubio insiste en que el verdadero valor de ese éxito fue otro. “No es la parte económica de la libertad financiera. Fue sentir que había cumplido con mi trabajo y con mi promesa”, afirma. Para él, ser emprendedor implica cargar con una responsabilidad que va más allá del beneficio personal. Lo que estaba en juego era su palabra.
Esa visión explica por qué, tras vender su compañía, decidió continuar como CEO e inversor en el proyecto. No se trata de retirarse ni de disfrutar pasivamente de la libertad financiera, sino de asumir nuevos desafíos. “Ahora empiezo otra vez. Es subir otra montaña”, resume.
El éxito no es una medalla, es un nuevo punto de partida
Uno de los grandes temores de quienes alcanzan sus metas es el llamado “síndrome de la medalla de oro”: esa sensación de vacío que aparece cuando ya no queda nada por conquistar. Santiago Navarro-Rubio reconoce que ese problema nunca ha sido parte de su vida. Su forma de entender la libertad financiera está ligada a la búsqueda constante de nuevos objetivos.
“Siempre he sido un tío de metas. Cuando llego a una, tengo otra”, explica. Esa mentalidad le ha permitido evitar el estancamiento. Mientras muchas personas asocian la libertad financiera con dejar de trabajar, él la interpreta como la oportunidad de elegir en qué trabajar y con quién hacerlo.
El emprendedor admite que existe un alivio al alcanzar ciertos logros, pero asegura que enseguida aparece una nueva responsabilidad. La libertad financiera, en su caso, no significa descanso, sino mayor ambición y retos más grandes.
Parte de esa actitud tiene raíces en su propia historia personal. Durante su etapa escolar no se consideraba un buen estudiante y llegó a pensar que tenía menos capacidades que otros compañeros. Con el tiempo descubrió que su fortaleza no estaba en memorizar, sino en analizar problemas desde múltiples perspectivas.
“Aprendí a ver las cosas en 360 grados”, comenta. Esa habilidad para relacionar variables y tomar decisiones rápidas fue clave para desenvolverse en el mundo empresarial. Allí entendió que los negocios cambian constantemente y que la verdadera libertad financiera exige capacidad de adaptación.
También reflexiona sobre los errores cometidos a lo largo del camino. Lejos de lamentarlos, los ve como parte fundamental del aprendizaje. “Cometer errores es muy bueno, siempre que sea en su justa medida”, señala. Desde su mirada, la libertad financiera no es un estado perfecto, sino el resultado de muchas decisiones, aciertos y tropiezos.
En su etapa actual se ha asociado con otros referentes del emprendimiento español como Yaiza Canosa y José Díaz. De ellos dice haber aprendido la importancia de la cercanía, la ejecución rápida y el compromiso real con cada proyecto. Valores que, según afirma, son esenciales para sostener cualquier proceso de libertad financiera.
Para Santiago Navarro-Rubio, el concepto de libertad financiera está lejos del imaginario de retiros anticipados y lujos permanentes. Es, ante todo, la posibilidad de seguir creando, de responder ante quienes confiaron y de levantarse cada día con un nuevo objetivo.









