lunes, 9 febrero 2026

Cómo la Inteligencia Artificial afecta a la salud mental de los empleados

Aunque la IA es una herramienta útil para el trabajo, su uso constante puede generar estrés, fatiga digital y miedo a ser reemplazado. Una serie de preocupaciones que llevan a establecer límites y proteger la salud mental de los empleados.

¿Quién no se imagina su vida actual sin el uso de la Inteligencia Artificial? Esta avanzada tecnología ha llegado para quedarse y para hacernos la vida más cómoda. Sin embargo, ser consciente de su correcto uso y evitar posibles riesgos para nuestra salud mental resulta fundamental. ¿Los motivos? Son muchas las personas que acuden a esta inteligencia para contarle sus problemas y esperan una solución rápida y efectiva. La IA no puede sustituir la labor de psicólogos y expertos de la salud. Pero sí es una herramienta en la que nos podemos apoyar si sabemos darle el empleo adecuado.

En esta ocasión, trataremos las consecuencias de la Inteligencia Artificial en el ámbito laboral: ¿cómo está afectando a los trabajadores? ¿Cuáles son sus efectos a largo plazo en la salud? Se han llevado a cabo estudios, donde se analizan cómo la inclusión de la inteligencia artificial en las empresas puede provocar riesgos psicosociales. Susana Rodríguez Escanciano, catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de León, sugiere la necesidad de proteger la salud mental en el trabajo. A lo largo de un artículo publicado, se destaca que esta tecnologia ayuda a reducir los accidentes laborales y mejora la prevención, pero a su vez se plantean otras inseguridades que la legislación aún desconoce cómo tratar.

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La Inteligencia Artificial puede ser una herramienta clave, pero su correcta útilización es fundamental. Fuente: Agencias

Surgen nuevos miedos en el ámbito laboral

Actualmente, los trabajadores pueden librarse de ciertas tareas más pesadas o peligrosas debido al uso de robots colaborativos o herramientas digitales. Una ayuda que facilita el empleo a muchas personas, pero que puede suscitar ciertas inseguridades al personal de trabajo. La autora advierte de que este avance tecnológico no elimina por completo los riesgos y, además, introduce nuevos problemas en ámbitos poco explorados hasta ahora.

¿Cuáles son las nuevas dificultades a las que debemos hacer frente? Se señalan algunos problemas ante la relación entre personas y máquinas, como puede ser la fatiga digital, el aumento de la carga y del ritmo de trabajo, la vigilancia constante por parte de los empleados y el miedo a ser sustituidos por algoritmos o robots.

Los riesgos de la hiperconectividad

Un punto interesante donde se pone el foco es el impacto que provoca la IA en la salud mental en el trabajo. Se producen consecuencias negativas para los empleados como: aumento de la carga laboral, intensidad en la presión por cumplir objetivos y se fomenta un modelo de trabajo urgente y la disponibilidad continua. Sin duda, tratar de prevenir posibles riesgos negativos a causa de la IA es clave para nuestra salud.

Cabe destacar que a estos efectos se le suma el auge del teletrabajo y de los modelos organizativos, que han provocado que el límite entre trabajo y vida personal sea muy difuso. Es por ello que cada vez más expertos consideran la desconexión digital como un derecho básico. Se debería permitir que el trabajador no responda mensajes fuera de su horario y ofrecer medidas reales que eviten la presión empresarial o la expectativa de estar siempre disponible.

Gestión para el empleo de la inteligencia emocional

¿Necesitamos establecer límites reales con los chatbots de IA? Sería conveniente. El Instituto de Ética en Inteligencia Artificial de la Universidad Técnica de Múnich publicó un artículo sobre la necesidad de tomar medidas ante esta problemática. Según los expertos, una interacción prolongada con estos sistemas puede influir en la forma en que las personas gestionan sus emociones y generar dependencia o una idealización de la tecnología.

Las medidas que se proponen son establecer límites: como dejar claro que la IA no es humana, ofrecer recursos de apoyo cuando se detecten situaciones de riesgo y revisar éticamente los datos emocionales que recopilan estos sistemas. Porque la inteligencia artificial no es neutral y puede reproducir posibles sesgos de quienes la crean. Además, cuando se trata de salud mental, esta realidad adquiere una importancia ética clave.


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