lunes, 9 febrero 2026

El hábito diario que algunos adoptan para cuidar el cerebro a largo plazo

- Cuidar el cerebro hoy puede marcar la memoria que tendrás dentro de 30 años.

El cerebro se cuida en silencio mucho antes de que falle la memoria. Hay algo que cuesta asumir: el Alzheimer no empieza a los 70, ni a los 60, ni siquiera cuando aparecen los primeros olvidos. Empieza mucho antes. A veces en silencio. A veces cuando aún tienes treinta y te sientes en plena forma.
Suena exagerado, lo sé. Pero la ciencia lleva tiempo repitiéndolo: el proceso puede gestarse décadas antes de que alguien reciba un diagnóstico.

Y aquí viene el dato que descoloca: hoy viven con Alzheimer más de 60 millones de personas en el mundo. La mayoría, mujeres. Y si nada cambia, esa cifra podría triplicarse en las próximas décadas. Dicho así, parece una condena inevitable. Pero no lo es del todo. Muchos especialistas sostienen que la gran mayoría de los casos están más ligados al estilo de vida que a la genética pura.

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Esto cambia la conversación. Y también la responsabilidad.

Porque el cerebro no se estropea de un día para otro. Se va “gastando” con los años… o se va cuidando. Depende bastante de lo que hagamos en el camino.

Mover el cuerpo para proteger la memoria

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El cerebro también se entrena con cada paso que das. Fuente: IA

Si hubiera que elegir un solo hábito que marque la diferencia, probablemente sería el movimiento. No por estética. No por moda. Por supervivencia cerebral.
El ejercicio es, literalmente, medicina para el cerebro.

Hay algo casi poético en esto: cuando contraes los músculos con intensidad, el cuerpo libera sustancias que viajan al cerebro y ayudan a crear nuevas neuronas. Sí, nuevas. En una zona clave para la memoria. Es como si cada sentadilla fuera, en el fondo, una pequeña inversión en tu yo del futuro.

Las piernas fuertes, dicen muchos expertos, son una de las mejores pólizas de seguro contra el deterioro cognitivo. Y no hace falta convertirse en atleta olímpico. Pero sí moverse. Sudar. Exigirse un poco.
También el corazón agradece esos picos de intensidad. Esos momentos en los que te falta el aire y piensas “ya paro”… pero sigues un poco más. Ese esfuerzo breve y controlado tiene un impacto enorme en la salud a largo plazo.

Y luego está el gran enemigo silencioso: el sedentarismo. Pasar demasiadas horas sentado es como ir apagando interruptores internos sin darte cuenta. A veces basta con levantarse, moverse un poco, hacer unas cuantas sentadillas. Pequeños gestos. Repetidos. Eso cambia mucho más de lo que parece.

Lo que comes… y lo que duermes

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Dormir bien es limpiar el cerebro cada noche. Fuente: IA

El cerebro es exigente. Funciona con lo que le das.
La alimentación importa. Mucho. Las grasas buenas, ciertos suplementos, la vitamina D… todo eso suma. No es magia. Es constancia. Es darle al cuerpo los materiales adecuados para que funcione bien.

Y luego está el sueño. Ese gran infravalorado.
Dormir no es perder el tiempo. Es mantenimiento. Durante la noche, el cerebro activa un sistema de limpieza que elimina residuos tóxicos acumulados durante el día. Como si pasara una aspiradora por dentro.
Cuando duermes mal, esa limpieza se queda a medias. Y se nota. No solo en el cansancio. También en la memoria, en la claridad mental, en el ánimo.

Lo curioso es que a veces lo sabemos… y aun así dormimos poco. Yo el primero. Hasta que el cuerpo pasa factura.

Las mujeres y el cambio hormonal

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Los hábitos de hoy construyen la mente de mañana. Fuente: IA

Hay un aspecto que cada vez se menciona más: el impacto de la menopausia en el cerebro. La caída de estrógenos afecta a la energía cerebral, al sueño, a la concentración. Y sí, también al riesgo de deterioro cognitivo.
No se trata de alarmar, sino de entender lo que pasa y acompañarlo. En algunos casos, la terapia hormonal puede ayudar a transitar mejor esa etapa. Siempre con seguimiento médico. Sin recetas mágicas.

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