lunes, 9 febrero 2026

El gesto cotidiano que puede ser una señal de saturación emocional

- La depresión sonriente recuerda que no todo el dolor se ve, pero sí se siente.

Un gesto pequeño puede revelar un cansancio que nadie ve. Hay personas que parecen estar bien… y no lo están. Sonríen, trabajan, cumplen, contestan mensajes con normalidad. Desde fuera todo encaja. Por dentro, en cambio, puede haber una tormenta que no se ve. A eso muchos lo llaman “depresión sonriente”. Yo lo resumiría de otra forma: una vida que sigue funcionando mientras el corazón va con grietas.

La imagen de la máscara encaja demasiado bien. Una careta que proyecta seguridad, éxito, incluso alegría, cuando en realidad el peso emocional es grande. Para algunas personas no es solo una estrategia social; es pura supervivencia. Cuando la vida aprieta —migración, precariedad, trauma, pérdidas— no siempre hay tiempo para sentir. A veces solo hay tiempo para resistir.

Publicidad

Pienso en lo que cuenta Mario Castillo, que llegó con 14 años a un país nuevo. Su prioridad era clara: trabajar, comer, mantenerse a salvo. ¿Dónde quedaba el espacio para procesar la nostalgia, el miedo o la soledad? En ninguna parte. Y lo que no se procesa, se queda. El pasado no desaparece solo porque sigas adelante. Se instala en el presente, a veces sin hacer ruido.

El peso de parecer fuerte

gesto
La sonrisa no siempre cuenta la historia completa. Fuente: IA

Luego está la presión social. Esa capa invisible que nos dice cómo deberíamos ser. Fuertes. Resilientes. Agradecidos. Productivos. Y, sobre todo, sin quejas. Hay entornos donde mostrar vulnerabilidad parece un lujo que no te puedes permitir.

En los hombres, esa presión suele ser aún más rígida. Se permite el enfado. Se permite la risa. Pero la tristeza… no tanto. Llorar, pedir ayuda, admitir que algo duele sigue viéndose como debilidad en muchos contextos. Y así, poco a poco, se construye una identidad que funciona hacia fuera pero se asfixia hacia dentro. Ser el proveedor, el que puede con todo, el que no se rompe. Aunque por dentro ya haya fisuras.

Con el tiempo, esa máscara pesa. Y pesa mucho. Mantenerla requiere energía constante. Como sostener una mochila llena de piedras mientras sonríes en la foto. Desde fuera nadie ve el esfuerzo. Desde dentro se nota cada día.

Cuando el dolor se filtra por otros lados

El gesto cotidiano 3 Merca2.es
Hay batallas internas que nadie ve desde fuera. Fuente: IA

El problema del dolor que no se nombra es que no desaparece. Sale por otros sitios. Conflictos constantes, discusiones que no se entienden del todo, amistades que se enfrían. A veces aparecen adicciones o comportamientos agresivos. O esa sensación rara de estar… pero no estar. Como si una parte de ti se hubiera desconectado para poder seguir.

También está el cansancio. Un agotamiento profundo que no se arregla durmiendo más. Cansa fingir. Cansa sostener una versión de uno mismo que no es del todo real. Y hay momentos en los que ese cansancio se vuelve peligroso, cuando la persona siente que no puede más con ese peso silencioso.

No siempre se detecta a tiempo. Porque, claro, la máscara funciona. Ese es el problema. Funciona tan bien que engaña a todos, incluso a quien la lleva.

Quitarse la máscara, aunque sea un rato

El gesto cotidiano 1 Merca2.es
Sostener la máscara también cansa. Fuente: IA

Aquí empieza la parte importante. Sanar no siempre significa grandes cambios. A veces empieza con algo muy simple: que alguien escuche. Sin juzgar. Sin intentar arreglarlo todo. Solo escuchar. Validar. Estar.

No hace falta ser psicólogo para acompañar a alguien. Ni tener las palabras perfectas. A veces basta con decir: “Estoy aquí”. Y de verdad estar. Ser ese espacio donde la otra persona pueda bajar la guardia aunque sea un momento.

También es clave mirarse hacia dentro. Reconocer lo que uno siente, ponerle nombre. Ansiedad. Miedo. Tristeza. Rabia. Cuando las emociones se entienden, dejan de ser tan caóticas. Se vuelven más manejables, más humanas.

Y luego están los espacios seguros. Amigos, familia, terapia, grupos de apoyo. Lugares donde no haga falta actuar. Donde uno pueda ser, sin más. Porque nadie debería vivir toda la vida detrás de una máscara.

YouTube video

Publicidad