Esta es la principal conclusión del 38ª edición del Barómetro del Colegio Oficial de Economistas, que hace un balance de la visión de los expertos del sector respecto a la situación económica del país. En este sentido, tiene un apartado destinado a la transición energética y al papel de la energía nuclear dentro de este rol. Los números hablan solos: casi un 40% la considera indispensable, mientras que un 41% apunta a que se debe mantener con un rol complementario.
En este sentido, estamos ante un debate muy vivo, que se ha reabierto debido al cero energético que sacudió a la Península Ibérica el abril del año pasado, que se complementa con el cierre progresivo de las centrales nucleares en los próximos 10 años, según estipula el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC).
La energía nuclear se traduce en seguridad de suministro
Las encuestas realizadas por el barómetro apuntan a que los principales temas que preocupan a los economistas cuando piensan en la transición energética son: la necesidad de contar con un marco regulatorio estable, una mayor eficiencia energética (representado la opinión del 24,7% de los encuestados respectivamente), y la garantía de un suministro eléctrico (que cubre al 23,7%).
La relación entre necesidad de suministro estable y la energía nuclear es algo que en este diario ya hemos cubierto, informes como el presentado por Monitor Deloitte demuestran que la energía nuclear es la única tecnología del sistema capaz de suministrar electricidad de forma continua durante más de 7.700 horas al año, una vez descontadas paradas programadas.
Además de que durante la crisis energética de 2022, fruto de la guerra entre Rusia y Ucrania, actuó como seguro energético, permitiendo el ahorro de generando un ahorro estimado de más de 5.000 millones de euros.

De hecho, según apunta PwC, las consecuencias de la pérdida del parque nuclear en España, llevaría a aumentar nuestra dependencia energética de otros países para la importación de gas, sumado al aumento del precio de la energía de 55,3 a 68.6 €/MWh. Además del crecimiento de las emisiones de 1,4 a 8,8 millones de toneladas de dióxido de carbono. Es decir, no solo se atentaría contra la transición energética que acorde con el Barómetro del Colegio Oficial de Economistas, casi la mitad de este sector la ve como un proceso necesario a nivel económico, sino que también determinaría la seguridad energética al fomentar la dependencia de energías extranjeras.
La pérdida de la energía nuclear costaría 1.400 millones de euros anuales a la industria española
El barómetro refleja que 9 de cada 10 economistas apuntan a que el plazo de las políticas y los plazos establecidos por las asociaciones públicas son inadecuados para lograr una transición energética efectiva. Estos datos se pueden interpretar como que existe un desbalance entre las aspiraciones políticas y la capacidad real que tiene el sistema para gestionar la integración de las energías renovables.
En este sentido, Alfonso Barbas, titulado Superior de Tecnología Nuclear en Enusa Industrias Avanzadas, S.A, en declaraciones para este medio ha indicado que el desarrollo de energías que puedan sustituir a la atómica aún no son viables en España, pese a que el pronóstico (si nada cambia) es el del cierre de las centrales. Tecnologías como las baterías y el hidrógeno verde se enfrentan a retos intrínsecos en su desarrollo como los costes, la producción y el transporte de energía, desde estas fuentes alternativas.
En definitiva, los economistas tienen un sentimiento de apoyo generalizado a las energías nucleares dentro de la transición energética, donde casi un 40% la ve como una fuente indispensable dentro del mix energético español, y un 41% apunta a su rol como energía complementaria. Los datos están ahí, pero habrá que, estar a la espera de si la información contrastada con fuentes de autoridad podrían significar en una prórroga de las centrales nucleares o de lo contrario su desmantelamiento planificado.








