lunes, 9 febrero 2026

El temido Día-Q ya tiene fecha: cuándo se romperá el internet que usamos y conocemos

Organismos internacionales están definiendo hojas de ruta que permitan una migración progresiva hacia sistemas resistentes a ataques cuánticos, evitando una ruptura brusca que paralice la actividad digital global.

Durante décadas hemos dado por sentado que la red es un espacio razonablemente seguro. Bancos, gobiernos, empresas y ciudadanos confían cada día en sistemas criptográficos que funcionan en silencio y hacen posible desde un pago con el móvil hasta una videollamada privada. Bajo esa aparente estabilidad se está gestando una amenaza que ya no pertenece al terreno de la ciencia ficción y que empieza a inquietar seriamente a expertos, reguladores y grandes compañías tecnológicas. Ese punto de inflexión es conocido como Día-Q.

Será el momento en el que un ordenador cuántico lo suficientemente avanzado será capaz de quebrar los sistemas criptográficos que sostienen la seguridad digital global.

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Aunque no existe una fecha cerrada y concreta en el calendario, el consenso entre especialistas es claro: el riesgo ya no puede tratarse como un problema lejano, sino como una amenaza presente que exige preparación inmediata.

Qué significa realmente que se rompa internet con el Día-Q

Hablar de la ruptura de internet no implica que los datos desaparezcan o que las redes dejen de funcionar de un día para otro. El núcleo del problema está en las matemáticas que protegen la información. Cada vez que se envía un mensaje, se accede a una cuenta bancaria o se firma un documento digital, los datos se transforman mediante algoritmos criptográficos diseñados para impedir su lectura por terceros.

Si esos algoritmos dejan de ser seguros, el impacto sería sistémico. Las comunicaciones seguirían fluyendo, pero perderían su confidencialidad y autenticidad. Sería como si todas las cerraduras digitales del mundo quedaran abiertas al mismo tiempo, sin posibilidad de distinguir entre usuarios legítimos y atacantes.

La fecha del Día-Q

Durante años, la computación cuántica se consideró una promesa a muy largo plazo. Esa percepción ha cambiado de forma radical. Los avances recientes en hardware, corrección de errores y escalado de sistemas han acortado de manera significativa los plazos previstos hace solo una década.

En este contexto, Palo Alto Networks ha alertado públicamente de que el horizonte temporal estimado para alcanzar ese punto crítico se sitúa entre dos y siete años. Un margen especialmente corto si se tiene en cuenta que la transición criptográfica global es compleja y puede prolongarse durante más de una década.

El Día-Q no llegará como un apagón repentino, pero sus efectos pueden ser devastadores si no se anticipan.
El Día-Q no llegará como un apagón repentino, pero sus efectos pueden ser devastadores si no se anticipan.

Esta advertencia refuerza una idea clave que empieza a calar en el sector: no prepararse hoy equivale a asumir que el problema estallará cuando ya sea demasiado tarde para reaccionar de forma ordenada.

La base matemática que sostiene la seguridad actual

La criptografía moderna se apoya en principios formulados a mediados del siglo XX y perfeccionados durante décadas. Su fortaleza reside en problemas matemáticos extremadamente difíciles de resolver para los ordenadores clásicos, incluso utilizando enormes cantidades de potencia de cálculo.

Los sistemas más utilizados combinan cifrado simétrico y criptografía de clave pública, que permite intercambiar información segura sin compartir previamente una clave secreta. Este modelo es la columna vertebral de la web, del correo electrónico y de las transacciones digitales, y durante años se consideró prácticamente irrompible. Pero todo cambiará el Día-Q.

El impacto real de la computación cuántica

La computación cuántica cambia por completo las reglas del juego. A finales del siglo pasado se demostró que un ordenador cuántico suficientemente potente podría resolver con facilidad los problemas matemáticos en los que se basan los sistemas de clave pública actuales. Lo que hoy lleva miles de años de cálculo podría resolverse en horas o incluso minutos.

Diversos estudios académicos y análisis de agencias de ciberseguridad coinciden en que ese escenario es técnicamente viable. La incógnita no es si ocurrirá, sino cuándo y con qué grado de madurez tecnológica.

El peligro silencioso de los datos capturados hoy

Uno de los riesgos más subestimados del Día-Q es que el daño puede comenzar antes de que exista un ordenador cuántico plenamente funcional. La práctica conocida como recopilar ahora y descifrar después permite interceptar comunicaciones cifradas hoy para romper su seguridad en el futuro.

Esto convierte en objetivos especialmente sensibles a los datos de larga duración, como historiales médicos, secretos industriales, estrategias empresariales o comunicaciones gubernamentales. Aunque hoy estén cifrados correctamente, podrían quedar expuestos dentro de unos años.

Por qué la transición será lenta y compleja

Actualizar la criptografía de internet para el Día-Q no consiste simplemente en cambiar un algoritmo. Estos sistemas están integrados en protocolos, aplicaciones, servidores, routers y dispositivos físicos que llevan años en funcionamiento. Modificar esa infraestructura sin interrumpir servicios críticos es un desafío técnico y organizativo de enorme magnitud.

Por este motivo, organismos internacionales están definiendo hojas de ruta que permitan una migración progresiva hacia sistemas resistentes a ataques cuánticos, evitando una ruptura brusca que paralice la actividad digital global.

Prepararse hoy para un futuro inevitable con el Día-Q

El Día-Q no llegará como un apagón repentino, pero sus efectos pueden ser devastadores si no se anticipan. La seguridad digital ha dejado de ser un problema exclusivamente técnico para convertirse en una cuestión estratégica que afecta a la economía, la soberanía tecnológica y la confianza social.

No sabemos si ese momento llegará dentro de dos años o dentro de siete, pero el mensaje de los expertos es inequívoco: esperar ya no es una opción. El internet que usamos y conocemos está entrando en una cuenta atrás silenciosa, y la preparación marcará la diferencia entre una transición controlada y una crisis global de confianza digital.

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