domingo, 8 febrero 2026

Proteína vegetal o animal: lo que algunos descubren al probar ambas

- La viralidad real no nace del algoritmo, sino de entender qué hace que una persona se quede mirando un segundo más.


La proteína también se ha vuelto viral en redes, pero no todo lo que circula ahí cuenta la historia completa. Hay una obsesión que se repite en casi todas las conversaciones sobre redes sociales: el algoritmo. Cómo funciona, cómo engañarlo, cómo “hackearlo”. Pero, si uno rasca un poco, se da cuenta de algo bastante evidente. El algoritmo no es el público. Y al final, quien decide si un vídeo se queda o se va… es la persona que está al otro lado de la pantalla.

Víctor, que lleva años creando contenido, lo resume de forma muy directa: la viralidad no se construye intentando gustarle a la plataforma, sino gustándole a la gente. Las redes quieren que el usuario se quede, mire, interactúe. Y si tu vídeo consigue eso, el algoritmo ya se encarga del resto (aunque a veces nos empeñemos en complicarlo todo).

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En realidad, un vídeo suele despegar por dos cosas muy simples: cuánto tiempo lo ve la gente y cuánto interactúa con él. Comentarios, guardados, compartidos. Señales de que algo ha conectado. Y aquí viene una verdad incómoda: la viralidad es relativa. Para una cuenta grande, un millón de visitas puede ser lo normal. Para alguien que empieza, 10.000 pueden ser un pequeño triunfo que te cambia el ánimo de la semana.

El sistema que hay detrás del vídeo que funciona

proteina
La atención del espectador se gana en los primeros segundos del vídeo. Fuente: IA.

Detrás de los vídeos que parecen “espontáneos” suele haber más estructura de la que imaginamos. Víctor habla de cinco fases bastante claras. La primera, y quizá la más importante, es la idea. Si la idea no engancha, da igual lo bien que edites después. No se salva.

Por eso recomienda partir de temas que interesen a mucha gente. Lo que está en la calle. Lo que se comenta. Entrenamiento práctico, comida real, problemas cotidianos. Cosas que la gente reconoce en su vida.

Luego viene el guion. Gancho, desarrollo y cierre. Nada demasiado sofisticado. De hecho, cuanto más simple, mejor. Si alguien tarda demasiado en entender de qué va el vídeo, se ha ido. Y no vuelve.

En la grabación, rompe otro mito: no hace falta un estudio profesional. Un buen móvil y un micro decente pueden ser más que suficientes. El sonido importa más de lo que creemos. Una imagen normal se perdona. Un audio malo, no.

La edición es el siguiente paso. Ritmo ágil, subtítulos claros, silencios fuera. Que el vídeo se entienda incluso sin sonido. Y después, publicar y mirar datos. Sin obsesionarse con la “hora mágica”, porque no existe. Lo que sí existe es analizar qué ha funcionado y repetirlo.

Ese primer segundo que lo cambia todo

Proteina vegetal o animal4 Merca2.es
El contenido que conecta con personas siempre supera al que busca el algoritmo. Fuente: IA.

Hay algo casi invisible, pero decisivo: el primer segundo. El famoso gancho. Ahí se juega la partida. En ese instante, el espectador decide si se queda o sigue deslizando el dedo.

La promesa debe ser clara desde el inicio. Qué va a aprender, qué va a descubrir, qué se lleva. Y también importa lo visual. El encuadre, el objeto que enseñas, el lugar donde grabas. Todo suma. En un mundo donde la atención dura milésimas, el primer plano es como la puerta de entrada a una conversación. Si no invita, nadie entra.

Ser viral no siempre es lo que necesitas

Proteina vegetal o animal1 Merca2.es
Menos visualizaciones pueden significar más clientes reales. Fuente: IA.

Aquí llega uno de los puntos más interesantes. La viralidad masiva puede ser un arma de doble filo. No todo seguidor suma. A veces, un vídeo con millones de visitas atrae a personas que nunca van a interesarse por lo que ofreces. Mucho ruido, poco resultado.

Víctor habla del “alcance cualificado”. Mejor menos gente, pero la adecuada. Cuenta el caso de un entrenador que pasó de 60.000 seguidores a 5.000. Suena a desastre, ¿no? Pues no. Triplicó ingresos. Porque empezó a hablarle a quien realmente quería escucharle.

Y eso cambia el enfoque. No se trata solo de crecer. Se trata de crecer bien.

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