domingo, 8 febrero 2026

Autónomos vs asalariados: la gran confusión sobre quién paga más impuestos

Existe la creencia de que autónomos y empresas pagan menos impuestos que los asalariados, pero es un mito. En España todos tributan de forma similar; solo cambian los mecanismos, las deducciones y el momento del pago.

santander autonomos

Durante mucho tiempo se ha instalado la idea peligrosa de que montar una empresa permite pagar menos impuestos o que los autónomos tributan menos que un asalariado. Muchos repiten estos mitos sin comprobarlos y otros, simplemente, delegan todo en su gestor sin entender nada. La realidad es muy distinta.

En España no existe la fórmula mágica para dejar de tributar. Solo cambia el momento en que se pagan los impuestos y la manera de hacerlo. El sistema fiscal acompaña a cualquier persona desde que empieza a ganar dinero hasta el final de su vida laboral. No es un trámite puntual ni un papel que se firma una vez. Por eso conviene entender cómo funciona antes de elegir entre ser asalariado, trabajar como autónomos o crear una empresa.

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El asalariado: simplicidad con poco margen de maniobra

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El caso más sencillo es el del trabajador por cuenta ajena. Cobra una nómina, la empresa le aplica la retención correspondiente y al final del año se ajusta todo en la declaración de la renta. El asalariado no decide cuánto tributa ni cuándo. Esa es su principal ventaja y, al mismo tiempo, su gran limitación.

La fiscalidad del asalariado parece idéntica para todos, pero no lo es. El IRPF cambia según la comunidad autónoma en la que se viva. Dos personas con el mismo sueldo pueden pagar cantidades diferentes solo por residir en territorios distintos. Con ingresos medios la diferencia es pequeña, pero en salarios altos empieza a notarse de verdad.

Además del IRPF, están las cotizaciones a la Seguridad Social. Una parte la asume el trabajador y otra la empresa. Este coste adicional no aparece de forma visible en la nómina, pero existe. Es el precio que se paga por la estabilidad, la protección social y la ausencia de riesgos empresariales.

El asalariado tampoco puede deducirse gastos. Ni el coche para ir a trabajar, ni formación, ni herramientas. Fiscalmente todo es simple y automático. No hay sorpresas, pero tampoco hay opciones de planificación.

Autónomos y empresas: libertad con responsabilidad

Autónomos y empresas: libertad con responsabilidad
Fuente: agencias

Cuando una persona pasa a trabajar por su cuenta, el escenario cambia por completo. Muchos creen que los autónomos pagan menos impuestos que un asalariado, pero es un error muy extendido. En realidad tributan por IRPF exactamente igual. La diferencia no está en lo que pagan, sino en cómo lo gestionan.

Los autónomos tienen un negocio y eso implica obligaciones nuevas: IVA, pagos trimestrales, contabilidad y una cuota propia a la Seguridad Social. Pueden deducirse gastos, sí, pero solo los estrictamente necesarios para generar ingresos. Ni cenas personales, ni viajes de ocio, ni caprichos disfrazados de trabajo.

Otro mito frecuente es pensar que basta con tener un gestor para olvidarse del tema. Delegar es útil, pero no exime de entender lo básico. La fiscalidad acompaña a los autónomos toda la vida y afecta cada decisión económica que toman.

Además, a diferencia del asalariado, el autónomo asume íntegramente sus cotizaciones y sus riesgos. Si contrata empleados, también debe pagar por ellos. No hay un tercero que cubra parte del coste. Por eso ser autónomos ofrece más libertad, pero también exige más control y más responsabilidad.

El siguiente nivel es la empresa. Aquí aparecen todavía más confusiones. Mucha gente cree que crear una sociedad significa pagar solo un 25% de impuestos y listo. Pero no es así. Si el dueño se paga un sueldo, ese dinero vuelve a tributar por IRPF igual que cualquier trabajador. Y si se reparte dividendos, también debe pagar impuestos personales.

La verdadera ventaja de una empresa no es pagar menos, sino decidir cuándo se paga. Permite dejar beneficios dentro de la sociedad, reinvertirlos y hacer crecer el negocio sin que pasen inmediatamente por el IRPF. Para los autónomos, en cambio, todo lo que entra tributa sí o sí en el mismo ejercicio.

Por eso una empresa tiene sentido cuando se genera más dinero del que se necesita para vivir y existe un proyecto de crecimiento real. No sirve como truco fiscal ni como pantalla para una actividad individual. De hecho, Hacienda vigila muy de cerca las sociedades que en realidad funcionan como si fueran simples autónomos encubiertos.

Un profesional que trabaja solo, factura por su cuenta y crea una SL sin estructura real puede encontrarse con problemas serios. La forma jurídica no cambia la realidad económica. Sin empleados, sin equipo y sin independencia, la sociedad no aporta ninguna ventaja.


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