Mario de Wonder no esquiva los temas incómodos. A sus 30 años, este biólogo y creador de contenido se ha convertido en una voz influyente en redes cuando se habla de ciencia y comportamiento animal. Desde ese lugar, analiza uno de los debates más sensibles de nuestro país: las corridas de toros y el impacto real que tienen sobre la especie y sobre el bienestar animal.
Lejos de los eslóganes fáciles, su postura es sumamente técnica y reflexiva. Considera que muchos de los argumentos históricos a favor de las corridas se sostienen más por tradición que por evidencia. “Creo que el toro no se extinguiría si mañana se prohibieran las corridas”, asegura.
¿Se extinguiría el toro bravo sin las corridas?

Uno de los argumentos más repetidos por los defensores de la tauromaquia es que, sin las corridas, el toro bravo desaparecería. Mario de Wonder cree que esa afirmación merece ser revisada con calma.
“Hay muchas especies que se mantienen sin necesidad de estar vinculadas a un espectáculo”, explica. Desde su mirada de biólogo, la existencia de un animal no depende obligatoriamente de que sea utilizado en un evento público. Según él, el toro bravo podría conservarse perfectamente mediante otros modelos de explotación o protección.
Reconoce, eso sí, que no es un caso idéntico al de otros animales. Mantener toros requiere grandes extensiones de terreno y una inversión mayor que la de especies domésticas más pequeñas. Pero aun así considera que hay alternativas. “Con la cantidad de zoológicos y reservas que existen, podría mantenerse como un animal icónico de la fauna española sin necesidad de las corridas”, sostiene.
Además, recuerda que prohibir las corridas no significaría eliminar todas las actividades vinculadas al toro. Las capeas, por ejemplo, seguirían siendo posibles y generan ingresos en muchas regiones. Por eso insiste en que el debate no es tan blanco o negro como suele plantearse.
Otro punto que analiza es el uso del toro para carne. Técnicamente, explica, no es una raza especialmente rentable para ese fin, porque crece más lento y es más pequeña que otras variedades bovinas. Sin embargo, tampoco cree que esa sea una razón suficiente para justificar las corridas como única salida económica.
El bienestar animal en el centro del debate
El segundo gran argumento a favor de las corridas está relacionado con las dehesas. Se afirma que gracias a la cría del toro bravo se conservan amplios ecosistemas que sirven de refugio a muchas otras especies. Mario admite que hay parte de verdad en esa idea.
Las dehesas donde se crían toros suelen estar poco intervenidas, con escasa presencia humana y gran biodiversidad. Sin embargo, el biólogo aclara que ese beneficio ambiental no es exclusivo de las corridas. “Una explotación de otro tipo podría cumplir exactamente la misma función ecológica”, explica.
En otras palabras, el cuidado del entorno no depende necesariamente de que existan las corridas, sino del modelo de gestión del territorio. Incluso actividades como ciertos cotos de caza o explotaciones ganaderas diferentes podrían mantener esas mismas ventajas ambientales.
Pero el punto más polémico llega cuando se habla del sufrimiento del animal. En los últimos años, algunos defensores de las corridas han asegurado que el toro apenas siente dolor durante la lidia debido a la adrenalina. Para Mario de Wonder, esa afirmación no resiste un análisis científico serio.
“Decir que el toro no sufre es directamente falso”, afirma con contundencia. Explica que, aunque la adrenalina puede atenuar momentáneamente la percepción del dolor, no lo elimina. Los estudios sobre cortisol, la hormona del estrés, demuestran que los toros sometidos a las corridas presentan respuestas fisiológicas claras de sufrimiento.
Utiliza un ejemplo simple para explicarlo: cuando una persona recibe un golpe en medio de una situación tensa, puede doler menos al principio, pero el daño está ahí. Con el toro ocurre lo mismo. “Podemos discutir si sufre más o menos, pero que sufre es indiscutible”, remarca.
Desde esa perspectiva, considera que las corridas, tal como se practican hoy, encajan dentro de lo que se entiende como maltrato animal. Aun así, evita posiciones extremas. No cree que la solución sea una prohibición repentina y total, sino un proceso gradual que tenga en cuenta a las personas y economías que dependen del sector.
Incluso menciona que existen modelos alternativos, como algunos espectáculos en Portugal, donde el toro no es herido. Para él, ese tipo de formatos podrían abrir un camino intermedio entre la tradición y el bienestar animal.









