sábado, 7 febrero 2026

Antón Gómez-Escolar (33), psicofarmacólogo: “El daño social del alcohol es incluso más del doble que el de la heroína”

El psicofarmacólogo Antón Gómez-Escolar advierte que el alcohol, pese a su aceptación social, es la sustancia que más daño colectivo provoca, con impactos en violencia, accidentes y salud pública que superan ampliamente a drogas como la heroína.

El debate sobre las drogas suele concentrarse en sustancias ilegales como la cocaína o la heroína. Sin embargo, los datos científicos muestran una realidad muy distinta. El psicofarmacólogo español Antón Gómez-Escolar advierte que la sustancia con mayor impacto social y sanitario no es ninguna de esas, sino una completamente normalizada: el alcohol.

En su libro Expande tu mente, Gómez-Escolar analiza un gráfico que separa dos tipos de daños: los que una droga provoca al propio consumidor y los que genera en su entorno. Al observar esa clasificación, aparece que el alcohol encabeza con claridad el ranking de perjuicios a la sociedad.

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El alcohol: Una droga legal con efectos devastadores

El alcohol: Una droga legal con efectos devastadores
Fuente: Canva

“El alcohol no solo causa problemas al individuo que lo consume, sino que fundamentalmente perjudica a quienes lo rodean”, explica el investigador. Accidentes de tráfico, violencia doméstica, peleas, delitos comunes y conflictos familiares son solo algunas de las consecuencias más visibles.

Según Gómez-Escolar, gran parte del crimen cotidiano tiene relación directa con esta sustancia. “Muchos robos y agresiones están alimentados por el alcohol. Su impacto va mucho más allá de la salud personal”, señala. Un ejemplo claro son los siniestros viales: una persona que no ha bebido puede perder la vida porque otra sí lo ha hecho y decide conducir.

Ese tipo de daños colaterales son los que colocan al alcohol en una categoría especial. En los estudios comparativos aparece incluso por encima de drogas consideradas tradicionalmente más peligrosas. “Si miramos el daño social, es más del doble que el de la heroína”, afirma el especialista.

El psicofarmacólogo aclara que esta posición se explica también por su enorme difusión. “Cuanto más extendido está el consumo de una sustancia, mayor es el daño total que produce”, argumenta. El alcohol está presente en celebraciones, reuniones familiares y espacios laborales, lo que multiplica sus efectos negativos. A nivel mundial, las cifras refuerzan esta idea. El tabaco lidera las estadísticas con 6,6 millones de muertes al año, y el alcohol ocupa el segundo lugar con aproximadamente 3,3 millones. Paradójicamente, se trata de las dos drogas legales y socialmente más aceptadas.

Legalidad no es sinónimo de seguridad

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Para Antón Gómez-Escolar, uno de los grandes errores culturales es asociar lo permitido con lo inofensivo. “Que una sustancia sea legal no significa que sea poco dañina”, subraya. De hecho, sostiene que la propia legalidad favorece un consumo masivo que termina amplificando los problemas.

El contraste con otras sustancias resulta revelador. La cafeína, por ejemplo, es la droga más consumida del mundo y, sin embargo, genera daños mínimos. En cambio, el alcohol y el tabaco, que ocupan el segundo y tercer lugar en consumo global, provocan consecuencias sanitarias enormes.

El investigador también cuestiona la percepción social sobre las drogas psicodélicas. Aunque suelen considerarse extremadamente peligrosas, los datos muestran un panorama diferente. “No tienen potencial adictivo y su toxicidad es muy baja”, explica. De hecho, no existen registros históricos de muertes por sobredosis de LSD o de setas alucinógenas.

Esto no significa que sean completamente inocuas. En personas con predisposición pueden desencadenar episodios psicóticos. Sin embargo, el especialista remarca que el riesgo relativo es muy reducido y que, en términos de salud pública, su impacto es incomparablemente menor al del alcohol.

En los gráficos que analiza en su obra, las llamadas “sospechosas habituales” —crack, heroína y cocaína— aparecen con altos niveles de daño individual. Pero cuando se evalúa el perjuicio colectivo, el alcohol vuelve a colocarse entre los primeros puestos.

Gómez-Escolar insiste en que el problema no se resuelve solo con prohibiciones, sino con información rigurosa y políticas de prevención. “La sociedad tiende a temer lo ilegal y a minimizar lo cotidiano. Y los datos muestran que ese enfoque está equivocado”, reflexiona.

Entender el verdadero alcance del alcohol implica reconocer que su normalización tiene un costo alto y muchas veces invisible. Un costo que no se mide solo en enfermedades, sino también en vidas truncadas, familias rotas y comunidades afectadas.


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