El acceso de los menores a las redes sociales se verá interrumpido tras el anuncio del Gobierno de reforzar las restricciones en el entorno digital.
La decisión, aseguran desde el Ejecutivo, llega en un contexto de creciente alarma por el impacto que estas plataformas tienen en la privacidad, la salud mental y el desarrollo de niños y adolescentes. Especialmente en un ecosistema donde la regulación siempre va un paso por detrás de la tecnología.
El anuncio fue realizado por Pedro Sánchez durante su intervención en el World Governments Summit, donde defendió la necesidad de una gobernanza digital global frente a lo que calificó como un ecosistema degradado, con normas ignoradas, delitos tolerados y una protección insuficiente de los derechos fundamentales, especialmente en el caso de los menores.
El contexto de la nueva prohibición
El presidente puso el foco en el papel central que ocupan hoy las redes sociales en la vida cotidiana y en cómo su uso intensivo ha expuesto a los menores a desinformación, discursos de odio y una circulación descontrolada de datos personales.
Desde el Ejecutivo se considera que las plataformas no han asumido la responsabilidad que les corresponde y han permitido durante años un acceso prácticamente libre a usuarios por debajo de la edad legal.
Ante este escenario, el Gobierno ha anunciado un paquete de medidas legislativas y regulatorias entre las que destaca la prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años en España.
La iniciativa obligará a las plataformas digitales a implantar sistemas de verificación de edad efectivos, con el objetivo de impedir que la simple introducción de una fecha de nacimiento falsa siga siendo suficiente para crear una cuenta.
La verificación de edad, el gran desafío
Uno de los principales retos de la nueva normativa es técnico y jurídico. Hasta ahora, la mayoría de plataformas ha optado por sistemas de verificación mínimos para no frenar el crecimiento de usuarios ni asumir riesgos legales adicionales.
El Gobierno sostiene que este modelo ha fracasado y que ha dejado a los menores expuestos a contenidos y dinámicas para las que no están preparados.
Sin embargo, implantar mecanismos de control más estrictos abre un debate complejo sobre privacidad, tratamiento de datos y posibles efectos colaterales.
La clave estará en si las plataformas son capaces de diseñar soluciones que equilibren la protección de los menores con los derechos digitales del conjunto de la población.
Así podrán seguir accediendo los menores a las redes sociales pese a la prohibición
Aun con una regulación más estricta, los menores podrían seguir encontrando vías para acceder a las redes sociales.
Una de las opciones más probables sería el uso de identidades digitales creadas o facilitadas por adultos, una práctica que ya se ha observado en otros países con restricciones similares y que resulta difícil de detectar de forma automática.

También podría mantenerse el uso de cuentas antiguas creadas antes de la entrada en vigor de los nuevos controles.
Estos perfiles, que ya habrían superado los filtros iniciales, podrían seguir activos durante años si no se revisan de forma periódica, permitiendo que cambien de manos dentro del entorno familiar o social.
Dispositivos compartidos y sesiones abiertas
Otra vía potencial sería el acceso desde dispositivos compartidos. Móviles, tablets u ordenadores con sesiones abiertas permiten entrar a aplicaciones como Instagram o TikTok sin necesidad de pasar por procesos de registro o verificación adicionales.
Si no se activan controles parentales o perfiles diferenciados, el menor podría utilizar la cuenta de un adulto sin apenas barreras técnicas.
Además, la sincronización entre dispositivos y navegadores podría facilitar el acceso automático a servicios ya iniciados, especialmente en entornos domésticos donde prima la comodidad sobre la seguridad digital.
Herramientas tecnológicas y atajos digitales
La tecnología también podría ofrecer atajos adicionales. El uso de redes privadas virtuales, navegadores alternativos o aplicaciones de terceros podría dificultar que las plataformas identifiquen correctamente la edad o el perfil real del usuario.
Aunque las compañías refuercen sus sistemas de detección, la creatividad digital de los más jóvenes suele adaptarse con rapidez a los nuevos controles.
Asimismo, podrían proliferar servicios externos que prometan facilitar el acceso mediante verificaciones indirectas o identidades digitales intermediarias, un fenómeno ya observado en otros ámbitos del control de edad en internet. También aplicaciones que ayuden a sortear estas restricciones de accesos.
La responsabilidad de las plataformas y las familias
Desde el Gobierno se insiste en que la protección de los menores no puede recaer exclusivamente en las familias. La nueva normativa busca trasladar una mayor carga de responsabilidad a las plataformas, obligándolas a rediseñar sus modelos de acceso y a invertir en seguridad y control.
No obstante, expertos en educación digital subrayan que la regulación, por sí sola, no resolverá el problema.
Sin una combinación de supervisión familiar, alfabetización digital y compromiso real de las empresas tecnológicas, los menores seguirán explorando los límites del sistema.
Controlar se puede volver en contra
La propuesta española se enmarca en un debate global sobre cómo regular las redes sociales sin convertir internet en un espacio hipercontrolado. La experiencia internacional demuestra que las prohibiciones absolutas suelen generar efectos no deseados y empujan a los usuarios hacia soluciones alternativas.








