El panorama económico mundial parece atravesar un territorio desconocido. Mercados que suben y bajan sin lógica aparente, metales preciosos disparados, criptomonedas desplomadas y una inteligencia artificial que avanza a una velocidad difícil de asimilar. En medio de esa tormenta de señales contradictorias, Richard Gracia, empresario, inversor y autor del libro ‘El Método Rico‘, asegura que el mundo tal como lo conocemos está a punto de cambiar de forma radical.
“Esta crisis puede ser diferente”, manifiesta. “Puede ser simplemente que todo suba y, si tú no estás invertido, te vuelvas más pobre por el mero hecho de no invertir”. Para Gracia, el escenario actual, sumado a la inteligencia artificial y sus alcances, no se parece a los de 2008 o a los de otras recesiones clásicas. Esta vez, dice, podría no existir ese momento en el que los activos se desploman y ofrecen oportunidades claras de compra. “Van a existir dos tipos de personas: los que inviertan y los que no. Los que se mantengan o crezcan y los que serán cada vez más pobres”, da cuenta.
Inteligencia artificial: La disrupción que viene

Gracia no tiene dudas sobre el impacto que la inteligencia artificial tendrá en el mercado laboral. “Cientos de millones de personas se van a quedar sin empleo. No tengo ninguna duda”, afirma. Y ante la pregunta de si esos trabajadores podrán reubicarse en nuevas actividades, su respuesta es aún más inquietante: “Creo que va a ser tan rápido que no va a dar tiempo”.
A su juicio, esta revolución de la inteligencia artificial no se parece a ninguna anterior. La Revolución Industrial sustituyó fuerza física; la actual, en cambio, reemplaza pensamiento. “Todo lo que hacemos delante de un ordenador —analizar datos, escribir, comunicar, crear— es potencialmente sustituible. Y la velocidad de adopción de estas tecnologías es infinitamente mayor que antes”.
El inversor dibuja un escenario de “economía en K”: una minoría que se beneficiará enormemente de la hiperproductividad de la inteligencia artificial y una mayoría que quedará desplazada. Las grandes empresas tecnológicas, los propietarios de activos y quienes estén bien invertidos se situarán en la parte alta de esa K. El resto dependerá, probablemente, de algún tipo de renta básica universal.
Por eso insiste en un mensaje central: “Si en cinco años no has construido un patrimonio, estás fuera del juego. Tendrás que conformarte con lo que te den, y probablemente eso no te alcance para ahorrar e invertir”.
Invertir para no quedarse atrás
Frente a un futuro tan incierto, Richard Gracia propone una estrategia clara para combatir la inteligencia artificial: construir patrimonio y diversificar al máximo. “Lo primero es crear un patrimonio lo más grande posible y, lo segundo, lo más diversificado posible. Pase lo que pase —China, Estados Unidos, inteligencia artificial, crisis de las monedas— no te van a fallar todas las patas a la vez”.
Para él, la clave no está en adivinar qué activo será el ganador absoluto, sino en protegerse de cualquier escenario. Acciones globales, inmuebles, metales preciosos, incluso un porcentaje en bitcoin: todo puede tener sentido dentro de una estrategia coherente y a largo plazo.
“En el corto plazo los mercados son impredecibles. Están supeditados a noticias, emociones y manipulación. Pero a largo plazo todo tiende a tener sentido”, explica. Por eso desaconseja intentar hacer trading o seguir impulsos del momento. “Competir contra bancos y fondos que manejan miles de millones es una batalla perdida”.
Su receta, en cambio, es mucho más sencilla de lo que parece: invertir de forma periódica en grandes índices mundiales, añadir algo de oro como protección y, si se cree en la tesis, un pequeño porcentaje en criptomonedas. “Invertir no es complicado. Lo hacen parecer complicado para que dependas de otros”.
Uno de los puntos más polémicos de su análisis es la crítica al papel actual de bitcoin como supuesto “refugio de valor”. Mientras el oro se ha disparado en los últimos meses, la criptomoneda ha sufrido fuertes correcciones.
“La narrativa de bitcoin como sustituto del oro no ha funcionado. Se ha probado que, al menos por ahora, no cumple ese papel”, sostiene. Además, cree que con la llegada de los ETF se ha vuelto un activo mucho más manipulable por los grandes actores financieros. Aun así, no lo descarta completamente. “Si te crees la tesis de bitcoin, puedes tener un 5 o un 10% en cartera. Pero siempre dentro de una estrategia diversificada. Nadie sabe si irá a 50.000 o a 250.000”.
Sobre el oro, reconoce que históricamente ha servido como protección, pero recuerda que no genera ningún tipo de flujo de caja. “Vale lo que la gente esté dispuesta a pagar por él”. Por eso, frente a la pregunta de qué elegiría entre 200.000 euros en oro o en un piso, su respuesta es matizada: el oro preserva capital; el inmueble genera ingresos.









