Ned Naylor-Leyland, gestor del fondo Jupiter Gold & Silver (Jupiter AM), explica por qué el entorno actual para el oro, la plata y las mineras resulta atractivo.
Las correcciones abruptas forman parte del comportamiento técnico habitual en los mercados de metales preciosos. No voy a afirmar que las acciones mineras estén exentas de caídas en estos contextos. Por supuesto que pueden caer y lo hacen. Lo que no espero ver, sin embargo, es que las mineras reaccionen de forma tres veces más violenta que el movimiento del precio al contado de los metales, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
Un ejemplo claro lo vivimos en noviembre, cuando una corrección técnica coincidiendo con vencimientos de opciones llevó al oro y la plata a retroceder, y vimos una caída más pronunciada en las acciones. Sin embargo, esta reacción no estuvo impulsada por flujos de venta reales, sino por algoritmos y desinversiones automáticas. Nosotros lo interpretamos como una oportunidad: aprovechamos ese momento para reforzar nuestras posiciones en algunas de nuestras cinco principales mineras.
El mercado de acciones mineras sigue siendo un mercado de renta variable. Y como tal, está sujeto a las dinámicas de flujos. Necesitamos que haya entradas netas de capital. Si los flujos se invierten, las acciones caerán, incluso cuando los fundamentales sigan siendo excelentes. Pero esto, lejos de ser un motivo de alarma, representa una oportunidad de compra, especialmente si el retroceso responde a factores técnicos más que a un deterioro estructural.
Desde mi punto de vista, solo un cambio significativo en la política monetaria podría generar una corrección profunda. Y ese escenario -una Reserva Federal girando de forma contundente hacia una postura hawkish- todavía parece altamente improbable. Por tanto, cualquier retroceso técnico debería ser considerado, en mi opinión, como una ocasión para incrementar la exposición.

Oro: una tendencia estructural en marcha
El rally del oro ha sido impulsado por un contexto geopolítico, fiscal y monetario sin precedentes. Pero lo más revelador no es dónde está el precio, sino quién está participando, o mejor dicho, quién no lo está haciendo todavía.
Lo que hemos observado es que los grandes flujos de inversión institucional, canalizados habitualmente a través de ETF de oro físico, siguen sin activarse. De hecho, las tenencias actuales en estos productos están por debajo de los niveles de hace cinco años, cuando el oro cotizaba en torno a los 2.000 dólares por onza.
Cinco claves detrás del rally histórico de la plata y lo que puede venir en 2026
Esto nos dice que el rally actual está siendo sostenido fundamentalmente por dos componentes: el capital especulativo (hedge funds, trend followers, CTAs) y la demanda física asiática. Para ilustrarlo, me gusta usar una analogía sencilla: un sándwich de helado. Las dos galletas están calientes —el capital apalancado y la compra física—, pero la parte del medio, la inversión long only, sigue congelada. Esa capa central es la más relevante por volumen y capacidad de arrastre.
Desde mi perspectiva, esto es muy positivo. Nos indica que aún estamos en una fase temprana del ciclo. La forma en que los inversores construyen sus carteras hoy está cada vez más influenciada por las narrativas de tendencia. Y no tengo dudas de que el oro y la plata están a punto de convertirse en el próximo gran tema de mercado. Cuando eso ocurra, veremos activarse ese componente central del sándwich. Y cuando entre, entrará con fuerza.
Minas de oro: una oportunidad infravalorada
En mi opinión, la historia más convincente del mercado hoy está en las acciones mineras. Resulta paradójico que, a pesar de los precios históricos del oro, las valoraciones de las mineras se mantengan deprimidas. Lo que estamos viendo en el sector es una generación de caja sin precedentes.
Los márgenes de free cash flow de los productores de oro han pasado, en apenas siete años, del 10% al 50%. Para ponerlo en perspectiva, eso es más del doble de lo que genera el sector tecnológico, considerado habitualmente como el referente de eficiencia operativa en renta variable. Sin embargo, el mercado no está reconociendo esa mejora en los precios. Al contrario: las acciones se han abaratado.

Hoy estamos viendo recompras de acciones, pagos de dividendos -incluso dividendos especiales- y un incremento notable en la actividad de fusiones y adquisiciones. Y aun así, las métricas de valoración se mantienen en niveles históricamente bajos. Desde mi punto de vista, esta desconexión no puede durar indefinidamente. Y ofrece un punto de entrada excepcional para el inversor que busca exposición a la renta variable de calidad, con fundamentales sólidos y potencial de revalorización.
Plata: tensiones crecientes en el mercado físico
Siempre hemos defendido que, a largo plazo, la plata tomará el liderazgo respecto al oro. No es un mercado menor; al contrario, su volumen diario sigue siendo muy significativo, y su componente físico tiene un peso estructural muy superior al de otros metales.
Lo que estamos viendo ahora confirma una tesis que llevamos años defendiendo: comienzan a aparecer fallos de entrega, restricciones a la exportación en China, y una creciente divergencia entre los precios de la plata en Shanghái y en los mercados occidentales. Todo esto apunta a tensiones en el mercado físico, que podrían derivar en una dislocación aún mayor.
Un ángulo especialmente interesante es el de las monedas de plata. En nuestra opinión, están extremadamente infravaloradas. El mercado sigue operando con lógicas de precio que corresponden a un entorno de 5 a 30 dólares por onza. Pero hoy estamos en los 90, y el ajuste de valoración aún no ha llegado. Esto nos ofrece una ventana de oportunidad muy clara.
En resumen, el entorno actual para el oro, la plata y las acciones mineras es, desde nuestro punto de vista, extraordinariamente atractivo. La falta de participación del capital institucional en el oro, los fundamentos operativos de las mineras y las tensiones en el mercado físico de la plata refuerzan nuestra convicción.








