jueves, 5 febrero 2026

Mario de Wonder (30), biólogo y creador de contenido: “Los gatos pueden ser psicópatas; eso rompe un poco la imagen que solemos tener de ellos”

El biólogo y divulgador Mario de Wonder explica cómo estudios científicos analizan rasgos de psicopatía en gatos domésticos, desmontando mitos sobre su carácter, empatía y particular forma de relacionarse con humanos y otros animales cotidianos.

Mario de Wonder es biólogo, divulgador y una de las voces más escuchadas en redes cuando se habla de ciencia y comportamiento animal. Con solo 30 años ha construido una comunidad digital enorme alrededor de su proyecto “Wonder Verso”. Desde allí aborda temas complejos con un lenguaje cercano y, a veces, con afirmaciones que sorprenden. Una de ellas tiene como protagonista a los gatos.

Según explica, la psicopatía no es un rasgo exclusivo del ser humano. También puede observarse en determinadas especies animales. “Los gatos pueden ser psicópatas; eso rompe un poco la imagen que solemos tener de ellos”, afirma. La frase, provocadora y llamativa, resume una idea respaldada por investigaciones recientes.

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Cuando el comportamiento del gato se parece al humano

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La psicopatía aclara Mario de Wonder, se estudia a través de un modelo conocido como triárquico. Este sistema evalúa tres características principales: impulsividad, falta de empatía y tendencia a la agresión. En los gatos, esas mismas conductas pueden medirse y compararse con patrones humanos.

“No basta con un solo rasgo para etiquetar a un animal”, explica. Un gato impulsivo o poco sociable no es necesariamente psicópata. Sin embargo, cuando se combinan tres o cuatro de esos comportamientos, los expertos consideran que puede tratarse de un caso claro. De hecho, un estudio con mil ejemplares determinó que alrededor del diez por ciento mostraba tendencias compatibles con la psicopatía.

El dato sorprende, pero tiene lógica biológica. El gato doméstico desciende del gato africano salvaje, un depredador solitario que evolucionó para cazar por su cuenta. En ese contexto, la empatía no aporta ninguna ventaja. Al contrario, competir por el territorio y por la comida es la norma.

De allí surge una explicación interesante: algunos gatos pueden ser cariñosos con su dueño y, al mismo tiempo, extremadamente agresivos con otros humanos o animales. No se trata de contradicción, sino de una relación basada en la conveniencia. “Con su cuidador establecen un vínculo casi parasitario: lo necesitan y lo toleran. Pero eso no implica afecto hacia el resto”, detalla el divulgador.

Mario de Wonder compara esta realidad con lo que ocurre entre las personas. En la sociedad humana también existe un pequeño porcentaje de individuos con rasgos psicopáticos, estimado entre el uno y el cinco por ciento. El paralelismo resulta inquietante, pero sirve para entender mejor al popular gato doméstico.

Perro o gato: dos formas distintas de relacionarse

Perro o gato: dos formas distintas de relacionarse
Fuente: Agencias

La conversación deriva inevitablemente en el eterno debate sobre qué mascota es mejor. Para Mario de Wonder, no hay una respuesta universal. Todo depende del estilo de vida de cada persona. El perro y el gato representan modelos opuestos de comportamiento que responden a su historia evolutiva.

El perro proviene de un animal social y gregario. Fue domesticado hace al menos veinte mil años y, durante generaciones, se seleccionaron ejemplares cada vez más empáticos y colaborativos. Por eso un perro puede interpretar emociones humanas, obedecer órdenes y desarrollar una relación de dependencia afectiva.

El gato, en cambio, fue domesticado mucho más tarde, hace unos nueve mil años. Su proceso de adaptación al hogar fue más breve y menos intenso. Mantiene gran parte de su naturaleza independiente. Para algunas personas eso es una ventaja; para otras, una desventaja.

“Si tienes tiempo libre, te gusta salir y necesitas compañía constante, un perro es ideal”, resume Mario. “Pero si llevas una vida ocupada, pasas muchas horas fuera y buscas una mascota más autónoma, el gato encaja mejor”. No se trata de decidir cuál es más inteligente o más cariñoso, sino de entender qué espera cada uno del vínculo.

El divulgador admite que estas afirmaciones suelen generar polémica. Hay quienes se resisten a aceptar que un gato pueda carecer de empatía o actuar por puro interés. Sin embargo, insiste en que no se trata de juzgar, sino de comprender su naturaleza.

También aclara que hablar de psicopatía en animales no significa demonizarlos. Un gato con conductas agresivas no es “malo”; simplemente responde a impulsos heredados de su pasado como cazador solitario. Con educación, estímulos adecuados y un entorno estable, la mayoría logra convivir sin problemas.


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