jueves, 5 febrero 2026

El estudio con 88.000 personas que pone en duda tu lámpara de noche

- La luz natural regula tu energía, tu sueño y tu ánimo mucho más de lo que imaginas.

La lámpara de noche que te acompaña al dormir podría estar influyendo más de lo que imaginas. Durante años nos han repetido que tengamos cuidado con el sol. Y sí, hay que tenerlo. Pero en medio de ese mensaje se nos ha olvidado algo importante: la luz solar también es una aliada silenciosa del cuerpo. No solo por la vitamina D, que es lo más conocido, sino por todo lo que regula sin que nos demos cuenta.

El nutricionista Endika Montiel insiste en recuperar una relación más natural con la luz del día. No desde el exceso ni desde la obsesión, sino desde el equilibrio. Algo que, curiosamente, parece sencillo… pero que en la vida real se nos complica bastante.

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El reloj interno que se desajusta sin que lo notes

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La luz de la mañana activa el cuerpo sin que lo notes. Fuente: IA.

El cuerpo funciona como un reloj bastante preciso. O al menos lo intenta. La luz natural es una de las señales que le dice cuándo activarse y cuándo bajar revoluciones. Cuando salimos a la calle por la mañana y nos da la luz en la cara, el organismo interpreta: “es hora de empezar”. Parece básico, pero no siempre ocurre.

Entre pantallas, interiores y horarios poco amables, muchas personas pasan horas y horas sin apenas luz natural. Luego llega la noche y cuesta dormir. O el día y falta energía. Y uno piensa que es el estrés, el trabajo o la rutina (que también), pero a veces es algo tan simple como que el cuerpo ha perdido la referencia de la luz.

A mí me pasó hace un tiempo: días enteros entre casa y ordenador, con poca calle. Dormía peor, me notaba más cansado. Empecé a salir a caminar por la mañana —sin hacer nada especial, solo salir— y la diferencia fue evidente. Pequeños cambios que parecen mínimos, pero no lo son.

No es solo vitamina D

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El bienestar también se construye fuera de casa. Fuente: IA.

Durante años hemos reducido el sol a una ecuación rápida: sol igual a vitamina D. Y sí, la vitamina D es importante. Pero la luz natural hace bastante más. Influye en las hormonas, en el metabolismo, en la energía y hasta en el estado de ánimo. Es como una señal que organiza al cuerpo por dentro.

El organismo interpreta la luz como información. Le dice cuándo producir ciertas sustancias, cuándo activarse, cuándo prepararse para descansar. Cuando esa señal falta o es insuficiente, el sistema se desordena un poco. No de forma dramática, pero sí lo suficiente como para notarlo en el día a día.

Y luego está el miedo al sol. Ese mensaje tan instalado de evitarlo casi por completo. El problema es que, al intentar protegernos de los excesos, muchas veces hemos pasado al extremo contrario. Ni quemarse ni esconderse del todo. Encontrar el punto medio es, probablemente, la clave.

Volver a la luz (sin dramatismos)

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Unos minutos al sol pueden cambiar el tono del día. Fuente: IA.

La propuesta no es complicada. Recibir luz natural por la mañana, aunque sean unos minutos. Salir a caminar. Asomarse a la ventana. Dejar que el cuerpo tenga esa referencia. No hace falta convertirlo en un ritual perfecto ni en una disciplina estricta. Solo recuperar un hábito sencillo que antes era automático.

Evitar las quemaduras, por supuesto. Adaptar el tiempo de exposición a cada persona. Y combinar la luz con lo de siempre: dormir mejor, comer de forma equilibrada, moverse un poco más. Todo suma.

El problema del estilo de vida actual es que nos ha metido en interiores casi permanentes. Casas, oficinas, pantallas. La luz artificial manda más de lo que creemos. Y el cuerpo, que sigue funcionando con ritmos antiguos, se desorienta un poco.

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