miércoles, 4 febrero 2026

Laura Sánchez, 41 años: el teletrabajo convirtió el ruido de su comunidad en un conflicto diario

Cuando Laura Sánchez empezó el teletrabajo pensó que había tenido suerte. Tenía 41 años, un empleo estable en una empresa de marketing digital y la posibilidad de trabajar desde casa varios días a la semana. Sin embargo, lo que al principio parecía una ventaja se transformó rápidamente en una fuente constante de conflictos con sus vecinos. El problema no era el trabajo en sí, sino el ruido cotidiano de una comunidad que nunca había tenido que soportar durante ocho horas seguidas.

Antes del teletrabajo, Laura salía de casa a las ocho de la mañana y regresaba por la tarde. Los ruidos del edificio apenas le afectaban. Pero pasar jornadas completas en el salón, con reuniones online y llamadas constantes, le hizo ser consciente de todo lo que ocurría a su alrededor: tacones a primera hora, taladros a media mañana, niños jugando en el pasillo y televisiones a todo volumen después de comer.

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El choque entre horarios laborales y vida doméstica

El principal problema surgió cuando Laura empezó a pedir silencio en momentos concretos. No exigía un mutismo absoluto, pero sí evitar ruidos intensos durante sus reuniones más importantes. Algunos vecinos lo entendieron. Otros, no tanto.

Una vecina del piso superior defendía que tenía derecho a pasar la aspiradora a las diez de la mañana. Otro alegaba que las obras estaban permitidas por normativa. Incluso hubo quien le dijo directamente que teletrabajar era su elección, no una obligación de la comunidad.

Laura empezó a sentirse atrapada. Por un lado, necesitaba cumplir con su trabajo. Por otro, no podía imponer silencio en un edificio donde la vida seguía su curso normal. El teletrabajo, que había llegado para quedarse, chocaba de frente con una realidad para la que muchas comunidades no estaban preparadas.

Cuando el ruido deja de ser puntual y se vuelve constante

El conflicto escaló cuando Laura pidió formalmente que se respetaran ciertos horarios de descanso durante la mañana. Algunos vecinos interpretaron la petición como una queja excesiva. Aparecieron comentarios en el grupo de WhatsApp de la comunidad y algún mensaje pasivo-agresivo en el tablón del portal.

Lo que más le sorprendió fue darse cuenta de que el ruido no siempre era ilegal, pero sí constante. Golpes, arrastres de muebles, conversaciones en voz alta y música a volumen medio, que antes apenas notaba, se volvieron insoportables al pasar tantas horas en casa.

Laura empezó a usar auriculares con cancelación de ruido, reorganizó su jornada laboral y hasta probó a cambiar de habitación para trabajar. Aun así, la tensión con algunos vecinos ya estaba creada.

teletrabajo
El teletrabajo forma parte del día a día de muchísimas personas. Fuente: Canva

¿Qué dice la normativa sobre ruido y teletrabajo?

Uno de los grandes errores en este tipo de conflictos es pensar que el teletrabajo da derecho a exigir silencio absoluto. La realidad es más compleja. Las normas de convivencia suelen establecer horarios de descanso, pero no prohíben el ruido habitual durante el día.

Esto significa que actividades como pasar la aspiradora, hacer obras autorizadas o que los niños jueguen no son ilegales si se realizan dentro de los horarios permitidos. Para Laura fue frustrante descubrir que, aunque el ruido afectaba a su trabajo, no siempre tenía respaldo legal para reclamar.

Aun así, existen límites. El ruido excesivo, continuado o claramente molesto puede denunciarse si supera ciertos niveles. El problema es demostrarlo y, sobre todo, mantener la convivencia sin que el conflicto vaya a más.

La convivencia en la era del teletrabajo

Con el paso de los meses, Laura entendió que el verdadero reto no era el ruido, sino la falta de adaptación colectiva a una nueva forma de trabajar. Muchos edificios siguen funcionando con normas pensadas para personas que pasaban el día fuera de casa.

Finalmente, optó por una solución práctica: combinó el teletrabajo con días presenciales, ajustó sus reuniones a horas más tranquilas y habló individualmente con los vecinos más conflictivos, lejos del grupo comunitario.

Hoy reconoce que el teletrabajo ha cambiado las reglas del juego en muchas comunidades. “No se trata de imponer silencio, pero tampoco de ignorar que ahora hay gente trabajando desde casa”, explica.

Su caso refleja un problema cada vez más común: edificios pensados para dormir y vivir, no para trabajar. Mientras no se adapten normas y mentalidades, el ruido seguirá siendo uno de los principales focos de conflicto vecinal en la era del teletrabajo.


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