Para entender el salto de gigante que ha dado el Banco Santander en 2025, hay que mirar directamente al otro lado del Atlántico. La entidad presidida por Ana Botín ha sacudido el tablero financiero con la adquisición estratégica de Webster Bank, una operación valorada en miles de millones de euros que no solo amplía su presencia en Estados Unidos, sino que cambia por completo su perfil de riesgo y rentabilidad en el mercado más competitivo del mundo.
Esta compra es el motor oculto tras los beneficios récord de 12.500 millones de euros anunciados hoy. Al integrar Webster, el Santander no solo engulle una jugosa cartera de depósitos en el noreste de EE. UU., sino que consolida su banca comercial americana bajo una estructura mucho más robusta y eficiente. Es la pieza del puzle que faltaba para dejar de ser un actor secundario en territorio estadounidense y empezar a tutear a los grandes colosos de Wall Street.
La jugada maestra de Botín en el noreste de Estados Unidos
La absorción de Webster Bank no ha sido un movimiento impulsivo, sino una cirugía de precisión para dominar mercados clave como Connecticut, Massachusetts y Rhode Island. Con esta integración, el Santander logra una masa crítica de clientes premium y de pequeñas empresas que eran el objeto de deseo de la competencia. No se trata solo de sumar sucursales, sino de capturar un flujo de depósitos estables que permite abaratar el coste de financiación de todo el grupo a nivel global.
El mercado ha aplaudido la operación porque las sinergias de costes están aflorando mucho más rápido de lo que preveían los analistas más escépticos. La entidad ha conseguido unificar las plataformas tecnológicas de ambas instituciones en tiempo récord, evitando el caos operativo que suele lastrar este tipo de fusiones bancarias transatlánticas. El Santander es ahora una entidad mucho más «americana», con lo que eso conlleva de cara a la valoración que hacen los grandes fondos de inversión internacionales.
El impacto directo de Webster en los 12.500 millones de beneficio
Si el Santander ha logrado batir su propio techo de cristal financiero, es en gran medida gracias a la aportación neta de las nuevas carteras adquiridas. Webster Bank ha inyectado un margen de intereses muy superior al que ofrece el mercado europeo, aprovechando la curva de tipos en Estados Unidos para disparar la rentabilidad por cliente. Los ingresos procedentes de la gestión de activos y la banca de empresas de la entidad absorbida han superado todas las proyecciones internas del ejercicio.
Lo más relevante para el inversor es que esta compra se ha digerido sin castigar los niveles de capital del banco cántabro. La capacidad del Santander para absorber activos de tal magnitud manteniendo un ratio de capital CET1 por encima del 12% es lo que ha permitido anunciar ese reparto masivo de 6.000 millones de euros a los accionistas. Sin el impulso de Webster, el dividendo difícilmente habría alcanzado las cotas históricas que hoy celebran los mercados en la Bolsa de Madrid.
Una bicefalia geográfica que blinda la cuenta de resultados
La entrada de Webster Bank en la familia Santander actúa como un escudo protector ante la desaceleración del crédito en el Viejo Continente. Mientras Europa lidia con una economía más estancada, el banco se apoya en la fortaleza del consumo estadounidense para mantener el ritmo de crucero en sus beneficios trimestrales. Esta diversificación geográfica real es lo que permite a la entidad prometer rentabilidades de doble dígito (RoTE) incluso en escenarios macroeconómicos de gran volatilidad.
No obstante, integrar una entidad de este tamaño en EE. UU. implica enfrentarse a una supervisión regulatoria mucho más férrea por parte de la Reserva Federal. El Santander ha tenido que reforzar sus protocolos de cumplimiento y gestión de riesgos para alinearse con los estándares americanos, una inversión en gobernanza que a largo plazo le otorga una ventaja competitiva frente a otros bancos europeos. La compra no solo ha traído beneficios, sino una cultura de gestión mucho más agresiva y eficiente.
El asalto al mercado de pagos y banca de inversión
Webster Bank no es solo una red de oficinas; es una puerta de entrada a segmentos de negocio de alto valor añadido donde el Santander quiere reinar. La integración permite al banco español expandir sus servicios de pagos (PagoNxt) en una base de clientes corporativos que antes eran inaccesibles. La combinación de la red global del Santander con el conocimiento local de Webster está creando un híbrido financiero capaz de captar mandatos de banca de inversión de tamaño medio que antes acababan en manos de bancos regionales americanos.
Esta ambición se traduce en una diversificación de ingresos que reduce la dependencia del margen de intereses puro y duro. El Santander busca que las comisiones por servicios especializados representen una parte cada vez mayor de su tarta de beneficios en Estados Unidos. Webster es el laboratorio perfecto para probar estos nuevos productos digitales antes de escalarlos a otros mercados como México o Brasil, funcionando como una incubadora de rentabilidad tecnológica dentro del grupo.
El futuro tras la integración: ¿habrá más compras en EE. UU.?
Con la digestión de Webster prácticamente terminada, la pregunta que circula en los mentideros financieros es si Ana Botín volverá a sacar la chequera. De momento, la consigna oficial es el crecimiento orgánico y la maximización del retorno al accionista, pero nadie descarta nuevas adquisiciones selectivas que refuercen áreas específicas de negocio. El Santander ha demostrado que sabe comprar y, sobre todo, que sabe integrar con éxito en el mercado más difícil del planeta.
El éxito de esta operación marca un antes y un después en la historia del banco, que deja de ser un gigante español con presencia internacional para convertirse en un jugador global con ADN americano. El 2026 se presenta como el año de la consolidación total de este nuevo modelo, donde la eficiencia y la escala serán las únicas métricas que importen. El Santander ha encontrado en Webster Bank la gasolina necesaria para que su motor financiero siga batiendo récords durante la próxima década.








