jueves, 5 febrero 2026

María José Garrido (47), comandante de la Guardia Civil y psicóloga: “Todos nos hemos cruzado alguna vez con psicópatas sin saberlo”

La comandante y psicóloga María José Garrido advierte que el psicópata no siempre es identificable y que muchas personas capaces de cometer crímenes parecen normales, lo que obliga a comprender mejor la mente y la gestión emocional.

La imagen del psicópata como un ser oscuro y fácilmente reconocible forma parte del imaginario colectivo. Sin embargo, la realidad que describe la psicología criminal es mucho más inquietante. Detrás de muchos crímenes hay personas comunes, con trabajos normales y vidas aparentemente corrientes.

María José Garrido, comandante de la Guardia Civil y psicóloga especializada en investigación criminal, lleva más de dos décadas analizando esa zona gris donde conviven la normalidad y el horror. Su experiencia desmonta un mito persistente: no todo criminal es un psicópata y no todo psicópata es un criminal.

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El psicópata que parece una persona normal

El psicópata que parece una persona normal
Fuente: Canva

“Cualquier persona puede matar”, afirma Garrido sin dramatismo, con la serenidad de quien ha escuchado confesiones difíciles de olvidar. Para ella, el concepto de psicópata se ha convertido en una etiqueta fácil que no siempre explica lo que ocurre. En su trabajo ha entrevistado a agresores sexuales, homicidas y delincuentes de todo tipo, y la conclusión es clara: la mayoría no encaja en el perfil clásico.

Los perpetradores, explica, suelen ser individuos normoadaptados. Personas que se visten como cualquiera, que llevan a sus hijos al colegio y que saludan a sus vecinos. “No hay señales de alarma evidentes”, sostiene. Ese es precisamente el mayor peligro del psicópata y de quienes, sin serlo, pueden llegar a cometer actos atroces.

El psicópata real no siempre se parece al de las películas. No lleva una marca en la frente ni una mirada que lo delate. A veces muestra encanto superficial, frialdad afectiva y ausencia de empatía, pero esos rasgos también pueden aparecer en personas que jamás cometerán un delito. Por eso, diferenciar entre un psicópata y alguien que atraviesa una crisis emocional extrema es una tarea compleja.

Garrido insiste en que el mal existe sin necesidad de patologías. Ha visto crímenes impulsivos, motivados por celos, por rencor o por desesperación. “Hay gente que cruza la línea sin ser un psicópata”, explica. Y añade que muchos homicidios son profundamente emocionales, alejados de la frialdad calculadora que se atribuye al psicópata clásico.

En su libro Sobre personas y monstruos, la comandante reflexiona sobre esa dualidad. El psicópata aparece como una posibilidad, pero no como la única explicación del horror. La frontera entre persona y monstruo, dice, es más frágil de lo que queremos admitir.

La psicología como herramienta para entender el crimen

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La trayectoria de Garrido combina vocación militar y pasión por la psicología. Tras formarse como psicóloga, ingresó en la Guardia Civil y se especializó en aplicar la psicología a la investigación criminal. Desde esa posición ha aprendido que el comportamiento humano rara vez es simple.

Uno de los conceptos que más repite es el de “psicoticismo”, un rasgo de personalidad relacionado con la baja empatía. Todo psicópata tiene un alto nivel de psicoticismo, pero no toda persona con psicoticismo elevado es uno de ellos. Esa diferencia es fundamental para no convertir el término en un cajón de sastre.

En su experiencia, muchos criminales no presentan trastornos mentales graves. No actúan desconectados de la realidad como haría un enfermo psiquiátrico. Tampoco responden siempre al perfil frío y manipulador de estas personas. A menudo son personas desbordadas por la ansiedad, el resentimiento o la falta de herramientas emocionales.

“Los grandes detonantes son la impulsividad y la mala gestión emocional”, señala. Un divorcio conflictivo, una humillación pública o una ruptura mal asumida pueden empujar a alguien común hacia decisiones irreversibles. En esos casos, el psicópata no aparece por ningún lado, aunque el resultado sea igual de devastador.

Su trabajo consiste en reconstruir esas motivaciones. Entrevista a testigos, analiza comportamientos y trata de entender qué llevó a alguien a cruzar el límite. “Sin confianza no hay investigación”, resume. Incluso frente a un psicópata confeso, la clave está en saber escuchar.

Garrido no cree que el psicópata nazca necesariamente malo. Piensa que hay una mezcla de predisposición biológica y entorno. Un psicópata puede desarrollarse en un ambiente desfavorable, pero también existen personas sin rasgos de típicos que terminan cometiendo crímenes por circunstancias vitales extremas.

A lo largo de su carrera ha comprobado que estas personas generan fascinación social, pero que la realidad es menos cinematográfica. El verdadero desafío no es identificar al psicópata evidente, sino comprender por qué una persona aparentemente normal puede convertirse en agresor.


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