La cifra es oficial y no admite discusión: España ha batido su récord turístico. El récord turístico en España no solo pulveriza las marcas previas a la pandemia, también sitúa al país por delante de competidores directos como Francia o Italia en crecimiento neto de visitantes.
Aunque muchos celebran el dato, lo cierto es que el impacto real va mucho más allá de los hoteles llenos. Detrás de esos millones hay barrios tensionados, aeropuertos al límite y una economía cada vez más dependiente de un sector que no siempre reparte beneficios de forma homogénea.
Un récord que llega antes de lo esperado
El Ministerio de Turismo no esperaba alcanzar estas cifras hasta bien entrada la segunda mitad de la década. Sin embargo, la recuperación acelerada tras la pandemia ha cambiado todas las previsiones y ha devuelto a España al centro del mapa turístico global.
En la práctica, este récord turístico en España se apoya en varios factores clave: conectividad aérea, seguridad percibida y una oferta diversificada. Pero el crecimiento no ha sido uniforme, y algunas comunidades han asumido mucha más presión que otras, algo que empieza a notarse en el debate público.
Más turistas, pero también más gasto
No solo han llegado más visitantes, también han gastado más. El desembolso total supera cifras históricas y refuerza el peso del turismo en el PIB. El turista actual viaja menos días, pero deja más dinero, una tendencia que el sector observa con alivio.
Ese cambio de perfil explica por qué hoteles y restauración celebran el récord turístico en España mientras otros sectores miran con cautela. El problema aparece cuando el gasto no compensa los costes sociales, especialmente en vivienda y servicios básicos.
El papel clave de Reino Unido, Francia y Alemania
Reino Unido sigue liderando el ranking de visitantes, seguido de Francia y Alemania. Estos mercados tradicionales sostienen el récord turístico en España año tras año. La novedad está en Estados Unidos y América Latina, con crecimientos porcentuales muy superiores.
Este giro internacional tiene consecuencias claras: más vuelos de largo radio, estancias más caras y una presión distinta sobre las ciudades. No es el mismo turista que hace una escapada de fin de semana, y eso obliga a repensar infraestructuras y servicios.
Ciudades saturadas y territorios vacíos
Mientras Barcelona, Madrid o Baleares rozan la saturación, otras zonas apenas notan el boom. El récord turístico en España no se reparte de forma equitativa, y ahí está uno de los grandes retos pendientes.
Algunas comunidades intentan atraer visitantes fuera de temporada o hacia el interior, pero el turista sigue prefiriendo lo conocido. Cambiar esa dinámica requiere inversión, planificación y algo de paciencia, tres cosas que no siempre van de la mano.
¿Hasta dónde puede crecer el turismo español?
La gran pregunta ya no es cuántos turistas más pueden llegar, sino a qué precio. El récord turístico en España ha reabierto el debate sobre límites y sostenibilidad, algo que hasta hace poco sonaba casi herético.
El sector defiende que el crecimiento es compatible con el bienestar social, pero cada verano surgen las mismas señales de alarma. El éxito es incuestionable; la forma de gestionarlo, no tanto.








