miércoles, 4 febrero 2026

Sergi Andrés, sargento de bomberos: «No es el fuego, esto es lo que más nos preocupa en cada emergencia»

Sergi Andrés, Sargento de Bomberos de Barcelona, redefine la idea de heroicidad: su misión ya no es solo entrar al fuego, sino dirigir, prevenir riesgos y proteger a su equipo para que cada intervención termine sin daños.

En el imaginario colectivo, un bombero es esa figura heroica que atraviesa paredes de fuego con una manguera al hombro. Sin embargo, para Sergi Andrés, Sargento de los Bomberos de Barcelona, la heroicidad tiene hoy un matiz distinto que se mide en la distancia. Tras más de dos décadas de servicio —combinando su labor como voluntario en la Generalitat y su carrera profesional en la capital catalana—, Sergi ha aprendido que, a veces, la mejor forma de salvar vidas es dar tres pasos hacia atrás para obtener la perspectiva necesaria.

Su ascenso a Sargento no es solo un cambio de galones en el uniforme, sino el paso definitivo del «barro» a la estrategia. “Mi faena es, sobre todo, que no se haga daño nadie”, afirma con la serenidad de quien ha visto los tendones de su propia mano tras un accidente en acto de servicio y sabe que, en este oficio, un error de gestión se paga con la integridad de un compañero.

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El gusanillo que se convirtió en anaconda

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Sergi no siempre supo que vestiría el uniforme. Mientras estudiaba ingeniería, se acercó al parque de bomberos de su zona como voluntario simplemente para experimentar la profesión desde dentro. Lo que empezó como una curiosidad para «matar el gusanillo» terminó devorando sus planes iniciales. Según sus propias palabras, aquel interés inicial se convirtió rápidamente en una anaconda que lo atrapó por completo, llevándolo a entender que no quería otra vida que no fuera esta.

Durante años, Sergi mantuvo una doble vida profesional. Mientras trabajaba en Barcelona, seguía vinculado al cuerpo de voluntarios de la Generalitat, lo que le otorga una visión privilegiada sobre la actual controversia del sector. Defiende con firmeza el valor de aquellos que, sin recibir un salario, han dedicado su vida y su tiempo familiar a proteger pueblos alejados donde el servicio profesional no siempre llega a tiempo. Para él, la actual tendencia a profesionalizarlo todo bajo normativas europeas corre el riesgo de olvidar la trayectoria y el conocimiento de personas que, siendo expertos en otros oficios como la construcción, aportan una maestría inigualable en situaciones críticas como los apuntalamientos.

Bomberos: La pirámide del mando y el peso de la gestión

Bomberos: La pirámide del mando y el peso de la gestión
Fuente: agencias

Para el ciudadano que observa desde la acera, todos los bomberos cumplen la misma función, pero la realidad interna es una estructura jerárquica de precisión quirúrgica. Sergi explica que, mientras un Cabo se encarga de un incendio de contenedor o un fuego menor, el Sargento asume la responsabilidad cuando la situación escala a incendios de vehículos o emergencias más complejas. Si la tragedia llega a un noveno piso con llamas asomando por el balcón, el tablero de mando se amplía para incluir a oficiales y jefes de guardia.

En ese escenario crítico, el trabajo de Sergi es el de un director de orquesta que no toca ningún instrumento pero asegura la armonía del conjunto. Mientras los bomberos entran en el edificio, su mente debe anticiparse a los problemas externos: asegurar el suministro de agua del camión, coordinar con la Guardia Urbana y vigilar que nadie quede atrapado en las plantas superiores por el humo. Es una labor de ajedrez humano donde el éxito se define por el control del riesgo y la seguridad del equipo que está «dentro».

Cicatrices y satisfacciones

Cicatrices y satisfacciones
Fuente: agencias

A pesar de su actual rol estratégico, Sergi no olvida la crudeza del oficio. Recuerda con especial impacto el día en que rescataron a un compañero en una intervención tan violenta que, al verlo salir, pensó que estaba recuperando un cadáver. Él mismo lleva las marcas de la profesión tras salir despedido en un incidente que le dejó la mano abierta. Esa es la cara amarga que se compensa con la satisfacción de saber que una intervención salió bien y que el peligro fue contenido.

La transición de bombero a mando implica despegarse de la adrenalina directa de la manguera, algo que muchos compañeros prefieren no hacer. Sin embargo, para Sergi, existe una gratificación distinta en la gestión: la de liderar un turno donde la proactividad de los bomberos y la estrategia del mando se alinean para salvar una vida. Con 16 años en Barcelona y toda una vida de voluntariado, encara su etapa de Sargento con la premisa de que el mejor servicio es aquel donde, tras el caos del fuego, todos regresan a casa sanos y salvos.


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