sábado, 31 enero 2026

Borja Vilaseca (44), escritor y profesor: “Muchas relaciones se sostienen sobre el apego insano y la dependencia emocional”

Borja Vilaseca cuestiona el amor basado en carencia y miedo. Advierte que muchas relaciones se sostienen por apego y dependencia emocional, y propone vínculos conscientes, con autonomía personal, libertad compartida y responsabilidad afectiva mutua.

Muchas de las relaciones de pareja actuales atraviesan una crisis silenciosa. No se trata de una falta de amor, sino por exceso de expectativas, dependencia y miedo. Así lo plantea Borja Vilaseca, escritor y profesor, que invita a repensar el vínculo afectivo desde la libertad personal y la responsabilidad emocional.

En una de sus últimas intervenciones mediáticas, Vilaseca abordó uno de los grandes dilemas contemporáneos: cómo construir relaciones sanas en una sociedad que empuja a compartir la vida sin haberse conquistado antes a uno mismo.

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Cuando la pareja deja de ser refugio y se convierte en dependencia

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Vilaseca asegura que muchas relaciones nacen desde la carencia emocional. Personas que no se sienten completas buscan en el otro aquello que no han trabajado internamente. El resultado, explica, suele ser un vínculo basado en el apego insano, donde el miedo a la pérdida pesa más que el deseo de compartir.

En su reflexión, el escritor insiste en que el aprendizaje clave no es encontrar pareja, sino aprender a ser feliz a solas. Solo desde ahí pueden construirse relaciones que sumen y no que tapen vacíos. “Entramos al mercado del amor desde la desesperación”, reconoce, describiendo una dinámica habitual en la que se confunde amor con necesidad.

Este enfoque explica por qué tantas relaciones se sostienen por inercia, presión social o miedo al cambio. Separarse duele, pero quedarse en un vínculo que no funciona también. En medio de ese conflicto aparece la disonancia cognitiva: el autoengaño que permite justificar una relación poco satisfactoria antes que afrontar la incertidumbre de soltar.

Para Vilaseca, el error no es amar, sino hacerlo sin haber hecho antes los deberes emocionales. Sin autoconocimiento, sin terapia y sin una vida propia sólida, las relaciones tienden a reproducir patrones de dependencia que, con el tiempo, derivan en desgaste y frustración.

Libertad, miedo e intuición: los pilares de una relación consciente

Libertad, miedo e intuición: los pilares de una relación consciente
Fuente: agencias

Lejos de proponer el individualismo extremo, Borja Vilaseca defiende un modelo de relaciones basado en la libertad compartida. Dos personas completas que deciden caminar juntas sin renunciar a su identidad, a su espacio ni a su proyecto vital. “Nunca dejéis de tener vuestra vida por nada ni por nadie”, repite como advertencia.

Este planteamiento rompe con la idea romántica de la fusión total. En las relaciones sanas, sostiene, existen tres espacios: la vida de cada uno y la vida en común. Cuando uno de ellos desaparece, el equilibrio se rompe. Por eso, cada miembro debe seguir cultivando amistades, intereses y tiempos propios.

El miedo aparece entonces como un actor central. Muchas personas permanecen en relaciones que no les hacen bien por temor a quedarse solas o a enfrentarse a lo desconocido. Sin embargo, Vilaseca propone resignificarlo: el miedo no es el enemigo, sino el precio del crecimiento personal y afectivo.

En paralelo al miedo surge la intuición, a la que define como el susurro del alma. Escuchar esa voz interna exige silencio, valentía y disposición a pagar el precio de ir contra lo establecido. En el terreno de las relaciones, seguir la intuición puede implicar tomar decisiones impopulares, pero necesarias para preservar la coherencia personal.

Vilaseca reconoce que este camino no es sencillo. Él mismo habla del vértigo que sintió tras su divorcio, cuando se desmoronó el proyecto de vida que había construido. Sin embargo, sostiene que atravesar ese miedo abrió la puerta a una existencia más auténtica, también en lo afectivo.

En una sociedad que educa poco en emociones, muchas relaciones terminan encarceladas por el ego, la comparación y la presión social. No se trata de una cuestión moral, aclara, sino de una consecuencia cultural. La buena noticia es que ese patrón puede revertirse con conciencia y trabajo personal.

Crecer y evolucionar en pareja es posible, pero exige revisar acuerdos, permitir espacios y aceptar que las relaciones cambian al mismo ritmo que cambian las personas. Aferrarse a lo que fue suele impedir que emerja lo que puede ser.


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