sábado, 31 enero 2026

La frase aparentemente inocente que usan los narcisistas para evitar la culpa

- Cuando el ego pesa más que la empatía, las relaciones y el trabajo se vuelven un campo minado.

Los narcisistas no siempre gritan: a veces se esconden en frases suaves. El narcisismo siempre ha existido, claro. Pero últimamente da la sensación de que está en todas partes. Antes lo entendíamos como alguien con exceso de autoestima, un poco pagado de sí mismo… pero hoy muchos especialistas lo describen de una forma mucho más inquietante: una manera de vivir completamente dominada por el ego, donde la empatía prácticamente desaparece y el mundo se reduce a una sola palabra: yo.

Lo más duro es que no hablamos solo de personas “egoístas”. Según terapeutas y analistas, el narcisista puede representar un tipo de desconexión emocional que va más allá de lo neurótico. Incluso se menciona como un paso previo a algo todavía más frío: una especie de “psicopatía integrada”, esa gente que parece funcionar normal en sociedad… pero que, por dentro, no logra sentir al otro de verdad.

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Y esto, sinceramente, no ocurre en el vacío.

narcisistas
El narcisismo crece cuando el “yo” desplaza por completo al “nosotros”. Fuente: IA

Vivimos una época extraña. Por un lado, cada vez hay más personas buscando conciencia, desarrollo personal, espiritualidad, relaciones más sanas. Pero, al mismo tiempo, parece crecer también lo contrario: perfiles ególatras, narcisistas, incluso sociópatas, más visibles que nunca en lo social, en lo laboral… y sí, también en lo político.

De hecho, basta mirar alrededor: líderes con rasgos autoritarios o claramente narcisistas son elegidos por millones. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿qué valores estamos premiando como sociedad cuando el carisma del ego pesa más que la empatía?

Narcisismo en el trabajo: jefes que aplastan y talento que huye

La frase aparentemente inocente 3 Merca2.es
En el trabajo, un ego desmedido puede convertirlo todo en un ambiente asfixiante. Fuente: IA

Uno de los lugares donde este patrón se vuelve especialmente evidente es el trabajo. Porque no es raro escuchar lo mismo una y otra vez: “mi jefe me machacaba”, “era imposible respirar ahí dentro”, “todo giraba en torno a él”.

Los especialistas en liderazgo llevan tiempo señalándolo: hay una abundancia preocupante de narcisistas en puestos de alta dirección. Personas que buscan admiración constante, que necesitan sentirse superiores, que convierten el entorno laboral en un campo de tensión permanente.

Y claro, cuando trabajas bajo alguien así, crecer se vuelve casi imposible. El ambiente se vuelve tóxico, asfixiante… como si cada día tuvieras que caminar con cuidado para no pisar una mina emocional.

No es casualidad que muchas personas terminen soñando con emprender. No por ambición económica, sino por pura supervivencia: para no tener que recibir órdenes de personalidades destructivas.

Aunque, en países como España, emprender tampoco es sencillo. Entre impuestos, burocracia y obstáculos, muchos sienten que el talento se penaliza. Y al final ocurre lo inevitable: gente brillante se va, o se apaga, antes de tiempo.

El narcisista en terapia: el paciente que no quiere mirarse al espejo

La frase aparentemente inocente 4 Merca2.es
La falta de empatía es una de las señales más silenciosas del narcisismo. Fuente: IA

Aquí viene una de las partes más complicadas. Porque en psicología clínica, tratar el narcisismo es un reto enorme.

El narcisista casi nunca va a terapia por voluntad propia. ¿Por qué lo haría? En su cabeza, él está bien. El problema siempre está fuera. No sienten que haya nada que cambiar.

Solo aparecen cuando pierden el control: una ruptura, un despido, una crisis que les deja un vacío insoportable. Entonces llegan a consulta… pero no para cuestionarse, sino para recuperar el dominio que creen haber perdido.

En terapia suelen mostrar patrones muy claros:

Impermeabilidad al cambio, como una pared que no deja entrar nada.

Culpa siempre hacia afuera, porque el otro es quien falla, nunca ellos.

Falta de vulnerabilidad, les cuesta admitir errores o mostrarse humanos.

Para el terapeuta, es como intentar sembrar en tierra dura. No hay apertura real. No hay grieta por donde entre la luz.

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