sábado, 31 enero 2026

El error silencioso de abrir una relación “para arreglarla”

- El amor sigue siendo el mismo misterio, pero ahora nos atrevemos a hacer preguntas que antes callábamos.

Las relaciones están cambiando… o quizá lo que está cambiando es la forma en la que las miramos. Porque hoy, más que nunca, el amor se cuestiona. Ya no basta con “lo de siempre”. Ahora aparecen preguntas que antes casi ni nos atrevíamos a formular: ¿la monogamia sigue teniendo sentido?, ¿cuánto dura realmente eso que llamamos enamoramiento?, ¿qué cuenta como infidelidad en un mundo lleno de mensajes y redes?, ¿y cómo sé si lo que vivo es amor… o algo que me está apagando por dentro?

No es casualidad que estas dudas estén entre las búsquedas más repetidas. Vivimos una época con más libertad emocional, sí… pero también con más incertidumbre. Como si estuviéramos intentando amar con un mapa nuevo, pero sin manual de instrucciones.

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Monogamia y relaciones abiertas: elegir (de verdad) lo que te da paz

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La monogamia ya no es obligación, pero sigue siendo refugio para muchos. Fuente: IA

Dos de las preguntas que más se repiten giran alrededor de la monogamia y las relaciones abiertas. Y eso dice mucho: ya no damos por hecho un modelo único.

Lety lo explica de una forma muy humana: aunque la monogamia hoy se vive más como una elección que como una obligación, ella sigue prefiriéndola porque le da calma. Paz. Simplicidad. Para muchas personas, un vínculo claro es como una casa con cimientos firmes: sabes dónde estás, sin tantas variables emocionales flotando.

Ash coincide en parte, pero añade un matiz interesante: le gustaría “descentralizar” a la pareja. Es decir, no poner todo el peso del mundo emocional en una sola persona. Porque, pensándolo bien… ¿es justo que alguien tenga que ser tu todo? Quizá la pareja puede ser el centro, pero no el único planeta del sistema.

Y sobre las relaciones abiertas, ambas son honestas: no tienen el “sistema nervioso” para eso. Lo ven como algo que requiere acuerdos muy claros, comunicación constante, mucha conciencia… casi como un trabajo de jornada completa. Lo respetan en quienes lo sostienen sin ego ni juegos, pero reconocen que no es un camino fácil para la mayoría.

La luna de miel: una chispa preciosa… pero no eterna

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La luna de miel es química… pero el compañerismo es lo que permanece. Fuente: IA

La segunda gran pregunta es casi universal: ¿cuánto dura la famosa luna de miel?

Desde la ciencia se recuerda algo curioso: esa fase inicial es pura química. Una explosión en el cerebro que puede durar entre seis meses y un año y medio. Durante ese tiempo, la otra persona se ve a través de una especie de niebla romántica. Idealizamos. Proyectamos. Nos lanzamos.

Ash cree que esa chispa no tiene por qué desaparecer para siempre. Puede apagarse y volver a prenderse si hay intención: un viaje, una cita, un esfuerzo consciente por encontrarse de nuevo (como quien aviva un fuego con cuidado).

Pero Lety aporta una visión más realista, casi tierna: ha aprendido que la luna de miel no se sostiene eternamente. Y que lo importante, al final, es estar con alguien que te caiga bien en lo cotidiano, un lunes cualquiera. Porque el amor duradero no es solo intensidad… también es compañerismo.

Infidelidad: lo que duele no siempre es lo físico

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Hoy la infidelidad también puede ser emocional, no solo física. Fuente: IA

Otra cuestión que genera debate es qué significa ser infiel hoy. Y la respuesta se ha vuelto cada vez más subjetiva, sobre todo en la era digital, donde los límites son difusos.

Para Lety, la verdadera traición no es necesariamente sexual. Es emocional. Compartir tu intimidad profunda con alguien más antes que con tu pareja. Lo físico podría, incluso, negociarse en ciertos acuerdos… pero la exclusividad emocional es lo que siente sagrado.

Ash lo define de otra manera: la fidelidad es una decisión diaria. Elegir al otro. Y la infidelidad aparece cuando alguien elige “otra cosa” y no lo comunica, rompiendo lo que habían construido juntos.

También mencionan algo inquietante: muchas infidelidades son autosabotaje. Personas que temen la profundidad real de un vínculo y lo destruyen porque sostener algo auténtico les asusta.

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