La oscuridad, aunque duela, a veces es el lugar donde empieza tu cambio.Hablar del dolor nunca es cómodo, ¿verdad? Es como abrir una puerta que normalmente mantenemos cerrada. Mucho más cuando ese dolor no viene de algo evidente, de un golpe o una pérdida visible, sino de algo más callado… la incertidumbre, la espera, la sensación de que la vida va por un camino distinto al que imaginábamos.
Cindy Fonseca lo expresa con una claridad que casi desarma. Para ella, el sufrimiento humano nace muchas veces de una lucha interna constante: ese intento desesperado (y tan humano) de controlar lo que no se puede controlar.

“El ser humano tiende a aferrarse al control como un mecanismo de defensa”, dice. Y tiene sentido. Nos agarramos a eso como quien se aferra a una barandilla en medio de una tormenta. Pero Cindy insiste: ese control, al final, es una ilusión.
No es la realidad la que nos rompe, sino la resistencia que ponemos contra ella. Las expectativas. Los “debería haber sido así”. Las historias que nos contamos.
“La razón de nuestro sufrimiento es que nos estamos peleando con la realidad… pero resulta ser que en esa oscuridad te conviertes sin saberlo en quien vas a llegar a ser”, reflexiona.
Y esa frase se queda flotando, como un eco.
Cuando la vida te obliga a soltar

Su propia experiencia la llevó a enfrentarse de golpe con esa verdad. La infertilidad y la pérdida de embarazos fueron para ella un punto de quiebre. Uno de esos momentos donde la mente busca respuestas rápidas, soluciones, certezas… pero la vida, en cambio, responde con silencio.
“Fue la primera vez abruptamente y de una manera muy violenta que me enfrenté a la posibilidad de que el control es una ilusión”, confiesa.
Y es que hay dolores que no solo duelen… te cambian la forma de mirar el mundo. Te obligan a soltar, aunque no quieras. A rendirte un poquito. Aunque sea a la fuerza.
Dos formas de esperar: ansiedad o fe

A partir de ese proceso, Cindy distingue dos maneras de transitar la incertidumbre: la espera pasiva y la espera activa.
La espera pasiva se vive desde la ansiedad. Es el lugar del “full control”: comparar, obsesionarse con el resultado, condicionar la vida a que algo ocurra de una forma concreta y en un tiempo exacto. Es esperar con el cuerpo tenso, como si estuvieras conteniendo la respiración.
En cambio, la espera activa es otra cosa. No significa renunciar al deseo. El deseo sigue ahí, claro. Pero ya no estás “casada” con la forma.
Es confiar, incluso cuando no entiendes.
“Cuando nosotros esperamos pasivamente estamos completamente obsesionadas con el resultado… Cuando yo espero activamente yo confío de que va a venir y que al rato no viene envuelto en el paquete que yo quiero”, explica.
Y, sinceramente… ¿cuántas veces la vida nos ha traído algo valioso, pero en un envoltorio totalmente distinto al esperado?
La Magia del Misterio: atravesar la oscuridad

Para darle sentido al dolor, Fonseca propone un camino que llama La Magia del Misterio, dividido en cuatro etapas.
Primero está El Umbral, ese momento en que el sueño se rompe. Cuando algo se quiebra y ya no puedes volver a ser la misma persona de antes.
Después llega La Caverna, un túnel oscuro y solitario donde ocurre la alquimia interior. Es incómodo, sí. Pero también es donde te enfrentas a tu alma desnuda (sin escapatorias).
Luego aparece La Semilla, el brote inicial de una nueva versión de ti. Señales pequeñas, invitaciones inesperadas, intuiciones que antes no tenías.
Y finalmente, el Renacimiento, cuando esa semilla da fruto y recoges lo aprendido para empezar de nuevo el ciclo.
“La oscuridad se ha convertido en un silencio fértil… tan incómodamente hermoso para descubrir en quién me estoy convirtiendo”, expresa.
Y qué imagen tan potente: la oscuridad no como castigo, sino como gestación.









