Los centros de datos y el uso de la inteligencia artificial son una realidad que ha venido para quedarse. Una serie de infraestructuras que se encargan de procesar cientos de miles de datos de forma simultánea. No obstante, todo tiene un precio, y en el caso de los centros de datos ese precio pasa por el alto consumo energético.
Según un informe de NTT DATA, se prevé que la inteligencia artificial y los centros de datos llegarán a consumir hasta 1.050 TWh este año. Por ello es clave saber las formas en las que los centros de datos pueden colaborar en el desarrollo de infraestructuras eléctricas más sólidas que puedan aguantar tanta demanda y oferta conectada.
En este sentido, los centros de datos según apuntan los expertos de ING son una infraestructura que se encuentra entre la tecnología digital TMT (Technology, Media and Telecommunications), que abarca internet, servidores y servicios en la nube; y los sistemas eléctricos, que tienen que hacer llegar energía de forma continúa y constante para estos centros de datos. Es decir, el informe pretende dar a entender que la arquitectura de las redes eléctricas y el cómo se desarrollan tiene que estar enfocado en base a los centros de datos, ya que son cruciales para el progreso y desarrollo.
La infraestructura se desarrollará acorde con los centros de datos
Por ello, este nuevo escenario obliga a repensar el rol que tienen los centros de datos, que ya no pueden ser vistos únicamente como grandes consumidores pasivos de electricidad. Al contrario, cada vez más expertos coinciden en que estas infraestructuras deben convertirse en actores activos dentro del ecosistema energético, capaces de aportar flexibilidad, estabilidad e incluso eficiencia a las redes eléctricas.
En este sentido, ING señala cómo uno de los retos cruciales a resolver la saturación de las redes, una situación que se da sobre todo en Europa y en América del Norte, donde las infraestructuras eléctricas no han progresado a la misma velocidad que el desarrollo de la demanda. Es decir, las redes van un paso por detrás de los centros de datos, generando cuellos de botella en su instalación. Acorde con ING una mejor integración pasa por fomentar modelos híbridos de suministro, que combinen la conexión a la red con generación eléctrica in situ, ya sea mediante energías renovables, baterías o sistemas de respaldo más avanzados.
El enorme consumo de agua de los centros de datos amenaza a la sostenibilidad europea
Por otro lado, los centros de datos pueden también gestionar la demanda, ya que pueden repartir sus cargas de trabajo en el tiempo, evitando los picos de demanda y reduciendo la congestión de la red. Una flexibilidad en su consumo que acorde con los analistas permitiría una mejor integración de las energías renovables (variantes por naturaleza), reduciendo la necesidad de realizar más inversiones en infraestructuras eléctricas.
Más allá del consumo eléctrico, el informe también pone el foco en un recurso hasta ahora infrautilizado: el calor residual generado por los centros de datos. En lugar de desperdiciarlo, este calor puede aprovecharse para abastecer redes de calefacción urbana, edificios públicos o instalaciones industriales cercanas. Países como Dinamarca o los Países Bajos ya están explorando estas soluciones, que permiten mejorar la eficiencia energética global y generar beneficios directos para las comunidades locales.
En definitiva, la proliferación de centros de datos no solo supone un desafío para el sistema energético, sino también una oportunidad de transformación, debido a su capacidad de flexibilizar la demanda, además de poder utilizar elementos como el calor como elemento de valor añadido a estas infraestructuras. No obstante, el nuevo paradigma de las redes no se basa en ampliarlas, sino en su desarrollo teniendo en cuenta en el plan de su diseño a los centros de datos.








