Blanca Galofré, nutricionista integrativa con más de 30 años de experiencia, lleva décadas defendiendo una tesis incómoda para la industria: la inmensa mayoría de suplementos que compramos son innecesarios. En su consulta Homedical y en su libro Nutrición Integrativa para Toda la Familia, repite el mismo diagnóstico: 90% de pacientes no necesitan ni una sola cápsula si organizan bien su plato.
Enero de 2026 marca un punto de inflexión en el debate sobre suplementación en España. La frase que titula este artículo resume su filosofía: donde llega una alimentación equilibrada, sobran los suplementos. Pero existe ese 10% de casos donde la pastilla sí puede marcar la diferencia entre salud y deficiencia crónica.
La regla del 90-10 que rompe el negocio
La industria de suplementos mueve en España más de 600 millones de euros anuales. Galofré sostiene que nueve de cada diez compradores están pagando por algo que su cuerpo no absorberá o que ya obtiene de la comida. El problema no es la calidad del producto, sino la creencia de que una dieta normal siempre necesita refuerzo artificial.
La nutricionista identifica tres grupos que compran suplementos: los que comen mal y buscan atajo químico, los que comen bien pero caen en el marketing del «extra de energía», y el reducido grupo que sí tiene una necesidad médica real. Los dos primeros grupos representan la inmensa mayoría del mercado.
El argumento de Galofré es simple pero devastador para el negocio: un plato con proteína de calidad, verduras de temporada, grasas saludables y carbohidratos integrales cubre todas las necesidades de un adulto sano. Las excepciones existen, pero son eso: excepciones que requieren análisis previo.
Cuándo tu cuerpo SÍ necesita ayuda externa
La experta señala situaciones específicas donde la suplementación pasa de capricho a necesidad médica. Enero de 2026 trae nuevos datos sobre déficits nutricionales en población española que confirman sus advertencias: ciertos grupos de riesgo no pueden cubrir necesidades solo con comida.
- Embarazadas y lactantes: el ácido fólico y hierro son imprescindibles durante gestación para evitar malformaciones y anemia severa
- Veganos estrictos: la vitamina B12 no existe en fuentes vegetales y su déficit provoca daño neurológico irreversible en meses
- Mayores de 65 años: la absorción de vitamina D y B12 cae drásticamente y los huesos pagan el precio con fracturas
- Personas con patologías digestivas: celiaquía, Crohn o intolerancias graves impiden absorber nutrientes aunque la dieta sea perfecta
Estos casos tienen diagnóstico médico detrás. Galofré insiste: ningún suplemento debería tomarse sin analítica previa que confirme el déficit. Tomar hierro sin necesitarlo puede provocar daño hepático; exceso de vitamina A durante embarazo causa malformaciones fetales.
El resto de población —deportistas recreativos, oficinistas con estrés, estudiantes en época de exámenes— no necesita nada más allá de comer bien y dormir suficiente. El cansancio no se cura con pastillas de magnesio si duermes cinco horas y desayunas café con galletas.
Cómo la industria te vende necesidades inventadas
El problema explota cuando el marketing sanitario crea enfermedades que no existen. Galofré detecta en consulta pacientes convencidos de sufrir déficit de colágeno, omega-3 o antioxidantes sin haber pisado un laboratorio. La industria ha conseguido que síntomas normales —cansancio en enero, pelo que cae en otoño— parezcan alarmas de emergencia nutricional.
La estrategia es diabólica: vincular suplementos con belleza, energía y longevidad en lugar de con medicina. Un bote de coenzima Q10 no se vende como tratamiento para insuficiencia cardíaca (su uso real), sino como «antienvejecimiento celular» para cualquier persona mayor de 30 años.
El resultado es un armario lleno de botes a medio terminar. Galofré calcula que cada hogar español tiene una media de 4-5 envases de suplementos que se tomaron durante dos semanas y se olvidaron. El gasto anual por persona ronda los 150-200 euros en productos que no aportaron beneficio demostrable.
Qué pasa en tu cuerpo cuando suplementas sin necesidad
La creencia popular dice que «si no lo necesitas, lo eliminas sin problema». Falso. Galofré advierte que ciertas vitaminas liposolubles (A, D, E, K) se acumulan en tejido graso y pueden alcanzar niveles tóxicos con el tiempo. El hígado y los riñones procesan todo lo que entra, y sobrecargarlos tiene consecuencias.
El hierro es el caso más peligroso. Blanca Galofré explica que muchas mujeres toman hierro preventivo asumiendo que la menstruación siempre causa déficit. El exceso de hierro oxida células y aumenta riesgo cardiovascular. Una analítica de ferritina cuesta 15 euros y resuelve la duda en 24 horas.
Los suplementos de calcio sin vitamina D no se absorben y acaban calcificando arterias en lugar de fortalecer huesos. Los multivitamínicos genéricos contienen dosis tan bajas de cada nutriente que resultan inútiles, pero suficientemente altas para interferir con la absorción de minerales de la comida real.
Qué cambiará en los próximos años
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria prepara para 2026-2027 una regulación más estricta sobre claims de salud en suplementos. Galofré celebra el movimiento: las marcas ya no podrán prometer «refuerzo inmunitario» o «energía extra» sin estudios clínicos que lo respalden.
El futuro de la suplementación pasa por la personalización médica. Análisis genéticos y de microbiota permitirán identificar deficiencias reales antes de que causen síntomas. La nutricionista predice que en cinco años los suplementos genéricos desaparecerán de farmacias, sustituidos por fórmulas individualizadas prescritas tras diagnóstico.
Mientras tanto, su consejo sigue vigente: invierte en comida real antes que en botes. Un kilo de salmón fresco aporta más omega-3 biodisponible que un mes de cápsulas. Un plato de lentejas con pimiento rojo cubre hierro y vitamina C mejor que cualquier complejo. Donde llega la alimentación consciente, los suplementos sobran.










