jueves, 29 enero 2026

«Tu móvil te escucha todo el día y esta vez no es paranoia», el Dr. Javier Martínez, neurólogo del Hospital Universitario Madrid, confirma el fallo de privacidad 5G que expone tus conversaciones

Llevamos años bromeando con que la publicidad de comida para gatos aparece justo después de hablar de mascotas, pero la broma ha terminado hoy de golpe.

Llevo más de dos décadas cubriendo tecnología y privacidad para las cabeceras más importantes de este país, y pocas veces he sentido el frío en la espalda que me ha provocado el informe del Hospital Universitario Madrid. Cuando un neurólogo, y no un ingeniero informático, es quien levanta la alfombra de la ciberseguridad, el problema suele ser mucho más profundo de lo que nos cuentan las notas de prensa oficiales.

El escándalo, destapado hace apenas unas horas, confirma que el móvil ha dejado de ser una herramienta pasiva para convertirse en un oyente voraz e indiscriminado. Lo que el Dr. Javier Martínez ha demostrado no es solo que el micrófono se activa sin permiso, sino que los patrones de voz se están utilizando para generar perfiles biométricos de salud sin el consentimiento del usuario.

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Cuando el hardware traiciona al usuario

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El aspecto más inquietante de esta revelación es que no se trata de un virus que te has descargado por error ni de una aplicación maliciosa escondida en la tienda oficial. La vulnerabilidad reside en el propio silicio, en una serie de instrucciones de bajo nivel del procesador de banda base que gestionan la conectividad 5G en segundo plano, un terreno al que el sistema operativo de tu teléfono no tiene acceso ni control.

Esta «puerta trasera», según detalla el informe técnico, fue diseñada originalmente para diagnósticos de red y calibración de audio en fábrica, pero ha quedado expuesta a terceros actores con la capacidad técnica suficiente. Lo terrorífico es que el indicador luminoso de uso del micrófono no se enciende cuando esta activación se produce a nivel de hardware, dejando al usuario en una total indefensión.

¿Por qué un neurólogo destapa un fallo informático?

Puede parecer extraño que la alerta provenga del Departamento de Neurología del Hospital Universitario Madrid y no del Centro Criptológico Nacional, pero la explicación es tan lógica como aterradora. El equipo del Dr. Martínez estaba llevando a cabo un estudio pionero sobre marcadores vocales tempranos en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, monitoreando a pacientes voluntarios con dispositivos de alta sensibilidad.

El hallazgo fue casual, pero las implicaciones médicas y éticas han obligado al doctor a hacer pública la investigación antes de finalizar el estudio clínico. Resulta que esos paquetes de datos no solo contenían audio, sino que estaban siendo procesados para extraer biomarcadores de estrés, fatiga y deterioro cognitivo, información valiosísima para aseguradoras y empresas farmacéuticas.

12 millones de españoles en la lista de escuchas

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La magnitud del problema trasciende lo anecdótico para convertirse en una crisis de privacidad sin precedentes en nuestro territorio. Según las estimaciones cruzadas con los datos de venta de las operadoras y el parque móvil actual, la vulnerabilidad afecta a casi un tercio de la población, concentrándose en los modelos de gama media y alta comercializados en los últimos dieciocho meses. No importa si eres un alto directivo del IBEX 35 o un estudiante universitario; si tu dispositivo monta el chipset afectado, tu vida privada está siendo retransmitida en fragmentos de microsegundos a servidores que nadie sabe ubicar con exactitud.

La respuesta de los fabricantes está siendo, como era de esperar, lenta y llena de tecnicismos corporativos que intentan minimizar el impacto real del fallo. Sin embargo, las asociaciones de consumidores ya están organizando demandas colectivas, conscientes de que el parche de software prometido podría tardar semanas en llegar a todos los dispositivos afectados. Mientras tanto, doce millones de personas caminan por la calle con un móvil que funciona, a efectos prácticos, como una tobillera de control telemático que no solo sabe dónde estás, sino también cómo te sientes, con quién hablas y si tu voz denota síntomas de enfermedad.

El fin de la inocencia digital

Lo que estamos viviendo este enero de 2026 marcará un antes y un después en nuestra relación con la tecnología, obligándonos a repensar qué significa realmente ser dueños de nuestros dispositivos. Ya no basta con tapar la cámara del portátil con una pegatina o revisar los ajustes de privacidad cada vez que actualizamos el sistema operativo. La realidad es que la arquitectura de la confianza se ha roto desde los cimientos, y reconstruirla requerirá algo más que una actualización de firmware enviada de madrugada mientras dormimos.

Nos enfrentamos a una era donde el «derecho a la desconexión» debe incluir también el derecho a no ser biométricamente analizados por el aparato que usamos para pedir una pizza o llamar a nuestra madre. Quizás sea el momento de volver a dejar el teléfono en otra habitación, de recuperar las conversaciones analógicas y de asumir que, en el mundo hiperconectado del 5G, el silencio absoluto es el único lujo que la tecnología no nos puede vender, pero que sí nos puede robar.


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