
Durante años, Hacienda ha sido para muchos una palabra asociada al miedo, la desconfianza y la complejidad. Un organismo imprescindible para el funcionamiento del Estado, pero también difícil de entender para el ciudadano medio, especialmente para autónomos y pequeños empresarios.
Tras una década trabajando dentro de Hacienda, Emilio Baena decidió dar un paso poco habitual: pedir una excedencia voluntaria y salir al exterior para explicar, con claridad y sin caer en alarmismos, cómo funciona realmente el sistema tributario desde dentro.
Diez años dentro de Hacienda y una decisión poco común

Emilio Baena no llegó a Hacienda por casualidad. Antes de convertirse en inspector había trabajado por cuenta ajena, había montado su propia asesoría y había vivido fuera de España. Aquella etapa de inestabilidad profesional coincidió con la crisis económica y le empujó a buscar un puesto que le ofreciera seguridad y continuidad. Hacienda reunía ambas cosas: estabilidad laboral y un ámbito técnico que ya conocía.
Durante diez años formó parte de una de las administraciones más potentes del país. Desde dentro comprobó que Hacienda funciona como una gran macroempresa, con cerca de 27.000 trabajadores, departamentos muy especializados y una estructura territorial compleja que se extiende desde la sede central hasta cada provincia.
Sin embargo, también descubrió sus límites. “Desde dentro no puedes exponerte en redes ni explicar cómo se toman muchas decisiones”, sostiene. Hablar públicamente sobre Hacienda siendo funcionario resulta prácticamente imposible. De ahí que, una vez fuera, decidiera aportar algo que considera esencial: contexto y pedagogía.
Para Baena, el problema no es la existencia de Hacienda, sino la falta de comprensión sobre su funcionamiento. Los ciudadanos pagan impuestos desde que nacen, pero rara vez se les explica por qué, cómo se gestionan o qué margen existe para hacer las cosas bien sin miedo constante a una inspección de Hacienda.
Impuestos, miedo y el papel creciente de la tecnología
Uno de los puntos que más inquieta a los contribuyentes es la sensación de inseguridad jurídica. Baena reconoce que incluso dentro de Hacienda hay disparidad de criterios. Una misma operación puede interpretarse de forma distinta según el funcionario, el departamento o la fase del procedimiento.
Aun así, subraya que Hacienda no decide en última instancia. Existen tribunales económico-administrativos y judiciales que actúan como contrapeso. El problema es el tiempo. Muchos procedimientos se alargan durante años y, en ocasiones, el contribuyente debe pagar o avalar antes de obtener una resolución definitiva, algo que puede poner en jaque la viabilidad de un autónomo.
En este contexto aparece la inteligencia artificial. Hacienda ya utiliza sistemas avanzados de big data y análisis masivo de información. La preocupación es evidente: la capacidad de cruzar millones de datos en segundos genera vértigo. Sin embargo, Baena introduce un matiz clave. La tecnología, bien usada, puede servir para acelerar respuestas y reducir la incertidumbre.
Si la Agencia Tributaria logra emplear la inteligencia artificial para contestar consultas vinculantes con rapidez, evitar duplicidades y acortar plazos, el impacto podría ser positivo. El riesgo surge si se utiliza solo para intensificar el control sin reforzar la seguridad jurídica ni la transparencia.
Baena insiste en que no se trata de perseguir a todos, sino de aplicar criterios razonables. Hacienda maneja más información que ninguna otra administración y muchas instituciones públicas dependen de sus datos. Precisamente por eso, el uso responsable de esa información es clave para mantener la confianza social.
En su discurso hay una idea que se repite: pagar impuestos es necesario. Hacienda es imprescindible para sostener servicios públicos, pensiones e infraestructuras. El verdadero debate está en otro lugar. En si Hacienda gestiona bien los recursos, si el sistema es equitativo y si el ciudadano entiende qué se espera de él.
Hoy, ya fuera de Hacienda, Baena trabaja ayudando a emprendedores y particulares a cumplir con sus obligaciones fiscales sin caer en errores evitables. No promueve atajos ni evasión, sino algo mucho más sencillo y escaso: información clara.









