jueves, 29 enero 2026

Banijay se hace de oro gracias a la obsesión de RTVE por los realities con famosos

RTVE continúa profundizando en una estrategia de programación que, lejos de consolidar su identidad como servicio público, refuerza su dependencia de los grandes realities con famosos producidos por el gigante francés Banijay.

La corporación pública sigue apostando por formatos caros, protagonizados por rostros reciclados de la televisión privada, con resultados de audiencia discretos y una parrilla cada vez más homogénea en el prime time de La 1.

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El último ejemplo es ‘Hasta el fin del mundo’, producido por Zeppelin, filial de Banijay, que cerró su emisión con un 12,2% de cuota de pantalla. Más reciente aún ha sido el estreno de ‘Decomasters’, producido por Shine Iberia, otra filial del mismo grupo francés, que debutó este lunes con un 11,3% de share, quedando casi dos puntos por debajo de ‘Casados a primera vista’, emitido por Telecinco en la misma franja.

La corporación tiene pendiente de estreno una nueva edición de ‘Top Chef’, en este caso realizada por la productora argentina Boxfish y presentada recientemente ante la prensa, que volverá a ocupar un espacio privilegiado en la parrilla.

El patrón se repite en La 1: realities de competición, presencia destacada de famosos y producción externalizada en manos de compañías como Banijay, que se consolida como uno de los grandes beneficiarios de esta política.

La dependencia es especialmente llamativa si se observa el abanico de formatos que RTVE coloca en prime time. La franja estrella de La 1 carece prácticamente de ficción nacional, programas musicales, documentales, debates, entrevistas en profundidad o espacios de actualidad social. La diversificación existe de forma puntual —el estreno del nuevo formato de sketches ‘Crossobar’ es un buen ejemplo—, pero no forma parte de una estrategia sostenida ni ocupa el centro de la parrilla.

En cambio, RTVE bajo la presidencia de José Pablo López ha optado por competir directamente con las cadenas privadas en su propio terreno, fichando a numerosos famosos procedentes de Telecinco, muchos de ellos con cachés elevados y una fuerte carga mediática asociada al corazón y al conflicto.

Esta política incrementa los costes sin garantizar una fidelización real de la audiencia tradicional de La 1, que históricamente ha respondido mejor a formatos reconocibles por su calidad, vocación cultural o servicio público. La presencia reiterada de programas como ‘MasterChef Celebrity’, ‘Maestros de la costura Celebrity’ o ahora ‘Decomasters’ refuerza la sensación de que RTVE ha asumido como inevitable la lógica del reality VIP.

Todos ellos comparten una misma matriz industrial: Banijay como gran proveedor, una narrativa basada en la competición emocional y una fuerte dependencia de rostros conocidos como principal reclamo. El problema no es solo económico, sino editorial.

La televisión pública corre el riesgo de diluir su identidad al priorizar contenidos intercambiables con los de las cadenas comerciales. Mientras formatos como ‘La Revuelta’, ‘Cifras y Letras’ o ‘La Promesa’ han demostrado que existe espacio para el éxito sin renunciar a una propuesta diferenciada, los realities con famosos no han logrado convertirse en fenómenos indiscutibles ni en señas de identidad propias.

‘MASTERCHEF’ Y SUS GUIÑOS TÓXICOS

A ello se suma un contexto político y social cada vez más exigente con el papel de RTVE. La corporación ha expresado en los últimos años su voluntad de actuar como referente cívico frente a la desinformación y la banalización del debate público. Sin embargo, esta aspiración choca con la centralidad de formatos que priorizan el conflicto, la tensión emocional y una lógica de competición extrema, heredada de la televisión privada más comercial.

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Los hasta ahora miembros del jurado de ‘MasterChef’. Foto: RTVE.

El caso de ‘MasterChef’ resulta especialmente paradigmático. Más allá de su éxito histórico, el formato ha sido objeto de críticas reiteradas por sus valores, su tratamiento emocional de los concursantes y la presencia de publicidad subliminal, que ha costado a RTVE varias sanciones económicas. Pese a ello, la alianza con Shine Iberia se mantiene intacta, hasta el punto de que La 1 sigue emitiendo hasta tres versiones del programa en un mismo año.


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