Durante los últimos años, Shell ha ejecutado una estrategia basada en la rentabilidad de los accionistas y en la asignación de capital, a través de la recompra de acciones, que han catapultado su beneficio por acción (EPS). No obstante, el mercado no está respondiendo con tanto optimismo; de hecho su múltiplo no ha reaccionado como podría prever la energética holandesa, ya que no ha experimentado un re-rating prácticamente desde el inicio de esta nueva dirección en 2023.
Este fenómeno lo han detectado los analistas de RBC, que en su último informe encabezado por Biraj Borkhataria, desmenuzan las luces y las sombras de este enfoque de Shell. La tesis de RBC es clara: el mercado ya no premia tanto la generación de capital a corto plazo, sino que demanda estabilidad y crecimiento a largo. Por ello, los analistas de Royal Bank of Canada bajan su recomendación de Sobre ponderar a Neutral con un precio objetivo de 3.200 peniques.
La estrategia de Shell responde a una tendencia del mercado pasada
En este sentido, los analistas señalan que Shell está liderando la recompra y la reducción de acciones respecto a otras supermajors tanto europeas como estadounidenses. De hecho, desde la pandemia la compañía ha reducido su número de acciones en circulación en más de un 25%. Esta estrategia se ha traducido en una subida en su beneficio por acción, con una tasa interanual de crecimiento (CAGR) estimada para el periodo 2026-2030 de un 12% aproximadamente.

No obstante, aunque los números sean llamativos, el mercado no ha tenido la reacción esperada. El informe de los canadienses apunta a que, desde 2023, su tasa P/E se ha mantenido prácticamente igual, a pesar del crecimiento del EPS y del refuerzo financiero por el que lleva apostando Shell desde 2023 a través de su programa de recompra de acciones. La conclusión a la que llega RBC es que el mercado no está dispuesto a pagar más veces el beneficio de Shell que en el pasado. Una tesis que se apoya en un cambio de tendencia dentro del sector.
Según apunta RBC, hasta 2024 se premiaba y apostaba por empresas con alta generación de caja y una fuerte devolución de capital a corto plazo. No obstante, ahora las prioridades de los inversores están más enfocadas en la estabilidad y en la presencia de una base de activos sólida en el largo plazo. Es decir, actualmente, el mercado descuenta su crecimiento porque conoce que es debido a su programa de recompra de acciones, no a una mejora dentro de la operatividad de sus negocios.
De hecho, al comparar el portafolio de Shell frente a otras empresas del sector, las debilidades de la energética holandesa salen a relucir dentro de esta nueva tendencia del mercado. Shell cuenta con una base de activos con una duración esperada de 9 años, que palidecen ante los 12 e incluso 13 años aproximados con los que cuentan ExxonMobil y TotalEnergies, respectivamente.
Por otro lado, en la producción total de Shell no se esperan grandes crecimientos; es más, las previsiones apuntan a que para 2030 se mantenga prácticamente plana. Esto se debe a un efecto amortiguador del declive de su negocio de líquidos que compensa y minimiza el crecimiento de sus negocios de gas y LNG.
A esta situación de desventaja, se le añade la posibilidad de que Shell tenga que recurrir a negocios M&A (Fusiones y Adquisiciones), una forma de crecimiento inorgánico para reforzar su base de activos, sosteniendo la generación de caja a largo plazo. No obstante los analistas canadienses ven esta alternativa como un riesgo, ya que al cotizar con un múltiplo descontado frente a sus pares, el uso de acciones como moneda de cambio resulta una opción aún menos atractiva.
En definitiva, el programa de recompra de acciones de Shell no está funcionando tan bien como se podría prever. El crecimiento de su programa de recompra de acciones fomenta una flexibilidad en la caja a corto plazo, un modelo de empresa que el mercado actualmente ha dejado de premiar tanto, ya que apunta a la capacidad de estabilidad en el largo plazo. Debido a esto su múltiplo no ha recibido un re-rating por el mercado; dando pie a una peor valoración por parte del banco canadiense.







