martes, 27 enero 2026

Andrés Caramés, filósofo: “El miedo a estar solo empuja a encadenar parejas sin procesar rupturas”

Andrés Caramés analiza cómo el miedo a la soledad, la lógica del consumo y la falta de comunidad empujan a encadenar relaciones frágiles, sin duelo ni compromiso, debilitando pareja como espacio de cuidado y humanidad.

Andrés Caramés, filósofo y divulgador, pone palabras a una sensación cada vez más extendida: la forma en que hoy se construye —y se rompe— la pareja está profundamente marcada por el miedo a la soledad. En un contexto de consumo rápido y vínculos frágiles, su mirada busca dar cuenta de cómo son los vínculos actuales.

¿Por qué cuesta tanto sostener una pareja en el tiempo? ¿.

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De reparar a reemplazar: cuando la lógica del consumo entra en la pareja

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Fuente: agencias

Caramés aclara que no habla desde la nostalgia, sino desde la observación social. “Antes las cosas se arreglaban; hoy todo parece diseñado para usarse y tirarse”, explica. Esa lógica, propia del consumo, se ha trasladado también a la pareja. No solo se reemplazan objetos: también personas.

En este marco, muchas relaciones comienzan “en el capítulo cuatro o cinco”. No hay tiempo para construir, para conocer ni para atravesar la incomodidad inicial. La pareja se vive como un producto ya testado, listo para consumir, y se descarta ante la primera frustración. La posibilidad constante de encontrar “otra opción” acelera los vínculos y reduce la tolerancia al conflicto.

El filósofo apunta a un efecto menos visible pero más profundo: la deshumanización. Cuando la pareja se aborda desde un punto de vista transaccional —qué me aporta, qué me quita, cuánto me exige— se pierden elementos esenciales como el cuidado, el respeto y el compromiso. “Te acercas sin poner nada en juego”, resume.

Incluso los modelos culturales más opuestos revelan el mismo problema desde otro ángulo. Caramés menciona ciertos entornos donde demostrar compromiso implica grandes gestos materiales: propiedades, bienes, inversiones económicas. No lo ve como un modelo a imitar, pero sí como un síntoma claro: la pareja necesita pruebas de implicación. La diferencia es que, en Occidente, esa inversión se evita por completo.

Soledad, miedo y vínculos líquidos: por qué cuesta estar sin pareja

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El punto central de su análisis es el miedo. No tanto a perder una pareja, sino a quedarse solo. Para Andrés Caramés, muchas personas encadenan relaciones no por amor, sino por pánico a la soledad. Especialmente cuando no existe una red que sostenga: familia cercana, comunidad, amistades activas.

Romper una pareja duele siempre, pero duele mucho más cuando la ruptura implica volver a un piso vacío, a un trabajo que no motiva, a una vida sin lazos cotidianos. Ese escenario —describe— es el verdadero motor de la urgencia por encontrar otra pareja cuanto antes.

De ahí surge la llamada “liana emocional”: saltar de una relación a otra sin procesar la anterior. No hay duelo, no hay pausa, no hay aprendizaje. La pareja se convierte en un refugio inmediato contra el vacío, no en una elección consciente.

Caramés subraya que el problema no es la pareja en sí, sino cargarla con una función que no le corresponde: tapar la falta de sentido, de comunidad o de proyecto vital. Cuando eso ocurre, la relación nace con una presión imposible de sostener.

Volver a la profundidad: tiempo, cuidado y humanidad

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Fuente: agencias

Lejos de proponer una vuelta al pasado, el filósofo plantea un regreso a la esencia. No se trata de renunciar a la tecnología ni de idealizar otros tiempos, sino de usar las herramientas actuales para reforzar lo humano. También en la pareja. Invertir no significa dinero, aclara, sino tiempo, atención, gestos y presencia. Dar espacio a que la relación madure. Aceptar que la pareja se construye con lentitud, como los vínculos sólidos o como los libros que dejan huella porque se leen sin prisa.

En una sociedad saturada de estímulos, reivindica pequeñas rutinas que devuelvan la sensación de tiempo vivido: leer sin multitarea, caminar sin pantallas, conversar sin interrupciones. Esas prácticas, sostiene, entrenan la paciencia necesaria para sostener una pareja real, no idealizada. Caramés cree que el péndulo empezará a volver. Que frente a lo automático, lo sintético y lo acelerado, lo humano recuperará valor. También en la forma de amar. “No podemos estirar indefinidamente el chicle de la desconexión”, advierte.


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