España no encaja en el imaginario clásico de la mafia, pero eso no significa que esté al margen del crimen organizado. Según Nacho Carretero, periodista especializado en narcotráfico, el error ha sido buscar una estructura local dominante cuando la realidad española funciona como un territorio de acogida para mafias internacionales que operan con discreción, recursos y una notable capacidad de adaptación.
Durante años, policías y jueces han conocido este mapa criminal sin que terminara de calar en el relato público o cultural. Hoy, investigaciones periodísticas y nuevas series empiezan a romper ese silencio, obligando a mirar de frente un fenómeno incómodo: España como espacio estratégico para rmafias internacionales que encuentran aquí condiciones favorables, escasa visibilidad social y una normalización progresiva del delito organizado.
Del periodismo a la pantalla: por qué España evitó contar sus propias miserias
Durante años, el periodismo español hizo lo que le correspondía: investigar, señalar y poner luz sobre las zonas oscuras del país. El narcotráfico en Galicia, las redes del Estrecho, la Costa del Sol como refugio criminal. Sin embargo, el audiovisual fue por detrás. Existía una brecha artificial entre reporterismo y ficción, como si contar nuestras miserias no fuera “material noble”.
Mientras Italia explotaba culturalmente a su mafia —desde El Padrino hasta Gomorra—, o Francia y el mundo anglosajón convertían el crimen organizado en series de culto, España parecía reacia a mirarse así. No por falta de historias, sino por una resistencia cultural a exhibirlas.
Ese bloqueo empezó a romperse cuando el periodismo y el audiovisual comenzaron a conectarse de verdad. Reportajes que ya no solo informaban, sino que ofrecían contexto, personajes y tramas reales. De ese cruce nace Marbella, una serie basada en investigaciones que retratan una singularidad española poco conocida: aquí no hay una mafia autóctona dominante, pero sí un crisol de mafias importadas.
Un policía lo resumió de forma gráfica en uno de esos reportajes: “Esto es la ONU de la criminalidad”. En la Costa del Sol operan más de un centenar de familias criminales de distintos países. Probablemente, la mayor concentración de mafia internacional del mundo en un solo territorio.
España, paraíso de acogida para las mafias: tecnología, dinero y una impunidad percibida

¿Por qué España? Según Nacho Carretero, se vive bien, hay buenas comunicaciones, posición geográfica estratégica y, durante años, facilidades para el blanqueo de dinero. A eso se suman carencias estructurales: fuerzas de seguridad con menos medios de los necesarios y una justicia colapsada para procesos de enorme complejidad.
El resultado es un ecosistema cómodo para la mafia. Hoy ya no se esconde. Dispara con armas de guerra, responde a los asaltos policiales con Kalashnikov y se permite una ostentación impensable hace una década. Los narcos y mafiosos van por delante en tecnología: mejores chalecos, móviles encriptados, sistemas de detección y redes de informantes.
Las escenas de narcolanchas navegando a plena luz del día por el Guadalquivir o el Estrecho no son provocación, sino cálculo. Saben que no hay vigilancia porque ya la han detectado. La mafia opera con información previa, infiltración y recursos.
Otro problema apenas visible para el ciudadano es la corrupción. La percepción social es baja, pero la realidad es más compleja. Sueldos precarios, pocos medios y procesos interminables crean grietas por las que el crimen organizado se cuela. No se trata de un código penal blando —España tiene leyes duras—, sino de una justicia incapaz de absorber macrocausas de mafia y narcotráfico sin colapsar.
Casos de fugas por errores burocráticos o retrasos administrativos han convertido a España en un ejemplo negativo en Europa. Para la mafia, esa sensación de impunidad operativa es un incentivo poderoso.
Mafiosos de chándal, dinero en efectivo y normalización social

El perfil también ha cambiado. Ya no es el mafioso elegante de traje oscuro, sino el mafioso de chándal, deportivo de lujo y ostentación constante. En Marbella, ese comportamiento no llama la atención. Forma parte del paisaje. Un ecosistema donde pagar grandes cantidades en efectivo es habitual y donde el dinero negro circula con naturalidad.
Esa normalización es quizá el riesgo más profundo. Los vecinos conviven con la mafia como antes ocurrió en Galicia en los años del narcotráfico: todos saben quién es quién, dónde vive y a qué se dedica. Y, con el tiempo, se tolera. Se baja el listón de lo inaceptable.
Series y reportajes no buscan estigmatizar, sino hacer visible un problema que los propios vecinos denuncian. Marbella, de hecho, no es una ciudad rica: tiene una renta per cápita inferior a la media nacional, aunque esté llena de ricos. El dinero de la mafia no revierte en el territorio; lo deforma. Carretero recuerda el precedente de Miami Vice: una ficción que ayudó a generar conciencia política y social. Contar estas historias no glorifica a la mafia; obliga a reaccionar.
Hoy, España sigue siendo un país extraordinariamente seguro, pero la tendencia preocupa. Los “malos” están más cómodos y más valientes. Y, como advierte el periodista, si no se pone luz desde el periodismo, la cultura y la política, el monstruo seguirá creciendo. El silencio nunca ha sido un antídoto contra la mafia.








