martes, 27 enero 2026

Marta López, 41 años: dejó su trabajo fijo y ahora factura más que nunca tras emprender

santander autonomos

Emprender nunca estuvo en los planes de Marta López, 41 años, hasta que la vida —y el cansancio— la empujaron a replanteárselo todo. Durante casi dos décadas trabajó en el departamento administrativo de una empresa mediana de distribución. Tenía contrato indefinido, horario fijo y la sensación constante de estar atrapada en una rutina que no le aportaba nada más que estabilidad… y frustración.

Llegó un punto en el que me daba igual que fuera lunes o viernes. Todos los días eran iguales”, reconoce. Fue tras la pandemia cuando empezó a rondarle una idea que, hasta entonces, siempre había descartado: montar algo propio.

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El momento en el que decidió emprender

Marta no dejó su empleo de un día para otro. Durante meses compaginó su jornada laboral con pequeños encargos de gestión administrativa para autónomos y pequeños negocios del barrio. Lo hacía por las tardes, casi como favor, hasta que empezó a notar algo: había demanda real.

Muchos emprendedores no querían —o no podían— contratar a una gestoría tradicional, pero sí necesitaban ayuda con facturas, presupuestos, impuestos o trámites online. Ahí vio una oportunidad clara.

Me di cuenta de que sabía hacer cosas que otros odiaban hacer”, explica. Y eso, en el mundo del emprender, suele ser una ventaja enorme.

De autónoma por miedo… a autónoma por convicción

Darse de alta como autónoma fue uno de los pasos que más le costó. El miedo a las cuotas, a no llegar a fin de mes y a equivocarse estaba muy presente. Aun así, decidió hacerlo de forma progresiva: solicitó la tarifa reducida, organizó bien sus gastos y creó una red mínima de clientes antes de dejar su empleo.

Tres meses después, tomó la decisión definitiva: pidió una excedencia. No quería quemar las naves del todo. “Necesitaba saber si esto funcionaba de verdad”, confiesa.

Funcionó.

En menos de un año, Marta ya tenía una cartera estable de clientes, la mayoría autónomos y pequeños comercios. Hoy factura más que en su antiguo trabajo y, sobre todo, controla su tiempo.

Emprender no es idílico (pero tampoco es una locura)

Marta es clara: emprender no es el cuento de hadas que a veces se vende en redes sociales. Hay meses buenos y meses complicados. Hay clientes que pagan tarde, trámites que desesperan y días en los que el ordenador no se apaga nunca.

Pero también hay algo que antes no tenía: sensación de control.

No soy rica, pero tampoco lo era antes. La diferencia es que ahora lo que hago tiene sentido para mí”, afirma.

Uno de los grandes aprendizajes que destaca es la importancia de poner precio al propio trabajo. Al principio cobraba poco por miedo a perder clientes. Con el tiempo entendió que quien valora tu servicio no negocia tu dignidad.

El perfil del nuevo emprendedor en España

El caso de Marta no es aislado. Cada vez más personas mayores de 40 años deciden emprender tras una larga trayectoria como asalariados. No buscan crear grandes startups, sino negocios sostenibles, ligados a su experiencia y a necesidades reales del mercado.

Este nuevo perfil de emprendedor valora la flexibilidad, el equilibrio personal y la estabilidad a medio plazo más que el crecimiento acelerado. Y, en muchos casos, emprende no por ambición desmedida, sino por supervivencia emocional y profesional.

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Emprender no siempre es sinónimo de triunfar, pero sí de probar suerte

“Emprender tarde” no existe

Marta suele escuchar que fue valiente por emprender con más de 40. Ella lo ve justo al revés: “Si lo hubiera hecho antes, no habría sabido ni por dónde empezar”.

La experiencia laboral, el conocimiento del sector y la madurez personal han sido claves para que su proyecto funcione. Hoy no se arrepiente de haber esperado. Ni de haber saltado.

Emprender no me salvó la vida”, dice sonriendo. “Pero sí me devolvió las ganas de trabajar”.

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