Lo que empezó como un mensaje aparentemente conciliador terminó convirtiéndose en uno de los conflictos vecinales más comentados del edificio donde vive María López, 41 años, administrativa y vecina de una comunidad del barrio de Delicias, en Zaragoza. Todo por un simple cartel colgado en el portal con una frase tan bienintencionada como explosiva: “Vive y deja vivir”.
María no pretendía generar polémica. Llevaba meses soportando ruidos, portazos, conversaciones a gritos en la escalera y alguna que otra discusión nocturna entre vecinos. Cansada de llamar la atención sin resultado y poco amiga del enfrentamiento directo, decidió optar por una vía que creyó más amable: imprimir un cartel, colocarlo junto al ascensor y apelar al civismo colectivo.
El problema es que, en una comunidad de vecinos, los mensajes genéricos rara vez se leen como genéricos.
Cuando nadie se siente aludido… pero todos se dan por señalados
El cartel no incluía nombres, ni horarios, ni reproches explícitos. Solo una frase corta, letras grandes y un pequeño añadido: “Un poco de respeto hace la convivencia más fácil”. Aun así, bastaron unas horas para que empezaran los comentarios.
Algunos vecinos interpretaron el mensaje como una crítica directa. Otros lo vieron como una muestra de superioridad moral. Y hubo quien, directamente, se sintió atacado. En menos de 24 horas, el cartel amaneció con anotaciones a bolígrafo: “Si no te gusta, múdate”, “Aquí nadie molesta” o “Respeto también es no dar lecciones”.
Lo que María pensó que sería un gesto discreto se convirtió en un tablón improvisado de reproches pasivo-agresivos.
De cartel conciliador a guerra fría vecinal
La tensión no tardó en trasladarse a otros espacios comunes. En el ascensor dejaron de saludarse. En el grupo de WhatsApp de la comunidad aparecieron mensajes crípticos sobre “convivencia” y “maneras de vivir”. Incluso en una reunión ordinaria de vecinos, alguien sacó el tema sin mencionar el cartel… pero mencionándolo todo.
María se dio cuenta entonces de algo que muchos descubren tarde: en una comunidad, cualquier mensaje público se interpreta como una toma de posición. Y una vez que eso ocurre, el conflicto deja de ser sobre ruidos, horarios o normas, y pasa a ser personal.
Al final, el cartel fue retirado. Nadie admitió haberlo quitado. Pero el ambiente ya estaba enrarecido.

¿Es legal poner carteles en zonas comunes?
Más allá de lo anecdótico, este tipo de situaciones plantean una duda frecuente. ¿Puede un vecino colgar carteles en el portal o el ascensor? La respuesta es clara: no sin autorización de la comunidad.
Las zonas comunes no son espacios de libre expresión individual. Cualquier elemento colocado sin permiso puede retirarse, incluso aunque el mensaje sea aparentemente positivo. No importa que no sea ofensivo. Lo relevante es que no ha sido aprobado por la junta de propietarios.
En muchos edificios, estos carteles se convierten en el origen de conflictos mayores precisamente porque no existe un marco claro y cada vecino actúa por su cuenta.
El verdadero problema no era el cartel
Con el paso de las semanas, María entendió que el cartel solo fue la chispa. El problema real era otro: la acumulación de pequeñas molestias no habladas, la falta de canales efectivos para resolver conflictos y una convivencia basada más en la resignación que en el diálogo.
Paradójicamente, el mensaje de “vive y deja vivir” acabó generando justo lo contrario: más tensión, más silencios incómodos y menos empatía.
Hoy, María reconoce que, de volver atrás, habría optado por otra vía. Tal vez hablar directamente con el presidente de la comunidad. O solicitar que el tema se tratara en junta. O incluso asumir que en los edificios compartidos no todo se puede controlar.
Porque en las comunidades de vecinos, a veces, el mayor conflicto no es el ruido… sino cómo se intenta pedir silencio.








