La decisión, necesaria, de Adif de reducir la velocidad en algunos tramos de la alta velocidad tras el accidente en Adamuz ha generado retrasos de hasta una hora en los tramos afectados, y esto también genera problemas en la entrada de estaciones como la de Atocha y la de Sants. Es un nuevo obstáculo para un sistema que se encuentra bajo la lupa tanto de las instituciones como de los usuarios tras la tragedia.
Según reporta El Mundo, la principal ruta afectada por estas medidas es la que conecta Madrid y Barcelona, donde se ha reducido la velocidad máxima de algunos tramos de la ruta de los 300 kilómetros por hora hasta los 160. Aunque se ha ido levantando progresivamente el límite de velocidad —ya ha vuelto a los 230 kilómetros por hora—, todavía se evidencian retrasos y problemas en la ruta.
Los retrasos acumulados pueden variar dependiendo de la operadora. Renfe ha promediado entre 25 y 35 minutos de retraso, mientras que Ouigo insiste en que solo han sufrido retrasos puntuales de unos 30 minutos. De momento es de esperar que los usuarios entiendan que se trata de una situación particular, marcada por la magnitud del accidente, pero a medida que el tiempo avance también volverán las exigencias normales de los usuarios.

En particular, las tres grandes operadoras del sector tienen la Semana Santa marcada en el calendario. Se trata de la primera fecha clave para el turismo interno, todavía la principal fuente de pasajeros, y de ingresos, del sistema y una prueba de tensión para saber cómo reacciona el público al accidente. Es cierto que los datos del sector muestran que el sistema de alta velocidad del país es seguro a pesar de los problemas recientes.
UN SISTEMA DE ALTA VELOCIDAD A EXAMEN
Lo cierto es que las últimas semanas también se han traducido en una lupa sobre todo el sistema ferroviario del país, aunque especialmente en la alta velocidad. Problemas de las últimas semanas, como el SMS que avisaba por error de que se había cancelado un tren en la ruta entre Madrid y Barcelona. De momento siguen buscando normalizar la situación del sistema y mantener la confianza de los usuarios.
El reto principal es recuperar la ruta andaluza. De momento sigue cerrada, y seguirá así al menos hasta el 2 de febrero —y puede ser más tiempo—, dependiendo de lo que la comisión de investigación diga sobre el motivo del accidente y el estado de las vías. A medida que se acercan los días se irá aclarando el panorama, tanto sobre la posible apertura de la ruta como de si, cuando vuelva a funcionar, tendrá que aplicarse también un límite de velocidad.
Se suma que Andalucía es, precisamente, el destino clave para la Semana Santa. Las tradiciones de la zona son claves no solo para los visitantes del resto de España, sino que son atractivas para los viajeros internacionales. Es una pieza clave de su calendario y uno de los grandes motivos para que las competidoras en el sistema privado quisieran operar en este trayecto.
ADIF SIGUE REVISANDO VARIOS PUNTOS DEL SISTEMA
En cualquier caso, lo esperado es que se siga recuperando poco a poco la normalidad del sistema a medida que se vayan completando las revisiones. Aunque los usuarios esperan que se resuelva la situación lo más rápido posible, también es una crisis que exige a las empresas involucradas, tanto públicas como privadas, un alto nivel de cautela. Por lo tanto, no es de esperar que se salten pasos.

Se suma que los propios maquinistas insisten en nuevas garantías de seguridad. Es otra exigencia que deben cumplir las empresas en las próximas semanas, con la posibilidad de una huelga general de todo el sistema ferroviario español en el horizonte. Es otro cronómetro que juega en contra de Adif, aunque las negociaciones entre el sindicato, la empresa pública y el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible continúan.
Son retos inevitables en una coyuntura complicada. Al mismo tiempo, el Gobierno y Bruselas siguen apostando por el transporte ferroviario como alternativa más limpia a los aviones y vehículos de particulares. Por tanto, el buen funcionamiento del sistema y su seguridad son claves también para que España entre en el futuro como espera hacerlo, por lo que se juega contrarreloj.








