Llevamos años aceptando que internet vaya a pedales en ciertas habitaciones y, casi por inercia, culpamos a la antigüedad del router o a la falta de fibra óptica en el barrio. Sin embargo, los técnicos de campo saben que la mayoría de los problemas de conexión se resuelven con una simple mudanza del aparato dentro del hogar. Si has escondido esa caja de luces parpadeantes detrás del televisor o en el suelo porque «queda feo», te estás saboteando a ti mismo.
Es frustrante ver cómo nos venden repetidores y sistemas Mesh carísimos cuando el problema real es que hemos metido al emisor en una jaula de Faraday involuntaria. La realidad es que las ondas de radio no atraviesan muros de carga con la facilidad que nos gustaría creer. Antes de sacar la tarjeta de crédito para contratar más megas que probablemente no te lleguen, atiende a la física: la solución es analógica, manual y no te va a costar ni un céntimo.
¿Por qué demonios tienes el aparato tirado en el suelo?
Es el error de manual más repetido en los hogares españoles: colocar el dispositivo en el suelo, junto a la roseta de entrada, o escondido en la balda más baja de la estantería. Ten en cuenta que las antenas emiten la señal hacia abajo y hacia los lados de forma omnidireccional, por lo que si lo tienes a ras de suelo, estás enviando la mitad de tu potencia al vecino de abajo o directamente al hormigón de los cimientos. El suelo es un vampiro de señal, absorbiendo una cantidad ridícula de ondas que deberían estar viajando hacia tu portátil o tu móvil.
La altura ideal, según cualquier ingeniero de telecomunicaciones que no quiera venderte la moto, se sitúa entre el metro y el metro y medio de altura. Al elevarlo, permites que la señal viaje libremente por encima de los muebles bajos, sofás y mesas que actúan como rompeolas. Imagina que el Wi-Fi es como una bombilla de luz invisible: si la pones en el suelo detrás del sofá, tendrás sombras por todas partes; si la cuelgas a media altura, iluminarás la estancia. Súbelo encima de un mueble despejado y verás cómo esa «zona muerta» del pasillo revive de repente.
La cocina y el microondas: los asesinos silenciosos del WiFi
A veces, por la distribución de los pisos modernos, el router acaba instalado cerca de la cocina o, peor aún, compartiendo pared con ella, lo cual es una sentencia de muerte para tu ancho de banda. Debes saber que los microondas operan en la frecuencia de 2.4 GHz, exactamente la misma banda que utilizan la mayoría de los routers para emitir su señal de largo alcance.
No solo el microondas es el enemigo; el metal y el agua son los materiales que más bloquean las ondas electromagnéticas, y la cocina está llena de ambos. Las tuberías, la nevera (que es una enorme caja de metal) y los electrodomésticos actúan como escudos, haciendo que la señal rebote y pierda intensidad drásticamente antes de llegar al salón.
La regla de la centralidad que odian los decoradores
Entiendo perfectamente que ese aparato con luces estroboscópicas y antenas de plástico negro no combina con tu decoración nórdica, pero arrinconarlo en la esquina más alejada del salón es un suicidio digital. La señal se degrada con la distancia, y al ponerlo en un extremo de la casa, estás obligando a las ondas a atravesar el máximo número de paredes posible para llegar a la habitación del fondo.
La ubicación óptima es el centro geométrico de la vivienda, o lo más cerca posible de él, preferiblemente en un pasillo o una zona abierta que conecte con varias estancias. Aunque te parezca un engorro tirar cable hasta allí, recuerda que una posición central reduce la distancia media a cualquier punto de la casa, equilibrando la cobertura.
No necesitas más megas, necesitas mover muebles
Antes de caer en la trampa comercial de subir tu tarifa a 1Gbps —una velocidad que rara vez aprovecharás por Wi-Fi—, realiza la «prueba del traslado» para verificar si es un problema de cobertura física. Desconecta todo, compra un cable de fibra o red más largo si es necesario, y coloca el router provisionalmente en ese lugar elevado y central que hemos comentado, lejos de obstáculos.
Es sorprendente cómo nos hemos acostumbrado a solucionar problemas físicos con parches de software o suscripciones más caras, cuando la respuesta suele estar en nuestra propia gestión del espacio. Si después de reubicarlo, elevarlo y alejarlo de interferencias sigues teniendo problemas, entonces sí, llama a tu operador y quéjate con razón. Pero en el 90% de los casos, descubrirás que tu vieja conexión tenía mucha más potencia de la que le estabas permitiendo entregar. Haz la prueba hoy mismo; tu paciencia y tu cartera te lo agradecerán.










