María Teresa Barea, portavoz del Consejo General del Notariado, ha arrojado luz sobre una de las consultas más complejas en las notarías españolas. Aunque el Código Civil protege la legítima, hoy es posible desheredar a un heredero legítimo si se acredita un abandono emocional o maltrato psicológico continuado. Esta apertura jurídica responde a una realidad social donde los vínculos familiares ya no son, por ley, inquebrantables.
La ley española, históricamente rígida, empieza a entender que el afecto no puede ser una imposición legal bajo amenaza de sanción económica tras la muerte. Hasta hace poco, privar de la legítima a un descendiente era una misión casi imposible, reservada para casos de atentado contra la vida o calumnias graves. Sin embargo, la jurisprudencia reciente del Tribunal Supremo ha equiparado el maltrato psicológico y el abandono a la falta de relación afectiva, permitiendo que el testador decida libremente sobre su patrimonio.
Este cambio de paradigma no implica que desheredar sea un proceso automático o basado en un simple enfado pasajero entre padres e hijos. Los notarios advierten que la causa de desheredación debe ser cierta y estar debidamente expresada en el testamento para evitar impugnaciones futuras. El proceso es delicado, ya que, si el heredero desheredado niega la causa, serán los otros herederos quienes deban probar ante un juez que ese maltrato o abandono existió realmente.
La legítima bajo sospecha: ¿Es hora de cambiar el Código Civil?
El debate sobre la libertad de testar está más vivo que nunca en los despachos jurídicos de Madrid y Barcelona. Muchos ciudadanos consideran que el sistema de legítimas es arcaico y no se ajusta a las estructuras familiares del siglo XXI, donde la convivencia no siempre garantiza el cuidado. La figura del «heredero forzoso» se percibe ahora como una carga que obliga a premiar económicamente a hijos que, en ocasiones, llevan décadas sin mostrar interés por sus progenitores.
Por su parte, los defensores de la legítima argumentan que este sistema protege la cohesión familiar y evita que personas vulnerables queden desamparadas por decisiones arbitrarias. Aun así, los notarios insisten en que la voluntad del testador debe prevalecer siempre que existan pruebas de un daño moral significativo. Es una línea delgada entre la libertad individual y el deber de protección que el Estado impone sobre el patrimonio acumulado durante una vida entera.
El maltrato psicológico como llave para cerrar el testamento
Para que un juez valide la decisión de desheredar, el maltrato psicológico debe entenderse como un menosprecio injustificado que cause un sufrimiento moral evidente. No basta con llevarse mal; es necesario demostrar que ha existido una ausencia total de relación imputable exclusivamente al hijo o descendiente. Esta interpretación flexible de la ley permite que los ancianos que mueren en soledad no se vean obligados a legar sus bienes a quien les ignoró en sus peores momentos.
La carga de la prueba es el mayor obstáculo al que se enfrentan las familias que deciden dar este paso tan drástico. Es fundamental dejar constancia de intentos de contacto fallidos o informes médicos que acrediten el estado depresivo del testador a causa del abandono. Sin este blindaje documental, el testamento corre el riesgo de ser anulado en la parte de la legítima, obligando a un reparto que el fallecido quiso evitar a toda costa.
¿Qué pasa con los nietos cuando se deshereda a un hijo?
Una de las grandes sorpresas para quienes acuden a la notaría es descubrir que el castigo no siempre salta de generación. La ley establece que la parte de la legítima del desheredado pasa automáticamente a sus propios hijos, es decir, a los nietos del testador. Este derecho de representación asegura que los descendientes no paguen por las faltas de sus padres, a menos que ellos también hayan incurrido en causas legales de desheredación.
Este mecanismo sucesorio a menudo genera conflictos adicionales, ya que el testador suele querer que sus bienes vayan a otra parte, como una ONG o un amigo cercano. Para evitar que el patrimonio regrese indirectamente al hijo desheredado, se deben redactar cláusulas de sustitución muy precisas y entender bien el alcance del derecho civil común. Desheredar es, en definitiva, un movimiento de ajedrez jurídico que requiere una estrategia a largo plazo y un asesoramiento experto desde el primer minuto.
El papel del notario: mucho más que un testigo de firmas
La intervención de profesionales como María Teresa Barea es crucial para que el testamento no sea papel mojado en el futuro. El notario tiene la obligación de asesorar sobre la legalidad de las causas y redactar el documento de forma que sea difícilmente atacable en los tribunales. No se trata solo de cumplir un deseo, sino de asegurar que la última voluntad del fallecido se respete con todas las garantías jurídicas posibles frente a reclamaciones de terceros.
Muchos testadores salen de la notaría con una sensación de alivio tras haber «hecho justicia» con su patrimonio. Es un acto de soberanía personal que permite que el esfuerzo de una vida de trabajo no acabe en manos de quien no supo valorar el vínculo afectivo. El notario actúa aquí como un psicólogo jurídico, escuchando dramas familiares complejos y dándoles una salida legal que equilibre el rigor de la ley con la realidad del corazón.
El futuro de las herencias en una sociedad envejecida
Con una esperanza de vida cada vez mayor, los casos de soledad no deseada y abandono de mayores van a multiplicarse en los próximos años. Esto empujará a las instituciones a reformar profundamente el Derecho de Sucesiones para dar más peso a la voluntad individual frente a los lazos de sangre. La herencia ya no se ve como un derecho de nacimiento, sino como un reconocimiento al cuidado y al respeto mutuo mantenido a lo largo del tiempo.
Mientras llega esa reforma global, las herramientas actuales permiten margen de maniobra a quienes se sienten defraudados por sus herederos legítimos. Es vital que los ciudadanos conozcan que la ley ya permite castigar el abandono, siempre que se haga con cabeza y siguiendo los cauces legales establecidos. El testamento es el último mensaje que dejamos al mundo, y gracias a estos cambios, ese mensaje puede ser mucho más honesto y acorde a la vida que realmente vivimos.








