lunes, 26 enero 2026

Dani Sanchez-Crespo, profesor y comunicador: “El debate sobre niños y móviles no es una cuestión de edad, sino de madurez y responsabilidad”

Para Dani Sanchez-Crespo, el debate sobre niños y móviles no pasa por la edad, sino por la madurez. Defiende un uso progresivo, con normas claras y supervisión adulta, frente al alarmismo o la dejadez parental.

El debate sobre niños y tecnología vuelve una y otra vez a las mesas familiares. Especialmente cuando aparece el primer móvil, surgen dudas, miedos y posturas enfrentadas. ¿Es pronto?, ¿es necesario?, ¿es peligroso? Para Dani Sanchez-Crespo, profesor, tecnólogo y divulgador, la pregunta no es cuándo, sino cómo.

Con la experiencia de haber educado a dos hijas en plena era digital, Sanchez-Crespo propone una mirada alejada del alarmismo y también del laissez-faire. El móvil, sostiene, no es el problema en sí. El verdadero desafío está en el uso, las normas y la responsabilidad que los adultos estén dispuestos a asumir.

Publicidad

Autonomía, aprendizaje y el lado útil del móvil

Autonomía, aprendizaje y el lado útil del móvil
Fuente Freepik.

Para Sanchez-Crespo, un móvil bien gestionado es, ante todo, una herramienta de autonomía. No un juguete ni un premio, sino un instrumento que permite a los niños ganar independencia de forma gradual. Poder llamar si se desorientan, usar mapas para ubicarse o coordinar horarios con la familia son ejemplos simples, pero relevantes.

Ese pequeño margen de libertad es parte natural del crecimiento. A medida que los hijos empiezan a moverse solos por su entorno, el móvil puede convertirse en un aliado. También en el aprendizaje. Acceder a información, consultar dudas puntuales o profundizar en aficiones personales forma parte de un uso sano y productivo de la tecnología.

Sanchez-Crespo destaca además el valor del móvil como apoyo a la socialización funcional. No se trata de aislamiento, sino de coordinación. Trabajos escolares, actividades compartidas o simples mensajes organizativos con compañeros de clase muestran una cara cotidiana y positiva del dispositivo.

El problema aparece cuando se confunde el contenedor con el contenido. “El móvil es una caja”, resume. Llamar, escribir o consultar información no es dañino. El riesgo surge con determinadas aplicaciones, diseñadas para captar atención, generar dependencia o exponer a los menores a dinámicas que no están preparados para gestionar.

Normas claras: el papel irrenunciable de los padres

YouTube video

Frente a los riesgos evidentes —adicción, contenido inapropiado o conflictos emocionales—, Sanchez-Crespo no propone prohibiciones absolutas. Su planteamiento es más exigente: normas firmes y coherentes. Para él, el móvil debe ganarse, no entregarse por presión social ni por edad administrativa.

La madurez se demuestra en lo cotidiano. Saber aceptar un no, cumplir rutinas o gestionar frustraciones son señales claras. Un niño que no controla impulsos tampoco podrá controlar un móvil. Por eso, la decisión no depende del calendario, sino del comportamiento.

Las reglas que plantea son simples, pero inflexibles. La primera es el control del tiempo y la obediencia inmediata: cuando un adulto pide apagar el móvil, se apaga sin negociación. La segunda es el control del contenido: nada se instala sin autorización parental. La tercera es clara y polémica: redes sociales, no. Al menos hasta la mayoría de edad.

El cuarto pilar es la supervisión. El móvil no es un espacio privado en la infancia. Los padres deben poder revisarlo cuando lo consideren necesario. No como vigilancia constante, sino como respaldo ante cualquier señal de alerta.

En este punto, Dani Sanchez-Crespo lanza una advertencia incómoda: muchos padres han renunciado a su rol por miedo al conflicto. “No somos amigos de nuestros hijos”, insiste. Educar implica frustrar a veces, sostener límites y aceptar que decir no también es cuidar.

La experiencia personal refuerza su argumento. Relata el caso de una niña perdida en la calle, incapaz de contactar con su madre por no tener móvil. Una situación sencilla que se convirtió en angustia innecesaria. Para él, la tecnología bien utilizada reduce riesgos y aporta seguridad.

El problema, insiste, no es el móvil, sino el abandono adulto. Soltar control es fácil; recuperarlo, casi imposible. Por eso defiende una introducción progresiva, con normas claras que se flexibilizan con el tiempo. Como aprender a ir en bicicleta: primero con apoyo, luego sin manos.


Publicidad