
Cuando Laura Sánchez se dio de alta como autónoma con 39 años, pensó que lo más difícil sería encontrar clientes. Sin embargo, con el paso de los meses descubrió que los mayores problemas no siempre vienen del trabajo, sino de pequeños errores administrativos y decisiones mal tomadas que acaban pasando factura. “Nadie te explica bien qué no debes hacer. Aprendes a base de sustos”, reconoce.
Como Laura, miles de trabajadores por cuenta propia cometen los mismos fallos una y otra vez. Errores que pueden evitarse con información básica y algo de planificación. Estos son los más habituales y, lo más importante, cómo esquivarlos.
No elegir bien la base de cotización
Uno de los fallos más comunes es escoger la base mínima de cotización sin pensar en el futuro. Javier Molina, autónomo del sector audiovisual, lo hizo durante años: “Pagaba lo mínimo para ahorrar, pero no pensaba en bajas, paro o jubilación”.
Con el nuevo sistema de cotización por ingresos reales, este error sigue siendo frecuente. Cotizar por debajo de lo que corresponde puede traducirse en prestaciones muy bajas en caso de enfermedad, maternidad o cese de actividad.
Cómo evitarlo:
Revisar periódicamente los ingresos y ajustar la base cuando sea necesario. No se trata de pagar de más, sino de protegerse ante imprevistos.
Mezclar cuentas personales y profesionales
Otro clásico. Laura utilizaba su cuenta personal para cobrar facturas, pagar proveedores y hacer gastos privados. “Era un caos cuando llegaba el trimestre”, admite.
Mezclar dinero personal y profesional dificulta la contabilidad y puede generar problemas en caso de inspección. Además, hace casi imposible saber si el negocio es realmente rentable.
Cómo evitarlo:
Abrir una cuenta bancaria exclusiva para la actividad profesional desde el primer día. Es una medida sencilla que ahorra tiempo, errores y dolores de cabeza.
No guardar facturas correctamente
Muchos autónomos creen que basta con tener las facturas “por ahí”. Error. Carlos Herrera, diseñador gráfico de 45 años, lo aprendió tarde: “Perdí deducciones porque no tenía facturas bien archivadas”.
La Agencia Tributaria exige conservar facturas durante varios años, tanto emitidas como recibidas. Sin ellas, no hay deducción posible.
Cómo evitarlo:
Digitalizar todas las facturas y usar programas de facturación o carpetas organizadas por trimestres. La constancia es clave.
Olvidarse de los impuestos trimestrales
Uno de los golpes más duros para los nuevos autónomos es el primer trimestre fiscal. Marta Gómez lo recuerda bien: “No había guardado dinero para el IVA y el IRPF y me pilló totalmente desprevenida”.
No reservar una parte de los ingresos para impuestos es uno de los errores más peligrosos. El dinero que entra no es todo tuyo.
Cómo evitarlo:
Separar cada mes un porcentaje fijo para impuestos, aunque no sepas la cifra exacta. Así, cuando llegue el trimestre, el impacto será mucho menor.
No pedir ayudas por desconocimiento
Muchos autónomos no solicitan ayudas simplemente porque no saben que existen. Bonificaciones, subvenciones, reducciones de cuota o prestaciones compatibles con la actividad pasan desapercibidas.
Javier lo resume así: “Pensaba que no tenía derecho a nada, y luego descubrí que había perdido ayudas por no informarme”.
Cómo evitarlo:
Consultar periódicamente las ayudas disponibles a nivel estatal, autonómico y local. También es recomendable preguntar a un asesor o informarse en organismos públicos.
Darse de alta sin planificar gastos reales
Otro error frecuente es subestimar los gastos iniciales. Laura pensaba que con pagar la cuota de autónomos sería suficiente, pero pronto llegaron seguros, gestoría, herramientas y licencias.
La falta de previsión puede hacer que el negocio sea insostenible desde el inicio.
Cómo evitarlo:
Hacer una lista realista de todos los gastos fijos y variables antes de darse de alta. Mejor llevarse una sorpresa positiva que una negativa.

No contar con asesoramiento profesional
Muchos autónomos intentan hacerlo todo solos para ahorrar. Carlos reconoce que fue un error: “Lo barato me salió caro. Pagué sanciones que podría haber evitado”.
Un asesor no solo presenta impuestos, también previene errores y optimiza la fiscalidad.
Cómo evitarlo:
Valorar el asesoramiento como una inversión, no como un gasto. Incluso una consulta puntual puede evitar problemas futuros.
Pensar que “ya se aprenderá sobre la marcha”
Quizá el error más peligroso de todos. Empezar sin informarse, confiando en improvisar, suele acabar en multas, estrés y pérdida de dinero.
Laura lo tiene claro ahora: “Ser autónoma no es solo trabajar, es saber gestionar”.
La clave: información y previsión
Ser autónomo implica libertad, pero también responsabilidad. La mayoría de errores no se deben a mala fe, sino a desconocimiento. Informarse, planificar y pedir ayuda cuando hace falta marca la diferencia entre sobrevivir o avanzar con seguridad.







