Casi cuatro años después de la llegada de José Pablo López al núcleo duro de RTVE, el balance de su etapa —que firmó como director de Contenidos en abril de 2022 y ejerce como presidente desde noviembre de 2024— es tan incontestable en los datos como controvertido en lo político.
El llamado ‘josepablismo’ ha convertido la radiotelevisión pública en un actor central del ecosistema audiovisual español, con una recuperación de audiencias impensable en 2022, pero también con un evidente sesgo gubernamental.
LA 1 SUBE SU AUDIENCIA UN 45%
Febrero de 2022 marcó uno de los momentos más bajos de la historia de La 1. Con un 8,4% de cuota, el canal firmó su peor dato histórico, cayendo cinco décimas respecto a enero y dos puntos frente al año anterior. Antena 3 dominaba con holgura (14,4%) y Telecinco aún resistía (13,5%). RTVE parecía atrapada en una espiral de irrelevancia.
El contraste con diciembre de 2025 es brutal. La 1 cerró el mes con un 12,2%, su mejor diciembre desde 2011 si se excluye el efecto extraordinario del Mundial de Catar en 2022. Tres meses consecutivos rozando el liderazgo, algo que no ocurría desde 2012, y un hito simbólico: superar el 10% en todos los meses de un año natural.

Antena 3 sigue liderando —cuarto año consecutivo—, pero ya no con la comodidad de antaño. El cambio no está en la caída del líder, que sigue muy sólido, sino en el resurgir de la cadena pública. Aquí aparece una de las grandes preguntas del periodo. ¿Debe una corporación pública competir por la audiencia como si fuera una privada?
Sea como fuere, RTVE ha visto crecer su presupuesto en un contexto donde las cadenas comerciales sufren la caída del consumo televisivo y de la inversión publicitaria. López ha defendido que sin audiencia no hay influencia ni legitimidad social. Sus críticos responden que esa carrera ha llevado a mimetizar vicios del sector privado y a justificar decisiones editoriales discutibles bajo el paraguas del éxito.
LO MEJOR: AUTOESTIMA Y BUENOS FORMATOS
En el haber del ‘josepablismo’ hay logros claros. La subida de audiencia de La 1 ha devuelto autoestima a una casa acostumbrada al complejo de inferioridad. RTVE vuelve a percibirse como motor industrial del audiovisual español en un contexto especialmente complicado para los medios clásicos.
López ha demostrado olfato para programar. El éxito de ‘La Promesa’, que fue encargado por Pérez Tornero antes de la llegada del que fue su número dos, también puede atribuírsele al segundo por su formato. A ello se suma la implementación de una agenda claramente monclovita con su agenda de tertulias.
En ese contexto, no todo es partidismo sino que hay asuntos que aúnan servicio público, calidad y dignidad: ‘La Revuelta’; sacar a RTVE de Eurovisión por el genocidio perpetrado por Israel en Palestina; la creación de La 2 Cat, que es una apuesta obligada políticamente por Junts per Catalunya pero relevante en términos favorables a otras lenguas oficiales en el Estado; abrir las puertas de la casa a voces cercanas a Podemos, tradicionalmente vetadas o machacadas por los grandes grupos privados; o el relanzamiento de La 2 con ‘Cifras y letras’ como uno de sus estandartes.
La agenda editorial —igualdad, lucha contra el cambio climático, defensa del colectivo LGTBIQ+ o enfoque antirracista— conecta el servicio público en un contexto global marcado por el auge de la ultraderecha.
Su alianza con comunicadores progresistas sería celebrada sin matices si se tratara de una televisión privada. El problema es que RTVE no lo es, y Pedro Sánchez prometió en 2018 despolitizar la corporación.
También hay grandes ideas en fase de prueba cuyo recorrido está por ver: ‘La casa de la música’, para cerrar el desierto de la música en directo en La 1, o ‘Crossobar’, una apuesta por el sketch cómico que busca renovar el humor televisivo.
LO PEOR: SESGO Y FAVORITISMO
El reverso es incómodo. El sesgo gubernamental es evidente. Pese a su discurso de pluralidad, López ha implementado una agenda claramente contrerasista —alineada con José Miguel Contreras, principal asesor mediático de Sánchez—.
A ello se suma la elección sectaria de productoras, con un favoritismo hacia Mediapro difícil de disimular: decenas de formatos acumulados y rescates implícitos desde el Gobierno cuando los resultados económicos de la productora no acompañaban. El Ejecutivo quiere equilibrar un ecosistema mediático español mayoritariamente conservador, especialmente en el ‘Madrid DF’ de Isabel Díaz Ayuso.
El problema es el instrumento elegido. Hacerlo desde la televisión pública no parece lo más deseable, aunque el PP hiciera lo mismo en el pasado en RTVE y lo siga haciendo en autonómicas como Telemadrid, Canal Sur o TVG. El mayor fracaso creativo de esta etapa ha sido la llamada agenda rosa. ‘La familia de la tele’, heredera del universo ‘Sálvame’, ha sido su principal patinazo.
ASÍ LLEGÓ JP A LA PRESIDENCIA
La llegada de López no fue lineal. En abril de 2022, Moncloa desconfiaba del entonces presidente José Manuel Pérez Tornero, acusado de jugar a doble baraja ideológica en un consejo dividido entre PSOE y PP.
La solución fue José Pablo López, abogado formado en el despacho Écija —cercano a Globomedia al ser propiedad de Hugo Écija, hermano de Daniel Écija— que dio el salto de la asesoría jurídica de La Sexta, fundada por la productora, a los contenidos, convirtiéndose en adjunto al consejero delegado José Miguel Contreras.
Su biografía es paradójica: pasó por la antaño socialista La Sexta, fundó Trece —ligada a la Conferencia Episcopal y al PP— y fue hombre fuerte de Telemadrid con el apoyo de Ciudadanos. Jugó contra el PP hasta que la mayoría absoluta de Ayuso en 2021 le dejó fuera. RTVE lo rescato con la intención de orientar al presidente José Manuel Pérez Tornero, que jugó a dos barajas entre PSOE y PP a enfadar a La Moncloa.
Tras la dimisión de Pérez Tornero, Elena Sánchez asumió interinamente con una visión socialista clásica de la casa. El choque fue inevitable. En marzo de 2024 ambos fueron cesados tras echar un pulso por David Broncano, pero López regresó en noviembre de ese año con más poder que nunca tras un decreto que instauró un modelo presidencialista en RTVE.
Desde entonces, con plenos poderes al frente de un consejo desdibujado, silente y muy bien pagado, impuso su doble agenda: política —con exitosa tertulias como ‘Mañaneros 360’, ‘Malas Lenguas’ o ‘Directo al grano’— y rosa, con los realities plagados de famosos que cocinan, decoran o viajan en prime time.
Cuatro años después, el ‘josepablismo’, que es la fórmula que necesita Telecinco si priorizase las audiencias, deja una RTVE más vista, más influyente y más polémica. El éxito de audiencia es real. La pregunta es si el precio pagado en independencia también lo es.







