Las hormonas son como una brújula interna: cuando se desequilibran, todo el cuerpo lo nota. Durante años, a muchas mujeres se nos ha repetido lo mismo una y otra vez: que el cuerpo “acumula toxinas”, que hay que depurarse, que quizá un zumo verde, un batido raro o una dieta milagrosa puedan “resetearnos”.
Y claro… una acaba creyéndolo.
Pero Marta León, dietista integrativa y especialista en Psiconeuroinmunología (PNI), lanza un mensaje que suena casi como un suspiro de alivio: el cuerpo femenino ya sabe limpiarse solo.
Su enfoque parte de una idea sencilla, pero poderosa: las mujeres no somos lineales, somos cíclicas. Y entender ese ciclo cambia la forma en la que vivimos la energía, la fertilidad… y también la llegada de la menopausia.
Porque quizá no se trata de luchar contra el cuerpo, sino de aprender a escucharlo.
La menstruación: un “detox” natural que ya ocurre sin esfuerzo

Marta habla de algo que, sinceramente, debería repetirse más.
La obsesión moderna por los productos “detox” es, en gran parte, innecesaria. Porque el organismo femenino tiene un mecanismo natural de autorregulación que funciona mes tras mes: la menstruación.
“La sangre menstrual es otra manera de eliminar tóxicos”, explica.
Y lo curioso es que no es solo sangre. Contiene células madre, restos de sustancias que el cuerpo decide expulsar… como si hiciera limpieza interna sin que tengamos que hacer nada especial.
Sin suplementos. Sin moda Instagram. Sin castigos alimentarios.
En otras palabras: el cuerpo femenino no necesita ser “arreglado” cada mes.
Ya está trabajando.
Hormonas que no solo regulan el ciclo… también regulan tu mente

Aquí viene una de las partes más fascinantes.
Las hormonas no viven solo en el aparato reproductor. Influyen en el cerebro, en el descanso, en la fuerza, incluso en cómo hablamos o pensamos.
El ciclo menstrual se divide en cuatro fases —menstrual, folicular, ovulatoria y lútea— y cada una tiene su propia “danza interna”.
Los estrógenos, por ejemplo, son casi como una chispa: se asocian con energía, vitalidad y claridad mental.
Hay momentos del ciclo en los que una se siente más elocuente, más fuerte… más “encendida”.
Y luego llega la progesterona, la calma.
“La progesterona es la hormona zen”, dice Marta.
Cuando está en buenos niveles, dormimos mejor, descansamos más, y aparece esa sensación de serenidad interna que muchas veces ni sabíamos que necesitábamos.
Es biología, sí. Pero también es humanidad.
El intestino también opina: el estroboloma como “segunda voz hormonal”

Este concepto es casi revolucionario.
Marta habla del estroboloma, un grupo de bacterias intestinales capaces de decidir qué hacer con los estrógenos: reciclarlos o eliminarlos.
Es como si el intestino tuviera voto en el equilibrio hormonal.
“El estroboloma es esa segunda opinión”, explica.
Y esto conecta con algo muy claro: cuidar la microbiota es cuidar tus hormonas, aunque no lo veas.
A veces pensamos que todo está en los ovarios, pero el cuerpo siempre es un sistema completo (y un poco misterioso también).
Entrenar para estar fuertes, no para ocupar menos espacio

Otro cambio cultural enorme que Marta subraya es este:
Durante décadas, muchas mujeres iban al gimnasio con un objetivo casi único: adelgazar.
Ahora algo está cambiando.
Entrenamos para estar fuertes.
Y no es solo un cambio estético. Es metabólico. Es hormonal. Es salud futura.
Marta recuerda que los músculos no solo sirven para moverse: son órganos endocrinos, ayudan a regular hormonas, metabolismo y densidad ósea.
“La masa muscular es la clave”, insiste.
Especialmente en la menopausia, donde preservar fuerza es preservar calidad de vida.








