Marly Kuenerz, terapeuta y experta en inconsciente y mente humana, lleva más de cuatro décadas trabajando con personas que sienten que algo esencial se les escapa. Su tesis es que la libertad no es un concepto abstracto ni una meta romántica, sino una experiencia concreta que se vive en el cuerpo, en la atención y en la forma de habitar el presente. En un contexto de ruido constante, tecnología invasiva y mentes dispersas, su mensaje conecta con una inquietud cada vez más extendida.
¿Por qué tantas personas tienen la sensación de ir “en automático”? ¿Qué relación existe entre conciencia corporal, libertad y bienestar real? Kuenerz ofrece respuestas que combinan psicología profunda, observación clínica y una idea interesante: la mayoría vive lejos de su propia frecuencia.
Estar presente: cuando el cuerpo revela lo que la mente oculta
“Cuando eres consciente de lo que ocurre en tu cuerpo, es cuando estás verdaderamente presente”. Esta afirmación resume uno de los pilares del trabajo de Marly Kuenerz. Para ella, la mente racional no siempre dice la verdad completa. El cuerpo, en cambio, no miente: somatiza tensiones, dolores y bloqueos cuando falta libertad interna.
La experta recuerda un dato contundente: distintos estudios estiman que más del 50% del día la mente divaga. Y una mente que divaga, sostiene Kuenerz, no es una mente feliz. La dispersión constante —entre pasado y futuro— desconecta a la persona del aquí y ahora, el único espacio donde existe la experiencia real de libertad.
En su enfoque, el cuerpo actúa como un sistema de alerta temprana. Dolencias recurrentes, fatiga persistente o ansiedad corporal no son fallos aislados, sino mensajes que piden atención. Ignorarlos refuerza el piloto automático; escucharlos abre la puerta a recuperar margen de elección y, con ello, mayor libertad personal.
Kuenerz trabaja con el concepto de la atención. Aquello que se enfoca entra en la conciencia; lo que no se enfoca, sencillamente, no existe para la persona. Esta idea tiene implicaciones prácticas inmediatas: enfocar solo en problemas amplifica el malestar; enfocar en soluciones orienta la energía hacia el cambio y enfocar en el cuerpo devuelve presencia y libertad de respuesta. No se trata de positivismo ingenuo, sino de entender cómo funciona la mente humana cuando deja de estar fragmentada.
El adulto y el niño: la libertad como equilibrio interior

Uno de los aportes más reconocibles de Marly Kuenerz es su trabajo con símbolos internos. Según explica, dentro de cada persona conviven dos figuras fundamentales: el adulto y el niño. El adulto representa la razón, la experiencia y la estructura; el niño, la emoción, la creatividad y la libertad espontánea.
El problema aparece cuando ese vínculo se rompe. Muchas personas viven dominadas por un adulto rígido, normativo y agotado, que ha relegado al niño interior a un segundo plano. El resultado es una vida funcional, pero empobrecida, donde la libertad se confunde con irresponsabilidad o se percibe como un lujo inalcanzable.
Kuenerz propone lo contrario: integrar al niño sano —no al herido— dentro de un adulto consciente. Ese niño es el que se asombra, el que explora, el que disfruta sin culpa. Y solo aparece cuando la persona está plenamente presente. Ni en la nostalgia del pasado ni en la ansiedad del futuro.
En este punto, introduce su definición de éxito, que se aleja de los estándares habituales: el éxito es encontrar tu frecuencia y vivir en ella. No acumular logros externos, sino actuar desde un lugar interno coherente, donde pensamiento, emoción y acción no se contradicen. Cuando eso ocurre, sostiene, la libertad deja de ser un ideal y se convierte en una experiencia cotidiana.
El miedo juega aquí un papel central. Para Kuenerz, no es un enemigo, sino un aviso: señala vacíos de experiencia. El miedo subjetivo —heredado del pasado— limita; el miedo consciente informa. Aprender a distinguirlos amplía el margen de acción y, de nuevo, la libertad personal.









