Hay algo que el Dr. Jorge Gutiérrez repite una y otra vez, y que, sinceramente, te hace parar un segundo. Porque en medio de tanto “fitness”, tanta rutina viral y tanto consejo rápido… se nos olvida lo más básico: el cuerpo no está diseñado para estar cómodo, está diseñado para sobrevivir.
Jorge, doctor en Ciencias del Deporte y experto en fisiología del ejercicio, lleva años explicando el entrenamiento desde un lugar diferente. Más profundo. Más humano. Mezcla ciencia, experiencia deportiva y una mirada casi filosófica.
Y su frase, de esas que se quedan dando vueltas, es contundente: “Aceptar que no estamos hechos para ser felices, sino que estamos hechos para sobrevivir.”
No lo dice para desanimar. Al contrario. Lo dice para recordarnos que todo lo que sentimos —fatiga, adaptación, energía— tiene un sentido biológico. No somos un fallo. Somos un sistema.
Tres motores energéticos: el cuerpo siempre tiene un plan

Una de las cosas más interesantes de Jorge es cómo explica la energía sin complicarla, casi como si te estuviera contando el manual secreto del cuerpo.
Todo lo que hacemos —correr, levantar peso, pensar, vivir— depende de una moneda común: el ATP.
Y para producirlo, el organismo usa tres motores diferentes, como si tuviera planes alternativos según la situación.
El primero es el sistema de fosfágenos, el motor turbo. Es explosivo, rapidísimo… pero dura muy poco. Apenas 10 o 15 segundos. Es ese sprint corto, ese salto, ese esfuerzo máximo.
El segundo es la glucólisis citosólica, el motor intermedio. Aquí entran los carbohidratos, aparece el lactato y esa sensación de quemazón típica del entrenamiento duro. Es el motor de los esfuerzos intensos de uno o dos minutos.
Y el tercero es el sistema oxidativo, el gran motor diésel. Más lento, pero resistente. Funciona en la mitocondria y permite sostener energía durante mucho tiempo utilizando grasas, carbohidratos e incluso proteínas.
Entender esto cambia por completo la forma de entrenar. Porque no todo esfuerzo se alimenta igual, y el cuerpo siempre está eligiendo la estrategia más inteligente.
La fatiga no es debilidad: es protección

Aquí viene una idea que a mí me parece casi liberadora.
Para Jorge, la fatiga no es simplemente “me quedo sin gasolina”. No es falta de fuerza. No es fracaso.
La fatiga es un mecanismo de defensa.
El cerebro actúa como un gobernador central, un vigilante interno que analiza señales constantemente: temperatura, daño muscular, energía disponible, riesgo…
Y cuando interpreta que el esfuerzo puede comprometer la supervivencia, lanza una sensación desagradable para obligarte a parar.
Como él mismo dice: “La fatiga, de manera indirecta, es un método de protección de nuestro organismo.”
No es un fallo. Es un freno evolutivo. Un recordatorio de que el cuerpo siempre está tratando de cuidarte, aunque a veces lo haga de forma incómoda.
Entrenar es hormesis: la dosis justa de estrés

Jorge explica algo que suena casi obvio, pero que olvidamos: el cuerpo mejora porque se adapta.
Y esa adaptación se basa en dos ideas clave.
La hormesis: ese estrés justo que te hace más fuerte, sin romperte.
La alostasis: el nuevo equilibrio que aparece después del descanso.
En sus palabras, con esa claridad casi brutal:
“Si tú hoy me haces esto, yo me voy a preparar, porque si me haces lo mismo mañana, quiero estar preparado.”
El cuerpo escucha. Aprende. Se reorganiza. Y lo hace siempre desde esa lógica biológica: sobrevivir mejor.
Nutrición, suplementos… y el mito de que todo es magia
Otro tema que Jorge desmonta con bastante honestidad es el eterno debate grasa vs carbohidratos.
Sí, tenemos enormes reservas de grasa —hasta 49.000 kcal— pero el carbohidrato es escaso, unas 2.000 kcal, y es determinante cuando hablamos de alto rendimiento.
Por eso lo deja claro: “El rendimiento de alta intensidad depende del carbohidrato.”









