sábado, 24 enero 2026

Tu cámara se enciende sola: 5 señales claras de que tu móvil está infectado ahora mismo

Vivimos pegados a una pantalla que guarda nuestros secretos más oscuros y bancarios, pero rara vez nos preguntamos si somos los únicos mirando lo que hacemos. Si notas que la batería vuela sin motivo o que aparecen fotos en la galería que no has hecho, no es brujería ni obsolescencia programada: es muy probable que alguien haya abierto una puerta trasera en tu vida digital sin pedir permiso y esté operando desde las sombras.

Miras tu móvil sobre la mesa y, de repente, la pantalla se ilumina sin que llegue ninguna notificación, como si el aparato tuviera vida propia o conciencia. Es un escalofrío sutil, pero las señales de infección suelen pasar desapercibidas entre la rutina y las prisas diarias, camufladas como simples fallos técnicos.

La mayoría de usuarios cree que los virus son cosa de ordenadores viejos o de descargar películas piratas en webs dudosas, una ingenuidad que hoy se paga carísima. Sin embargo, los ciberdelincuentes han perfeccionado sus métodos para que sus troyanos sean prácticamente invisibles al ojo inexperto, ocultándose bajo la apariencia de apps inofensivas.

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Móvil: ¿Por qué mi teléfono arde si no lo estoy usando?

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No es normal que tu terminal parezca una tostadora cuando lleva dos horas en reposo absoluto sobre la mesilla de noche, lejos de cualquier cargador. Lo cierto es que el malware consume una cantidad ingente de recursos del procesador para enviar tu información privada a servidores remotos en el extranjero. Si notas un calor injustificado en la parte trasera o que la autonomía cae en picado de un día para otro, empieza a sospechar seriamente de que algo corre por debajo.

A veces no es un espía buscando tus fotos comprometidas, sino un minero de criptomonedas que está secuestrando la potencia de tu hardware para enriquecer a un tercero. Por desgracia, el agotamiento prematuro de la batería es el síntoma más evidente —y molesto— de que hay procesos ocultos «chupando» la vida del aparato sin tu consentimiento. Y ojo, porque esto suele venir acompañado de un aumento brutal en el consumo de datos móviles que verás reflejado en tu factura mensual.

Señales físicas en tu móvil: la cámara y la pantalla cobran vida

Si ves que el indicador de privacidad —ese puntito verde o naranja en la esquina superior— se activa sin que hayas abierto Instagram o la cámara, tienes un problema grave de seguridad. De hecho, los troyanos de acceso remoto permiten activar la lente para grabarte en tu propia casa o escuchar tus conversaciones sin que te enteres de absolutamente nada. Es la violación de intimidad definitiva y ocurre mucho más de lo que nos gustaría admitir en la era del «postureo» digital.

Otras veces el dispositivo se desbloquea solo o la pantalla se enciende brevemente para luego apagarse, intentando ocultar una actividad ilícita o una transferencia de datos. Aunque parezca un fallo técnico del panel táctil, estos comportamientos erráticos suelen indicar control remoto por parte de un atacante que está trasteando con tus ajustes de seguridad. Si ves pantallazos en tu galería que tú no has hecho, o menús que se despliegan solos, apaga el terminal y vámonos, porque el intruso está dentro.

Mensajes fantasma y el teclado que te traiciona

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Revisa tu bandeja de salida o tus aplicaciones de mensajería ahora mismo, porque una de las estafas más clásicas consiste en enviar SMS a números de tarificación especial desde tu número. Resulta que los delincuentes utilizan tu línea para estafar a tus contactos o suscribirte a servicios premium absurdos que te drenan el saldo poco a poco. Si tus amigos te preguntan extrañados por qué les mandas enlaces raros o archivos comprimidos, no pongas excusas tontas: estás infectado y eres el vector de contagio.

Peor aún es cuando el retraso al escribir no se debe a la falta de memoria RAM, sino a un keylogger registrando cada pulsación que haces sobre el cristal. Básicamente, todo lo que tecleas se envía a un servidor, incluidas tus contraseñas bancarias, tus correos confidenciales y los mensajes privados a tu pareja. Esa lentitud exasperante al escribir en WhatsApp podría ser el chivato silencioso de que hay un algoritmo leyendo por encima de tu hombro cada palabra que redactas.

Historiales corruptos y la prueba del algodón

Navegar se convierte en un infierno cuando cada dos clics te salta una ventana emergente de publicidad invasiva, apuestas deportivas o supuestas alertas de seguridad. Ocurre que el adware secuestra el navegador para redirigirte a sitios maliciosos que intentan colarte aún más basura digital o robarte las credenciales de sesión. Si en tu historial aparecen páginas rusas, de adultos o de compras que jamás has visitado, no culpes al gato ni a un toque accidental en el bolsillo.

Ante la duda, no te fíes de tu intuición y pasa una herramienta de análisis seria como Malwarebytes para salir de dudas inmediatamente y limpiar la suciedad. Y recuerda que el mejor antivirus es el sentido común a la hora de descargar aplicaciones fuera de las tiendas oficiales, pues ahí reside la madre de todas las infecciones. Formatear de fábrica suele ser la única salida real y dolorosa cuando el parásito ya se ha atrincherado en la raíz del sistema operativo.


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